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EL LIBRO DE LA SABIDURÍA |
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PROLEGÓMENOS
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INTRODUCCIÓN
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Características
generales
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Contenido
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El libro en
el NT y en la Tradición
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Características
literarias
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Estructura del Libro de la Sabiduría
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COMENTARIO EXEGÉTICO:
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EL PASO DEFINITIVO: LA VIDA EN DIOS
TRAS LA MUERTE DEL JUSTO Vimos al estudiar los Libros Proféticos
como en Daniel
12,2 se expresó ya de un modo
explícito y claro la fe en una retribución tras la muerte, y esta fe estaba
en Daniel unida a la fe en la resurrección de los muertos, ya que la
mentalidad hebrea no concibe una vida del espíritu separado de la carne. En
el judaísmo alejandrino, el progreso se realizará por camino paralelo y
avanzará aún más. El libro de la Sabiduría llegará a afirmar que Dios creó
al hombre incorruptible (2,23) y que
el alma fiel gozará tras la muerte
de una felicidad sin fin junto a Dios, mientras que los impíos recibirán su
castigo (3,1-12). Al fin se ha dado la respuesta al gran problema
de la retribución planteado por los
sabios de Israel. Veamos este proceso con más detalle. |
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PROLEGÓMENOS DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA
Influencia del pensamiento griego y del idioma en el que
fue escrito
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El
tratamiento filosófico adoptado en el Libro de la
Sabiduría para expresar el conocimiento de Dios a
través de las cosas creadas (13,1-9), y la
alusión a las cuatro virtudes cardinales (8,7), son ejemplos del interés
del autor por el pensamiento griego en cuanto sirve también como un
armazón lícito para expresar el contenido de a fe hebrea.
El propósito del autor al
dejarse influir por el pensamiento griego es doble:
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1) ayudar a los judíos de la diáspora a vivir su fe de
manera consecuente en el seno de una sociedad distinta a la del ámbito
palestino (ocasión
e intención);
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2) pero además se propuso una tarea misionera: comunicar la fe hebrea a
los paganos de cultura helenística. Por eso redactó la obra en griego, la
lengua internacional de aquel tiempo; de este modo abrió su obra a la
cultura universal.
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Pero fue precisamente esta apertura del Libro de la
Sabiduría a la influencia del pensamiento griego (tenido por pagano) lo
que provocó que aunque los judíos de
Alejandría lo tuvieron por libro sagrado, los judíos de Palestina
no lo aceptaran y a finales del s. I d.C. lo
excluyeran definitivamente
de sus libros inspirados.
Un
poco de historia.
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Recordemos que desde la época de Moisés varias oleadas de israelitas se
asentaron en Egipto; más adelante en el 582 a.C. (Jer 43,7) un grupo de
israelitas penetró en Egipto llevando consigo al profeta Jeremías. Las
guerras entre los reyes seléucidas y ptolomeos provocaron la llegada de
otro grupo sobre el año 312 a.C.
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Conocemos también la existencia de dos colonias judías en Egipto: una en
Elefantína, fundada a mediados del siglo VI a.C. y otra en
Leontópolis, erigida a mediados del siglo II a.C.
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La emigración judía
hacia Egipto por razones comerciales, políticas o laborales fue
considerable. De hecho en la ciudad de Alejandría
se albergó una comunidad judía
importante. Los
israelitas abandonaban Palestina llevando consigo el bagaje cultural y
religioso del judaísmo de Jerusalén. Al llegar a Egipto notaban el impacto
cultural de una civilización distinta. Veamos
con más detalle la mentalidad de los judíos
que dejaban Palestina y cómo supieron asimilar y
aprovechar la cultura egipcia para plasmar
y avanzar en la inteligencia de las verdades de la fe hebrea.
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La
experiencia religiosa adquirida por los israelitas a lo largo de los
siglos era muy profunda. Si tuviéramos que resumir en una
idea simplificadora diríamos que: Israel se sentía sostenido en las buenas manos de
Dios. Y, desde esa experiencia brotó en el corazón del pueblo una
cuestión: ¿por qué nos ama Dios de un modo tan paciente y apasionado? La
respuesta no podía ser otra: DIOS NOS AMA CON TANTA DELICADEZA PORQUE SU
DESEO ES QUE VIVAMOS PARA SIEMPRE CON ÉL.
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El
problema estaba en que no acababan de entender cómo el ser humano podía
disfrutar de una vida personal junto a Dios para siempre. Para un hebreo
la distancia entre la pequeñez humana y la santidad divina era insalvable,
demasiado grande para que pudieran encontrarse, cara a cara, Dios y el
hombre (Is 55,8-9). Se encontraban ante un gran dilema:
por un lado no se atrevían a imaginar que después de la muerte, el
hombre pudiera vivir con Dios para siempre; de otro lado, experimentaban
la certeza de que e Señor modelaba su existencia con amor apasionado, y
deducían que el hombre era alguien privilegiado en la creación. Por un
lado, la grandeza del hombre les evidenciaba el sinsentido de la
aniquilación tras la muerte (como cualquier animal) pero del otro lado la
grandeza de Dios les hacía verse pequeños e indignos de alcanzar la morada
de Dios. Por eso dedujeron la existencia del Sheol. ¿Qué es el
Sehol?
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Los israelitas que imaginaban en planeta Tierra como una superficie
plana; creían que debajo había un gran lugar que llamaban
Sehol (Dt
32,22). Cuando alguien moría lo depositaban en la tumba. El cuerpo se
descomponía, pero "lo mejor" de la persona se iba al
Sehol; "lo
mejor" del hombre era su capacidad de amar, pensar y rezar; estas
cualidades adoptaban la forma de una sombra y aguardaban en el
Sehol
la llegada del Mesías.
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Algunos sabios se rebelaron contra la solución del
Sehol, especialmente
Qohelet cuando se preguntaba: ¿de qué le sirve al hombre hacer el bien, si buenos y malos
acaban en el mismo sitio? En el trasfondo de todo esto
late la teología de la retribución y su
problemática: si durante la vida obramos el bien, la misma vida nos
recompensará con bienes y viceversa (Proverbios y Eclesiástico)
pero no siempre ocurría así (Job y Eclesiastés). Algunos sabios
poco a poco intuyeron que
la vida de justo no podía terminar en la tristeza del
Sehol, sino que
alcanzaba la morada de Dios. El justo, tras la muerte, reposaba para siempre
en las buenas manos de Dios. Pero hasta que esta intuición
que estuvo desde el principio latente en el corazón de Israel
llegara a ser revelada fue necesario un
proceso lento que podemos esquematizar en tres fases sucesivas:
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1)
En primer lugar, se tenía que disminuir la distancia entre el
hombre y Dios y esto se hizo no disminuyendo a Dios sino engrandeciendo
al hombre, teniendo una visión más positiva del hombre; así
leemos: Lo hiciste inferior a un dios, coronándolo de gloria y
esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste
bajo sus pies (Sal 8,6).
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2) La
experiencia de la oración. La oración nos convierte en amigos de
Dios. El rezo de los salmos abrió a los israelitas el camino de la
amistad con Dios. Los hombres de oración sintieron que su amistad con
Dios era tan fuerte que ni siquiera la muerte podría romperla: porque
sé que no me abandonarás en el abismo (sehol), ni dejarás a tu
fiel sufrir la corrupción (Sal 16,10). Lentamente se fue percibiendo
que Dios no abandonaba a sus amigos tras la muerte sino que les ofrece
la vida: pero revivirán tus muertos, los cadáveres se levantarán; se
despertarán jubilosos los habitantes del polvo, pues rocío de luz es tu
rocío, y los muertos resurgirán de la tierra (Is 26,19).
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3) La
experiencia del martirio. La persecución de Antíoco IV pretendía
acabar con la cultura y la religión judía (175-164 a.C.). En Macabeos es
especialmente significativo el martirio de los siete hermanos y su madre
(2 Mac 7). Mientras la tropas enfurecida martiriza a unos de los hijos,
éste grita contra el rey: criminal, tu me quitas la vida presente,
pero el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna a los que
morimos por su ley (2 Mac 7,9). El martirio se convierte así en
prenda de resurrección, de vida eterna.
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Poco a poco la creencia en la resurrección (= vida eterna) y en que el
Dios vivo era un Dios de vivos, se fue afianzando en aquellos judíos de
Palestina. Efectivamente la profunda reflexión llevada a cabo por los
sabios acerca del sentido de la vida fue evidenciando que esta no podía
terminar en el sinsentido del Sehol, sino que la vida del justo
reposa para siempre en las buenas manos de Dios.
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Fue
precisamente en Egipto (Alejandría) donde esta creencia fragua su reflexión teórica y termina por
explicitarse de un modo definitivo en la Revelación. Efectivamente los judíos alejandrinos
constituían una comunidad numerosa e influyente en
la ciudad. Toparon con la mentalidad helenística imperante en Alejandría,
pero reaccionaron positivamente:
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1) por
una parte la cultura helenística fue una ocasión privilegiada para la
difusión de la Palabra de Dios. Al ser el griego la lengua internacional
y al traducir la Biblia (LXX) al griego se posibilitó el diálogo entre
el judaísmo y las demás culturas en un sentido misionero; la Palabra de
Dios sale del mundo hebreo y se da a conocer al mundo conocido.
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2) Por
otra parte fue ocasión para profundizar en la comprensión de su fe.
Efectivamente el contacto con la cultura griega ayudó a los judíos A
EXPRESAR LA CREENCIA EN LA INMORTALIDAD.
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Para un griego, simplificando, las almas son creadas por la divinidad y se
encuentran en algún lugar donde los dioses las infunden a los cuerpos
cuando empiezan a vivir. Este proceso es continuado en una serie de
reencarnaciones pues el alma es inmortal, el que moría era el cuerpo.
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El
libro de la Sabiduría recoge de la filosofía griega la palabra
inmortalidad (1,15; 3,4; 8,13.17; 15,3), pero purificada de los
errores griegos y con un sentido nuevo: la creencia en que el justo
reposaba para siempre en las buenas manos de Dios se plasmó claramente
cuando leemos: las almas de los justos están en las manos de Dios (3,1). La
inmortalidad para un hebreo nunca significó reencarnación sino que
significada una vida tras la muerte, una vida en el regazo de Dios, una
vida entre “Dios Amigo” y los “amigos de Dios”.
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INTRODUCCIÓN
Características generales
Título
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Libro de la Sabiduría es el
título que lleva esta obra en la Vulgata; los LXX la titulan Sabiduría de
Salomón; en la actualidad se la designa con ambos nombres. La mención más
antigua de Sabiduría se encuentra en el fragmento Muratoriano (del siglo
III d.C.), donde se la cuenta entre los escritos del NT (!) bajo el nombre
de “Sabiduría, escrita por los amigos de Salomón en su honor”
Situación
Canonicidad
Autor
-
El autor del libro pretende
hacerse pasar por Salomón. Ya lo pusieron en tela de juicio Orígenes,
Eusebio, san Agustín y san Jerónimo. Por lo dicho se ve claro que se trata
más bien de un recurso literario, usual en la literatura sapiencial por otro
lado como ya hemos visto. Desgraciadamente el autor de este libro permanece
anónimo.
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Todos los esfuerzos de
identificación (Filón, Zorobabel, Apolo, Aristóbulo) han resultado
infructuosos, y lo más que podemos afirmar es que se trataba de un judío
piadoso de lengua griega, que conocía bastante bien la filosofía y cultura
griegas y que probablemente pertenecía a la comunidad alejandrina.
Antigüedad
y composición
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En evidente, por consiguiente,
que a pesar de la atribución a Salomón, Sabiduría se escribió muchos siglos
después de este rey. Ciertamente es posterior a los Profetas y a los
Escritos en la versión de los LXX (mediados del siglo II a.C.), y es
anterior a los escritos de Filón (20 a.C.-54 d.C.) y al NT, pues el autor de
Sabiduría ignora al primero, mientras que el NT ya utiliza Sabiduría (cfr. Rom 1,18-32;
Ef 6,11-17; Jn; Heb 1,2-3, etc.). Según todo esto no nos equivocaremos mucho si le
asignamos como fecha de composición la primera mitad del siglo I a.C.;
el Libro de la Sabiduría, por consiguiente, es el último libro del AT.
Idioma
original.
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El libro no figura en la Biblia
hebrea y sólo nos es conocido en griego. Si bien algunos han defendido la
existencia de un original hebreo, hoy se tiene por seguro que fue escrito
directamente en griego. Entre otros indicios, presenta un griego fluido y
libre de la violencia inevitable en una traducción; hay en el texto recursos
literarios, como aliteración, asonancia y paronomasia, que difícilmente
podría haber empleado un traductor. Además, el autor utilizó el AT en la
versión de los LXX y su obra está pensada en griego.
Lugar de
composición.
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Su origen parece tenerlo en
Egipto; probablemente Alejandría, el gran centro intelectual y científico
del mundo mediterráneo y uno de los más importantes centros de la diáspora
judía. La lengua de los LXX (Versión alejandrina del AT) y
el Libro de la Sabiduría están
estrechamente relacionados, y además bastantes ideas muestran una gran afinidad
con las de otras obras judeo-alejandrinas del mismo periodo. Otro indicio
puede ser la insistencia con que se nombra a Egipto y sus relaciones con
Israel (cc. 11-19).
Contenido
Tema
principal
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Decir que es un libro sobre la
sabiduría, la inmortalidad o la providencia no bastaría para definir
el Libro de la Sabiduría. Mas bien
es la expresión de todo cuanto un hombre que
vive en Egipto, después de muchos años de intenso estudio, ha podido ir
extrayendo, bajo la guía de Dios, de toda la literatura sagrada de su pueblo
para dar esperanza y consuelo a sus contemporáneos.
Contenido
doctrinal del libro
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Sobre
el problema de la
retribución el autor nos ofrece el primer y único ejemplo en todo el
AT donde se afirma clara y taxativamente que el destino real del hombre es
la vida futura junto a Dios. Sabiduría afirma decididamente que el
premio consiste en vivir junto a Dios, replantea el problema del sufrimiento
del justo, el valor de los hijos y de la ancianidad a la luz de esta
doctrina, y ofrece una explicación del plan de Dios con respecto al
individuo que supera a cuantas se dieron en tiempos anteriores a Cristo.
-
En
su reflexión, el autor pudo valerse de los conceptos griegos de alma y
cuerpo. Sin embargo, el proceso de su razonamiento es judío, pues llega a la
conclusión de la inmortalidad partiendo no de la naturaleza del hombre, sino
de las relaciones de éste con Dios, y su forma de describir el premio del
justo como una participación en la vida angélica (5,5) pudo formularse en el
marco de las crecientes aspiraciones de la piedad veterotestamentaria sin un
explícito conocimiento filosófico de la naturaleza inmaterial del alma
humana. Parece que así se llegó también a formular en Qumrán.
-
En la
primera sección del libro sobre la
sabiduría el autor aborda el problema del atractivo que ejercía el helenismo
y quiere demostrar a los judíos que ellos no son bárbaros, como se había
dicho, y que no tienen por qué envidiar la sabiduría de los paganos, ya que
son los judíos quienes poseen la verdadera sabiduría. No rechaza la cultura
griega, sino que se propone lograr una especie de síntesis. Parte de la
personificación de la sabiduría divina según
Prov 1;
8-9; Job 28; Eclo 24 y
la identifica con el espíritu del Señor. Afirma que la sabiduría posee
realmente las cualidades del alma del mundo de los griegos (7,22-8,1). Ella
es la que verdaderamente inicia en los misterios de Dios (8,4) y le enseña las
cuatro virtudes cardinales de Platón (8,7).
Trata de lograr una síntesis
entre los dos humanismos, el antropocéntrico de los griegos y el teocéntrico
de los hebreos. Sin embargo, en un
estilo típicamente hebreo, nos recuerda que la sabiduría enseña por encima
de todo la justicia que conduce a la inmortalidad y que la sabiduría no es
una cualidad adquirida por el hombre, sino un favor, un
don, que ha de pedirse a
Dios; no un mero ideal de la vida humana, sino el poder que capacita al
hombre para vivirla en plenitud.
-
En la segunda parte del libro,
el autor recuerda cómo actuó Dios con los justos y con los malvados en
Egipto al tiempo del éxodo. Así robustece en sus correligionarios la
confianza en Dios para el presente y la esperanza en una intervención
escatológica similar.
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A la vez, el autor idealiza el pasado, como hace
en
la tercera parte: su finalidad es triple: ilustrar por la historia el trato
diferente de los justos y los impíos, ensalzar la superioridad religiosa y
moral del judaísmo, y, en fin, mostrar que el pasado prefigura el futuro
apocalíptico.)
Innovaciones
conceptuales específicas del Libro
de la Sabiduría
-
Aparte de sus aportaciones a la
teología de la retribución y de la sabiduría que acabamos de referir arriba,
este libro introdujo en el lenguaje bíblico los términos griegos de
providencia (6,7;
14,3;
17,2), conciencia (17,10) y las
virtudes cardinales
(8,7) para expresar ideas ya corrientes en el judaísmo.
Aunque el autor no expresa
la esperanza en un Mesías personal (al parecer, pertenece a aquel sector del
judaísmo que aguardaba una intervención personal de Dios al final de los
tiempos para establecer el reino), sin embargo, es el único en todo el AT que
nos trasmite la expresión, que tanta importancia adquirirá en el NT, del
Reino de Dios (10,10). También es interesante su explicación de los
milagros
en términos de filosofía griega (19,18-21), su visión del
Éxodo como una
nueva creación (19,6-13) y sus consideraciones sobre la posibilidad de
conocer a Dios a través de la creación (13,1-9).
El libro en
el NT y en la Tradición
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La reflexión sobre la sabiduría
(especialmente de los cc. 6-9) pone las bases de la teología neotestamentaria
sobre el Verbo. Pablo y Juan se inspiran en estas páginas. Compárense Sab
7,26 con Col 1,15; Sab 7,26 con Heb 1,3; Sab 8,3 y 9,4 con Jn 1,1.8; Sab
7,21; 8,6; 9,1.9. con Jn 1,3.10; Sab 8,4; 9,9; 10,11.17 con Jn 5,20;
Sab 7,23; 11,24.26 con Jn
3,16-17 y Sab 7,28 con Jn 14,23; 16,27.
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En el NT Juan aplicará a Cristo
muchas categorías del Éxodo, continuando libremente el camino abierto por
Sabiduría en sus cc. 10-19.
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Muchas páginas de este libro
han recibido una interpretación nueva y libre dentro de la tradición
cristiana:
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así ha ocurrido para la serpiente de bronce del desierto (16,7)
que el autor presenta ya como símbolo de salvación y que se convertir á para Jn 3,14-17 en Cristo alzado en la cruz, signo de la salvación definitiva;
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igualmente se hace con el maná, al que
Sabiduría llama pan de los ángeles y
presenta ya como símbolo de la palabra de Dios (16,20-21; cf. Sal 78,25), y
que la tradición cristiana aplicará a la eucaristía;
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la personificación de
la palabra de Dios como guerrero inexorable que blande como espada aguda el
irrevocable decreto divino (18,14-16) se ha transformado
en la celebración litúrgica cristiana de la entrada del Verbo en el mundo
por el Nacimiento.
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Como ya
indicamos es el único en todo el AT que nos trasmite la expresión
Reino de Dios (10,10), que tanta importancia adquirirá en el NT.
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Como hemos dicho en Sab 13,6-9
se formula por primera vez en el AT la posibilidad del conocimiento natural de Dios a
través de la creación, posibilidad afirmada también por Rm 1,19-32 y
formalizada por el concilio Vaticano I.
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Características literarias
Género literario y técnicas
empleadas
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Desde el punto de vista de su
contenido, el libro pertenece a la literatura sapiencial y puede
clasificarse como un libro sapiencial apocalíptico. Sin embargo, es también
un tratado teológico embrionario, sólidamente estructurado, aunque joven aún.
Sabiduría es también un
protéctico es
decir, un folleto exhortatorio dirigido a los judíos víctimas de las
primeras persecuciones y marginaciones en el ámbito helenístico-romano
(2,10-20; 3,1-9). Se trata además de una obra kerigmática-misionera
que trata de enriquecer la propuesta cultura hebrea con elementos tomados
del mundo de la diáspora, pero atento a corregir las desviaciones y
apostasías de los judíos fascinados por la propuesta griega.
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En cuanto a su forma, la
primera parte no es la instrucción de un maestro a sus discípulos (Prov,
Eclo) ni la meditación de un hombre erudito (Ecl), sino una alocución
pública y por consiguiente más cercana al genero de la diatriba
cínico-estoica. La segunda parte es un midrash en forma homilética. La
primera parte no debió de ser pronunciada nunca oralmente tal como está
redactada pues su tono oratorio es claramente artificial; lo mismo puede
afirmarse de la segunda parte. El tono poético del libro (que se mantiene en
los cc. 1-5 y 9, y aparece esporádicamente en otras partes, aunque es más
notorio en los cc. 6-8 y 10-12 que en 13-19) constituye una mezcla de
paralelismo hebreo y prosodia griega.
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En la obra encontramos cierta
homogeneidad de vocabulario, y tanto la actitud general como la
cohesión de
las partes permite establecer una unidad del libro. El autor de
Sabiduría se
sirvió de diferentes técnicas para estructurar su obra; gracias al
descubrimiento de estas ha sido posible hacer una división del libro con la
confianza de que responde a la que se propuso el mismo autor.
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En primer lugar, el autor ha
señalado los límites de cada párrafo mediante inclusiones, es decir, la
repetición, al final de una sección, de una palabra o frase empleada al
principio. La forma en que han de agruparse los distintos párrafos ha sido
indicada mediante varios recursos.
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La estructura literaria básica
gira en torno a tres grandes áreas estructurales que contienen las tres
principales ideas de la obra.
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Los cc. 1-5 proponen una esperanza de
inmortalidad dichosa, puro don divino; este don es ofrecido con una solemne
visita-juicio de Dios dentro de la historia (1,9; 3,7; 4,20); en cambio, los
impíos son abandonados al abismo que deja de sel el seol y se identifica
cada vez más con el infierno (4,18ss).
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Los cc. 6-10 presentan en
concepto de Sabiduría con una función más consistente de mediación entre
Dios y el ámbito cósmico-soteriológico.
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Los cc. 11-19 ofrecen una
reelaboración misdrásica, es decir, homilética y alegórica del texto del
éxodo.
Estructura del Libro de la
Sabiduría
Una vez dicho esto podemos
hacer la siguiente división de las partes del Libro de la Sabiduría:
I. Alabanzas de la sabiduría
(1,1-11,1)
A) El premio de la sabiduría es
la inmortalidad (1,1-6,21)
a) Exhortación a amar la
justicia (1,1-15)
b) El malvado llama a la muerte
(discurso del malvado) (1,16-2,24)
c) Los designios ocultos de
Dios (3,1-4,19): 1) El sufrimiento (3,1-12);
2) la carencia de hijos
(3,13-4,6); 3) la muerte temprana (4,7-19)
b´) El juicio final (discurso
del malvado) (4,20-5,23)
a´) Exhortación a buscar la
sabiduría (6,1-21)
B) Naturaleza de la sabiduría y
su búsqueda por Salomón (6,22-11,1)
a) Introducción (6,22-25)
b) Discurso de Salomón
(7,1-8,21)
1) Salomón, semejante a los
demás hombres (7,1-6)
2) Salomón oró y recibió
sabiduría y riquezas (7,7-12)
3) Salomón pide ayuda para
hablar de la sabiduría (7,13-22.a)
4) Naturaleza de la sabiduría
(7,22b-8,1)
3´) Salomón buscó la sabiduría,
fuente de conocimiento (8,2-8)
2´) Salomón buscó la sabiduría
como consejera y fuente de consuelo (8,9-16)
1´) Salomón comprueba que la
sabiduría es un don de Dios (8,17-21)
c) Plegaria de Salomón pidiendo
la sabiduría (9,1-18)
d) Sección de transición: la
sabiduría se salva a sí misma (10,1-11,1)
II. Fidelidad de Dios para con
su pueblo en el éxodo (11,2-19,22)
A) Relato introductorio
(11,2-4)
B) Tema: Israel se beneficia
con las mismas cosas que dañan a Egipto (11,5)
C) Ilustración del tema en
cinco dípticos antitéticos (11,6-19,22)
a) Primer díptico: el agua de
la roca en vez de la plaga del Nilo (11,6-14)
b) Segundo díptico: codornices
en vez de sabandijas (11,15-16,15)
1) 11,15-16 más una digresión
sobre el poder y la misericordia de Dios (11,17-12,22)
2) 12,23-27 más una digresión
sobre el falso culto (13,1-15,17)
3) 15,18-16,4 más una digresión
sobre las serpientes del desierto (16,5-15)
c) Tercer díptico: lluvia de
maná en vez de la plaga de tormentas (16,16-29)
d) Cuarto díptico: la columna
de fuego en vez de la plaga de las tinieblas (17,1-18,4)
e) Quinto díptico: la décima
plaga y el éxodo con que Dios castigó a los egipcios y glorificó a Israel
(18,5-19,22)
1) 18,5-19 más una digresión
sobre la plaga en el desierto (18,20-25)
2) 19,1-5 más una digresión
sobre la creación (19,6-21)
3) Conclusión (19,22)
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ANEXO
Ocasión,
destinatarios e intención de la obra
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Partiendo del mismo libro
podemos sacar la conclusión de que el autor intentaba robustecer la fe de
sus hermanos alejandrinos. La comunidad judía, viviendo en medio de paganos,
se hallaba en intenso contacto con el mundo helenístico. Los avances
científicos abrían a la mirada de los hombres la belleza y el misterio
del mundo que les rodeaba (7,17-20). Una gran variedad de religiones
y sistemas filosóficos ofrecían sabiduría y salvación, o el conocimiento del
verdadero sentido de la vida. La nueva mentalidad cosmopolita e
individualista, el escepticismo y la insatisfacción pugnaban con las ideas
tradicionales. Era un tiempo de crisis de fe, que algunos judíos habían
abandonado (2,12), sustituyéndola con las religiones paganas, las filosofías
seculares o las superficiales versiones que de ellas se formaba cada cual
(2,1-20); otros judíos estaban en peligro de seguir el mismo camino.
-
A los problemas que esta
atmósfera intelectual planteaba a muchos judíos venía a sumarse otro, viejo
ya de siglos, pero reavivado ahora por los sufrimientos presentes y el
antisemitismo: el de la retribución. ¿Cómo es que los malvados e impíos
prosperan mientras que los justos sufren? ¿Cuándo y dónde imparte Dios su
justicia? Nuestro autor trata de
encontrar respuesta a estas preguntas, y para ello investiga en las
escrituras. Son muy pocos los versículos y pasajes, a lo largo de los 19 cap.
de Sabiduría, que no signifiquen en gran parte el fruto de una fecunda
meditación de los anteriores libros sagrados. De hecho, si se trata de
encontrar un principio de unidad en Sabiduría, este
rasgo nos lo ofrece. Decir que es un libro sobre la sabiduría, la
inmortalidad o la providencia no bastaría para definir el
Libro de la Sabiduría. Mas bien es la expresión de todo cuanto un hombre que
vive en Egipto, después de muchos años de intenso estudio, ha podido ir
extrayendo, bajo la guía de Dios, de toda la literatura sagrada de su pueblo
para dar esperanza y consuelo a sus contemporáneos.
El problema de la retribución
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Ya hemos visto
muchas veces en que consiste este problema. Según la concepción
tradicional, el destino más allá de la muerte era el mismo para todos: una
existencia pálida y débil en el Sehol, sin contacto con Dios; los premios y castigos quedaban limitados a
este mundo: vida larga, familia numerosa, riqueza y prestigio para el justo,
desgracias para el malvado. Pero las duras realidades de la existencia no
corroboraban esta teoría, y se propusieron varias soluciones al problema en
sus dimensiones nacional (Dt-Is) e individual (Job, Ecl). Algunos salmos
expresaron la esperanza de una vida junto a Dios más allá de la tumba, por
lo que respecta al individuo (Sal 16,9-11; 49,16; 73,23-24).
Recursos literarios
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Algunos están dispuestos según
una simetría concéntrica (cc. 1-6, 7-8 y la digresión 13-15), mientras que
otros van dispuestos en simetría paralela (c. 9); los hay que siguen un
orden lineal y desarrollan el tema propuesto mediante la repetición (c. 10
y la homilía de los cc. 11-19). Añadiendo el c. 10 y
las dos digresiones de 11,17-12,22 y 13,1-15,17 el libro consta de dos
mitades (1,1-11,1; 11,2-19,22) de 251 versos cada una.
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Lo mismo que en el caso de las
inclusiones, también en los esquemas numéricos el índice ha de buscarse en
el sentido artístico del autor. Tenía un sentido y afán de rotundidad; en
consecuencia, al final de cada sección repetía una palabra clave del
principio.
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También tenía un sentido de
proporción y, consecuentemente, construyó su libro sobre la base de la regla
áurea (la proporción del 0,618).
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