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La Iglesia ha
aplicado habitualmente el nombre de libros sapienciales a:
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Job (Jb),
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Salmos
(Sal),
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Proverbios
(Prov),
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Eclesiastés (Ecl, Qo),
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Cantar de
los cantares (Cant),
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Sabiduría
(Sab) y
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Eclesiástico (Si, Eclo).
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Tres
Aclaraciones:
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Sólo en un
sentido muy amplio se pueden incluir los Salmos en esta
enumeración, pues la mayoría de ellos no dependen
específicamente del movimiento sapiencial de Israel. Pero gracias a
ellos se fraguo el nervio del mensaje de los sabios: la amistad con
Dios (acrisolada en la oración de los salmos) dura para siempre, es
más fuerte que la muerte y el sehol.
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El
Cantar
de los cantares
aunque se trata
es una
colección de cantos de amor debe su conservación y forma actual a los
sabios judíos, los cuales reconocerían su contribución a la vida
buena. Efectivamente poco a poco el sabio entiende que “saber” es
saber vivir, y “saber vivir” es saber amar. El arte de vivir en
plenitud es sobre todo el arte de saber amar. En este sentido sí
podemos incluirlo dentro del movimiento sapiencial.
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Además de estos
libros merecen particular mención los consejos de Tobías (Tob
4,3-21;
12,6-13) y el poema sobre la sabiduría de Baruc (Bar
3,9-4,4).
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Situación
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En el canon católico los
libros sapienciales vienen a continuación de los libros históricos y
precediendo a los proféticos.
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El orden que siguen
responde a su pretendida antigüedad o a la época en que se sitúan los
protagonistas. Así el libro de Job es el primero porque se le
presenta como un antiguo patriarca; después los Salmos atribuidos
a David; a continuación los que se atribuyen a Salomón (Proverbios,
Eclesiastés, Cantar de los Cantares y Sabiduría).
Finalmente el Eclesiástico escrito por Jesús Ben Sirac, maestro
judío del siglo II a.C.
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Aunque Proverbios
se titule Proverbios de Salomón, solo el material contenido en
los cap. 10-22 y 25-29 pueden datarse como pertenecientes a la época
preexílica y no podemos saber cuanto pertenece al periodo salomónico.
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El
Cantar
se titula Cantar de los Cantares de Salomón.
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El autor de
Eclesiástico
se presenta como hijo de David, rey de Jerusalén.
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Así mismo, el
autor de Sabiduría
habla como si fuera Salomón (Sab 6,22-23).
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Evidentemente en
el mundo de los sabios se practicaba la seudonomía: de esta manera se
aseguraba la atención al propio mensaje y se subrayaba el valor de la
propia obra. Al ser Salomón el prototipo de los sabios, resultaba
natural atribuirle escritos. El concepto de autor en la antigüedad
difiere de la noción moderna; como dice F. Mackenzie:
en la tradición
israelita, a fin de expresar la creencia de que los libros eran santos y
había sido compuestos bajo el impulso del espíritu de Dios, se los
relacionaba con nombres importantes del pasado, profetas y sabios, que
eran famosos por haber sido instrumentos a través de los cuales el
espíritu actuaba. Para los judíos, esta era su forma instintiva de
expresar una profunda verdad. No querían dejar un escrito sagrado
completamente anónimo, porque entonces no constaba de su origen a través
de un hombre inspirado por Dios. Así pues los judíos no tenían
dificultad alguna en atribuir a Moisés el Pentateuco o a Salomón la
literatura sapiencial.
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Actualmente podemos afirmar
que estos libros fueron compuestos muy probablemente a la vuelta del
destierro entre los siglos V-I a.C., si bien es evidente que algunos
recogen materiales que ya existían en la época de la monarquía.
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También
podemos afirmar que estos
libros aunque
pertenecen a
una tradición
específica y propia
de la
literatura
sapiencial
israelita hunden sus raíces en el acerbo cultural y en la
literatura sapiencial de todo el Próximo Oriente Antiguo (para
ver ejemplos de esta
literatura sapiencial).
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Los términos
sabiduría, sabio, se derivan de las voces latinas
sapientia, sapiens, que a su vez proceden del verbo sapere:
gustar, saborear, percibir, comprender.
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En la Vulgata,
sapientia y sapiens traducen habitualmente los términos
griegos de la versión de los LXX y del NT sophia y sophos,
cuya raíz es de etimología desconocida.
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En los LXX estos
términos griegos traducen generalmente las palabras hebreas derivadas de
la raíz hkm, presente en la mayoría de las leguas semíticas:
hokmah, sabiduría y hakam, sabio.
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En la Biblia
hebrea la raíz hkm se usa 318 veces (más 50 del fragmento hebreo
del Eclo). Se emplean sobre todo en los libros sapienciales: Prov, Job,
Ecl (Qo), Eclo (Si). En los LXX ocurre lo mismo para Sab. En el NT
sophia se usa 50 veces y 20 sophos, con una concentración
particular en 1 Cor 1-3.
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Si
tuvieramos
que
resumir
el
contenido
de
esta
palabra
hebrea
hkm
de
amplio
espectro de
significado
con
una
sola palabra,
esta
sería:
VIDA.
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Las formas a
través de las que se expresa la sabiduría son las mismas en todas las
partes. Todas las diversas formas, breves o largas, que encontramos en
la Biblia son llamadas masal.
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Entre las formas más breves o simples tenemos:
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el refrán: cual la madre, tal la hija (Ez 16,44);
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y el proverbio: de los malos sale malicia (1 Sam 24,14).
- Junto
a estar formas simples está luego:
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el enigma, como el propuesto por Sansón: del que come salió
comida y del fuerte salió dulzura (Jue 14,14);
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o también la fábula como la Jotán (Jue 9,7-15) o la de Joás:
el cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: “da tu hija por
esposa a mi hijo”. Pero pasaron las fieras del Líbano y pisotearon el
cardo (2 Re 14,9).
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Encontramos también el proverbio numérico, sobre todo en
Prov
30,15-33.;
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o la parábola, como la de Natán a David (2 Sam 12,1-4).
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A veces el texto se desarrolla en forma de relato,
como la narración en prosa que
abre y
cierra Job;
el desarrollo puede aparecer también en forma de discurso muy
elaborado, como en Prov 2;
o incluso en forma de diálogo, como el poema del
libro
de Job.
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La sabiduría humana y el
sentido común:
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La búsqueda de la
sabiduría es común a todas las culturas del antiguo Oriente.
Colecciones de literatura sapiencial nos han sido legadas tanto por
Egipto como por Mesopotamia, y los siete sabios eran legendarios en la
antigua Grecia. Esta sabiduría humana tiene
en un primer
momento un sentido
eminentemente
práctico: se trata de que el hombre se conduzca con prudencia y
habilidad para prosperar en la vida. Esto implicaba una
cierta reflexión sobre el mundo
y las gentes
y
también la elaboración de una
ética-moral
(lo que es bueno o malo, lo que conviene o no conviene hacer),
en la que no esta ausente la referencia religiosa (particularmente en
Egipto).
Posteriormente,
en un
segundo momento y sobre todo
en la Grecia del
siglo VII,
vemos como la
sabiduría va tomando
un cariz más especulativo
o teórico y con el tiempo se transformará
en filosofía.
Podemos
concluir que esta
sabiduría humana, conjuntamente con
la
ciencia que estaba
empezando así como con
el
desarrollo de
las
nuevas técnicas
que van apareciendo,
tiene un carácter civilizador.
Se podría
afirmar que la
sabiduría es
como
el "humanismo" de la
antigüedad.
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Esta sabiduría humana fruto del sentido común o inteligencia natural
de los hombres será vehículo de la Revelación de Dios:
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En los
libros sapienciales de la Biblia lo que "es asumido por Dios y
presentado por la Iglesia como vehículo de la revelación es la
sabiduría de Israel, con sus particularidades, sus profundas raíces
próximo-orientales y su apertura congénita a la sabiduría de las
naciones" (Jean Lévêque)
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En este sentido
dice Juan Pablo II al referirse a los Libros sapienciales:
Lo que
llama la atención en la lectura, hecha sin prejuicios, de estas
páginas de la Escritura, es el hecho de que en estos textos se
contenga no solamente la fe de Israel, sino también la riqueza de
civilizaciones y culturas ya desaparecidas. Casi por un designio
particular, Egipto y Mesopotamia hacen oír de nuevo su voz y algunos
rasgos comunes de las culturas del Antiguo Oriente reviven en estas
páginas ricas de intuiciones muy profundas. No es causal que, en el
momento en el que el autor sagrado quiere describir al hombre sabio,
lo presente como el que ama y busca la verdad: “Feliz
el hombre que se ejercita en la sabiduría, y que en su inteligencia
reflexiona, que medita sus caminos en su corazón, y sus secretos
considera”
(Si
14,20-21). Fides et ratio, 16.
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Es
lógico advertir que al
ser asumida la sabiduría de Israel por Dios como vehículo de
Revelación, ésta adquiera progresivamente una personalidad propia y
única:
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Efectivamente,
aunque Israel llega unos 2000 años tarde a la
escena de la literatura sapiencial del Próximo Oriente Antiguo, y en este sentido
no es original, si lo será en su evolución posterior.
Por ejemplo:
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la sabiduría bíblica es
menos elitista o "clasista" que las demás;
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el pensamiento sapiencial de Israel fue absolutamente original
cuando llega a la personificación de la sabiduría,
-
o cuando integra la
reflexión sobre la historia santa (haciendo una
especie de teología de la Historia),
-
o cuando relaciona la Ley
(la Thorá) con la Sabiduría, etc.
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Podemos concluir que Israel
con todo este bagaje cultural del Antiguo Oriente construye una
síntesis propia debida fundamentalmente al fenómeno
inspirador aportado por Dios.
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Al trata de los
Libros Históricos percibíamos claramente como se asumía por la
Revelación el acontecer histórico (salvífico) como un cauce para el
progreso de la Revelación en el AT.
Veremos más adelante al estudiar los Libros Proféticos, como la
vida de unos hombres (los profetas) es asumida por la Revelación como
medio para elaborar su mensaje. Pero vemos ahora con asombro como
en los
Libros Sapienciales también es asumido por la Revelación
los esfuerzos de la
razón
humana, que guiada por la fe, va profundizando en el misterio de Dios
y del hombre que le busca y percibe en la creación y en la historia.
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Ojo,
esto no
quiere decir que la
Revelación,
en cierto estadio de su desarrollo, se convierta en
Humanismo.
Conviene dejar claro ya desde el principio que la
Sabiduría
bíblica o inspirada, aún en los casos en que integra lo mejor de la
sabiduría humana, es de distinta naturaleza que ésta
(sabiduría humana + inspiración divina = Sabiduría bíblica).
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El hecho de
constatar,
por medio de
la
Revelación,
que Dios mismo ha querido establecer un
vínculo profundo entre el conocimiento de fe
(Sabiduría con mayúscula)
y el de la razón
(sabiduría humana)
es, sin duda alguna, una de las aportaciones más destacadas de los
libros sapienciales.
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Es cierto que
algunas de las
cuestiones planteadas por los sabios de Israel no siempre encuentran la
respuesta adecuada,
pero como
nos recuerda Juan Pablo II en
la siguiente cita,
a través de su ejemplo y
esfuerzo por entender, es Dios mismo quien nos estimula en la búsqueda
de la Verdad que en definitiva es El mismo.
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Israel con su reflexión ha sabido abrir a la
razón el camino hacia el misterio. En la revelación de Dios ha
podido sondear en profundidad lo que la razón pretendía alcanzar sin
lograrlo. A partir de esta forma mas profunda de conocimiento (el de
la Revelación), el pueblo elegido ha entendido que la razón debe
respetar algunas reglas de fondo para expresar mejor su propia
naturaleza. Una primera regla consiste en tener en cuenta el hecho de
que el conocimiento del hombre es un camino que no tiene descanso; la
segunda nace de la conciencia de que dicho camino no se puede recorrer
con el orgullo de quien piensa que todo es fruto de una conquista
personal; una tercera se funda en el “temor de Dios” del cual
la razón
debe reconocer a la vez Su trascendencia soberana y
Su amor providente
en el gobierno del mundo. Cuando se aleja de estas reglas, el hombre
se expone al riesgo del fracaso y acaba por encontrarse en la
situación del “necio”.Para la Biblia, en esta necedad hay una amenaza
para la vida.
(Fides et ratio, 18).
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La Biblia
relaciona el florecimiento de la sabiduría en Israel con la persona de
Salomón. Su sabiduría aparece manifiesta en sus cualidades de juez, en
su capacidad de administrador, de constructor del templo. Organizó en
trabajo público y el comercio exterior, acumulando una gran fortuna.
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Es de suponer
que semejante actividad exigió del Estado la organización de una
especie de escuela superior de administración, en la que los miembros
de la nueva organización estatal recibían una formación adecuada, en
particular en el plano cultural. Podemos suponer que
también
la corte real
tuvo una función determinante en el desarrollo de la corriente
sapiencial en Israel.
Esta función se renovará en el reinado de Ezequías (Prov 25,1).
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Los escribas
del rey no se deben identificar plenamente con sus consejeros
políticos. Ciertos escribas tenían otra función de gran importancia
para el futuro de la nación: la de preparar a la juventud masculina
mejor dotada para hacerse cargo el día de mañana de la responsabilidad
en la administración, la diplomacia y el gobierno. Esta forma aparece
expresada en la forma tan frecuente: hijo mío. Esta misión se
realizaría en las escuelas. La sabiduría antigua gobernaba la
actividad de la sociedad y regulaba los comportamientos y las
controversias que surgían entre las personas y los grupos.
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En el África
negra actual los proverbios tienen todavía esta función. Justamente
porque tenía esta función reguladora de la sociedad, la sabiduría
antigua había que trasmitirla a la juventud, en cuya formación ocupaba
una parte importante. A través de ella los jóvenes aprendían los
principios del comportamiento y cuanto podía dar plenitud y equilibrio
a su vida.
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Pero no podemos
obviar el hecho de que un
proverbio es una expresión armoniosa -que da gusto escuchar y decir-,
muy concisa y que requiere una reflexión para comprenderla bien;
sintetiza una larga experiencia de observación de los hombres y de las
cosas. Es fruto de una larga maduración, siendo su base la
observación.
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Esto no cuadra
bien con un origen exclusivo en la corte real.
De hecho, la
mayor parte de los proverbios antiguos no tiene nada que ver con la
vida de la corte. Un gran número de proverbios tienen su origen en el
campo o en las aldeas y su contenido lo testimonia. En Israel, como en
todas partes, la sabiduría proverbial es también y fundamentalmente de
origen popular y se trasmite en familia. Salomón y sus escribas no
hicieron más que recoger esta sabiduría popular antigua y organizarla
por escrito.
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La
actitud y
los
grandes temas de los sabios
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El consejero.
El sabio no es
jefe, ni sacerdote, ni profeta. No manda ni en nombre del estado ni en
nombre de Dios. Propone lo que le parece que ha descubierto,
expone lo que sabe, indica el camino que según él conduce a
la plenitud de la vida y desaconseja lo que, basado en su propia
experiencia, lleva al fracaso. Su discurso describe, indica,
aconseja, sugiere, pero no manda.
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Al sabio de la Biblia le
interesan las cosas de la naturaleza. Las admira y su fe le enseña a
descubrir en ellas la mano de Dios. Observa el universo y percibe una
realidad armoniosa: tras la noche el día; tras el invierno la
primavera… El sabio imitando a la naturaleza, intenta desarrollar su
vida de manera ordenada y armónica. Es también un buen profesional,
que conoce bien su oficio
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Pero su preocupación
principal es averiguar las claves de su destino como hombre, es decir,
como debe conducir su vida para alcanzar la verdadera felicidad. Por
eso observa al hombre para conocerlo y conocerse. Se da cuenta de la
diversidad de temperamentos, de maneras de ser; es también el que
conoce lo que hay dentro del corazón del hombre, sus alegrías, sus
tristezas. Es en definitiva un buen observador de la realidad humana y
social.
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Pero no se limita a ser
un buen observador, es sobre todo un educador nato. Tras observar el
universo y fijarse en la persona humana, el sabio detecta en ellos la
presencia del proyecto divino y se pone manos a la obra para llevarlo
a cabo. Por eso, traza reglas para sus discípulos, da consejos morales
prácticos, trasmite una preocupación social, etc. Para apoyar su
parecer acudirá a la experiencia, sobre todo de los ancianos y a la
reflexión personal.
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Sin embargo, poco a poco
se irá convenciendo de que su inspiración más profunda le viene de
algo más alto que la mera experiencia y reflexión. El sabio será
también un hombre piadoso, un hombre de oración que busca en Dios la
verdadera Sabiduría.
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En definitiva el sabio
percibe en las cosas y en las personas una presencia de Dios
(un "querer de Dios") y enseña
a los demás a percibir ese “algo divino”: Sabedlo bien: hay "un
algo" santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que
toca a cada uno de vosotros descubrir (…) no hay otro camino, hijos
míos, o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo
encontraremos nunca. Por eso puedo deciros que necesita nuestra época
devolver -a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares-
su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios,
espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro
encuentro continuo con Jesucristo.
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Efectivamente, la
historia de Israel ha puesto de manifiesto que hay sabidurías y
Sabiduría. La verdadera Sabiduría viene de Dios; Él es quien da al
hombre un corazón capaz de discernir el bien del mal (cfr. 1 Re 3,9).
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Desde nuestros primeros
padres todos los hombres nos vemos tentados a usurpar este privilegio
divino, a adquirir por nuestras propias fuerzas este conocimiento del
bien y del mal (cfr. Gen 3,5s). Sabiduría engañosa a la que los atrae
la serpiente astuta (Gen 3,1). Es la sabiduría de los escribas que
juzgan todo según modos de ver humanos y cambian en mentira la ley
del Señor (Jer 8,8), la de los consejeros del rey que hacen una
política totalmente humana (cf. Is 29,15s.). Los profetas se alzan
contra esta sabiduría engañosa: ¡Ay de los que son sabios a sus
propios ojos, avisados según su propio sentido! (Is 5,21). Dios
hará que su sabiduría quede confundida (Is 29,14). Caerían en la
trampa por haber despreciado la Palabra de Dios. Y es que esta Palabra
es la única fuente de la auténtica Sabiduría. Así la enseñanza
profética rechaza la tentación de un humanismo que pretendiera
bastarse así mismo: la salvación del hombre viene solo de Dios.
La ruina de Jerusalén
confirma las amenazas de los profetas: la falsa sabiduría de los
consejeros regios es la que ha conducido el país a la catástrofe. Una
vez disipado así el equívoco, la verdadera sabiduría podrá dilatarse
libremente en Israel. Su fundamento será la ley divina, que hace de
Israel el único pueblo sabio e inteligente (Dt 4,6). El temor de Dios
será su principio y su coronamiento. Los escribas inspirados, sin
abandonar nunca las perspectivas de esta sabiduría religiosa, van a
integrar ahora en ella todo lo que puede ofrecerles de bueno la
reflexión humana. La literatura sapiencial editada o compuesta después
del exilio es el fruto de este esfuerzo. El humanismo curado de estas
pretensiones soberbias se dilata ya desde aquí a la luz de la fe.
El sabio
percibe los límites de su saber y de su experiencia. Además quiere
también recordar los límites de todo saber humano. Muchas cosas se
nos escapan. El hombre ni siquiera está seguro de que su obrar sea
justo, pues el sabio sabe que en definitiva estamos en las manos de
Dios. Nuestra sabiduría está en negarse así misma:
Ni sabiduría,
ni inteligencia, ni consejo existen ante el Señor
(Prov 21,20)
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Por todo esto, Israel dudo
mucho tiempo en atribuir al Señor la sabiduría porque esta aparecía
como una cualidad profundamente humana. Pero poco a poco se fue
imponiendo la sabiduría de Dios como algo real y bueno.
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Vemos como el
contraste inicial entre la enseñanza de los sabios que daba tanta
importancia a la experiencia y se diferenciaba de las de los profetas
no impedirá que mas adelante ambos géneros aúnen sus esfuerzos para
dar lugar al género apocalíptico destinado a revelar los secretos del
futuro. Si Daniel revela los misterios divinos (Dan 2,28s.47), no es
por sabiduría humana (Dan
2,30) sino porque el Espíritu divino, que reside
en él, le da una sabiduría superior. La sabiduría religiosa del AT
reviste aquí una forma característica: el sabio aparece ya como
inspirado por Dios al igual que el profeta.
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Los sabios
afrontarán en relación con Dios los grandes enigmas de la existencia
humana. En Proverbios se parte de la idea de que Dios premia al
justo y castiga al malo. La evidencia de
lo que ocurre en
vida real
hizo que Job y Qohélet
se alzaran contra esta doctrina de la retribución clásica. Fue la
crisis de la sabiduría bíblica.
No
encontraremos la solución
a esta crisis
en Eclesiástico, para el que todo
termina con la muerte, aunque intuye algo y escribe que el que teme al
Señor le irá bien al fin, y en el día último será bendecido (Eclo
1,13). La solución no
llegará hasta que en Sabiduría leemos frases como: las almas
de los justos están en las manos de Dios y ningún tormento los
alcanzará (Sab 3,1), su sufrimiento durante esta vida es una
prueba (Sab 5,5-6), su esterilidad aceptada virtuosamente tendrá su
fruto en el más allá (Sab 3,13-15).
Al fin ha dado
con la respuesta correcta;
sólo
esta retribución después de la muerte devuelve la serenidad a la
sabiduría bíblica.
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En un primer momento la
literatura sapiencial no centra su atención en la historia, sino que
observa, más bien, el orden del universo creado por Dios. Mientras que
el Pentateuco y los libros históricos destacan la intervención
salvadora de Dios en la historia humana y los profetas interpretan
esta historia, la literatura sapiencial se detiene, principalmente,
a observar la armonía dispuesta por Dios en la creación, invitando al
ser humano a vivir según el orden dispuesto por el Creador.
Lo
que
ocurre
es
que
esta
visión de los libros sapienciales no sólo no se opone a la de los
libros históricos y proféticos sino que,
en un segundo momento, conseguirá englobar el
punto de vista propuesto por estos libros. La historia de la salvación
experimentada por Israel quedará incluida en el
proyecto armonioso con el que Dios ha concebido toda la obra de la
creación.
-
Aunque es
en una
fase muy avanzada
cuando el autor de Sabiduría de un modo
EXPLÍCITO
integra en su reflexión la experiencia histórica de Israel,
ya
desde la reflexión de Proverbios 1-9
IMPLÍCITAMENTE
se
hace eco de la
enseñanza
profética
de
Dt
4,6 y
de su fuente
Jer 31,31-34. Y Qohélet se identifica con Salomón
juzgando su obra al final
de su vida. Más claramente Eclesiástico
16,24-17,14 y sobre todo
Eclo 44-49, releían toda la historia de la
salvación al modo de un sabio. Pero es en Sabiduría, como
decíamos, donde encontramos una
especie de
“teología-filosofía de la historia de la salvación”. Así en
Sab
7-9
se
propone a los
jóvenes el ejemplo de Salomón
y
en
Sab 11-19
se releen
los acontecimientos centrales de Israel.
-
-
El género sapiencial, es
muy conocido en todo el próximo Oriente y
también aparece
en la Biblia bajo
sus dos formas fundamentales: la proverbial, optimista, tradicionalista
y retribucionista, y la forma mas polémica, pesimista,
crítica
y original.
-
A
continuación
hacemos un elenco de
los
títulos
más importantes, clasificados por Culturas y en orden cronológico;
para un
estudio más detallado ir a los enlaces correspondientes.
-
La tradición sapiencial de
Israel positiva y tradicionalista entronca con la sabiduría positiva de
oriente en obras como las siguientes:
-
En Egipto:
-
la instrucción de
Ptah-hotep (entre 2150 y 2080 a.C.),
-
la
instrucción del rey Amenemhet (1960 a.C.),
-
la
instrucción de Jhet, el hijo de Duauf
(1900 a.C.),
-
la sabiduría de Ani
(1200 a.C.),
-
la Instrucción de
Amen-em-Opeh (500 a.C.)
-
la Instrucción de
Ank-sesonqui (400 a.C.).
-
En Babilonia:
-
los
Poemas de los justos que sufren
(entre 1500 y 1000
a.C.)
-
los Proverbios
Mesopotámicos (entre 1500 y 1000 a.C.)
-
las Palabras de
Ajicar (en torno al 400 a.C.).
-
Si la sabiduría tradicional
había puesto el acento ante todo en la armonía cósmica, en el sentido de
la vida y en la moralidad de la retribución, es igualmente cierto que
muy pronto apareció también en el horizonte una sabiduría mas
sofisticada, atenta a registrar las contradicciones de la realidad, la
oscuridad de la existencia, el misterio del mal, la necesidad de una
teodicea. Entre los textos orientales que encontramos este enfoque
crítico o negativo tenemos:
-
del mundo sumerio:
-
de Babilonia procede:
-
Ludlul bel nemeqi
(Quiero celebrar al Señor su sabiduría, del 1500 a.C.);
-
la llamada Teodicea
babilónica (poema acróstico de 27 estrofas, del año 1000);
-
el Diálogo pesimista
(del año 1000 también)
-
del mundo cananeo:
-
de Egipto:
-
un texto arameo:
NOTA:
Para
una profundización en este tema
sobre el genero sapiencial del próximo oriente antiguo recomendamos ir al
ANEXO.
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