EL ECLESIASTÉS (QOHÉLET)

 

  1. MARCO HISTÓRICO
  2. PRÓLOGO
  3. INTRODUCCIÓN
    1. Características generales
    2. Contenido
    3. Ocasión, destinatarios e intención de la obra

      El libro en el NT y en la Tradición.

    4. Uso eclesial
    5. Su interpretación a la luz del NT
    6. Paralelos literarios de las culturas del entorno del Oriente Antiguo
  4. COMENTARIO EXEGÉTICO:

 

MARCO HISTÓRICO

  • En adelante estudiaremos los libros de LA ÉPOCA GRIEGA que son:

    • Eclesiastés,

    • Eclesiástico

    • Sabiduría

  • Conviene considerar conjuntamente a Eclesiastés y Eclesiástico, dos sabios diferentes, a menos de un siglo de distancia, porque ambos se encuentran enfrentados a un problema común: el auge de la civilización helenista que sumerge a todo el Próximo Oriente y corre el peligro de tragarse a las comunidades judías dispersas.

  • La llegada victoriosa de Alejandro Magno a Asiria pone fin a la dominación persa en Judea. Tras su muerte el año 323, los soberanos lágidas de Egipto y luego los reyes seléucidas de Siria dominaron el país hasta la rebelión de los Macabeos contra Antíoco IV Epifanes en el 167. La dominación política va acompañada de una penetración de la cultura helenística, que se palpa en la organización de la sociedad. Las ciudades atraen a las poblaciones del contorno y se levantan teatros, gimnasios, escuelas, templos y comercios.

    • Las influencias de esta nueva civilización en el mundo judío se notarán más tarde en la crisis que nos atestiguan los Macabeos: El estilo de vida griego y las costumbres extranjeras se impusieron, debido al impío y falso sumo sacerdote Jasón, hasta tal punto que los sacerdotes no se preocupan del servicio del altar, sino que despreciaban el Templo; no se preocupaban de los sacrificios y se apresuraban a tomar parte en las exhibiciones deportivas contrarias a la Ley, tales como el lanzamiento de disco. No apreciaban las glorias patrias, y en cambio valoraban las helénicas (2 Mac 4,13-15). Cfr J. Lartéguy.

  • Cada uno a su manera (Eclesiastés (Qohélet) interrogando a la sola razón humana, y Eclesiástico (Ben Sirác) enseñando la riqueza de la tradición judía) reacciona ante este peligro. La sabiduría bíblica buscaba el modo de llevar a cabo el misterioso e íntimo encuentro de la Palabra de Dios revelada con estas nuevas formas de pensamiento. Ya antes habían sido capaces de asimilar los mundos culturales de Egipto o Mesopotamia, se trataba ahora de asimilar adecuadamente el mundo griego.

    • En este sentido la Pontificia Comisión Bíblica nos recuerda en el Documento La interpretación de la Biblia en la Iglesia (1993) que: El fundamento teológico de la inculturación es la convicción de fe, de que la Palabra de Dios trasciende las culturas en las cuales se expresa, y tiene la capacidad de propagarse en otras culturas, de modo que pueda llegar a todas las personas humanas en el contexto cultural donde viven… por una parte, las riquezas contenidas en las diversas culturas permiten a la Palabra de Dios producir nuevos frutos, y por otra, la luz de la palabra de Dios permite operar una selección en lo que aportan las culturas, para rechazar los elementos dañosos y favorecer el desarrollo de los elementos válidos.

 

PRÓLOGO

  • La vida y su plenitud es uno de los temas centrales en la Escritura. La Sabiduría pretende como uno de sus objetivos principales alcanzar esa plenitud de vida. Ya vimos como en Job surgía la pregunta ¿Y si esa vida es dolorosa, incluso injustamente dolorosa? ¿Valdría la pena vivirla y temer a Dios a pesar de los pesares? La respuesta de Job era afirmativa, aunque no solucionaba el problema de fondo. Ahora Qohélet se plantea un problema parecido, suponiendo que todo vaya bien, y se goce de todo lo bueno ¿Esto es todo lo que hay? ¿Y después la muerte y se acabó? Entonces ¿porqué esforzarse? ¿Para que temer a Dios, qué más da si los bienes prometidos no me llenan? La respuesta de Qohélet es positiva: conviene esforzarse por agradar a Dios aunque no haya nada más. Estamos ante una religión desinteresada y fundada en el amor y no en el temor y el utilitarismo (do ut des) tan característicos de las religiones naturales.

  • Qohélet (Eclesiastés) comprueba la vacuidad del bienestar prometido al justo (es un insatisfecho) y se consuela recogiendo los modestos goces que ofrece la existencia (es un "disfrutón"). Digamos que trata de consolarse porque está profundamente insatisfecho. El misterio del más allá le atormenta aunque no tiene una solución (3,18-21; 9,10; 12,6-8). Pero Qohélet es un creyente y afirma como hacía Job, que han de aceptarse como venidas de la mano de Dios tanto las pruebas como las alegrías (7,14), y que se han de guardar los mandamientos y temer a Dios (5,6; 8,12-13).

  • Eclesiastés (Qohélet) como Job son obras de transición. Las seguridades tradicionales se debilitan, pero nada firme las sustituye aún. A Qohélet y a Job solamente puede dársele la respuesta con la afirmación de una sanción después de la muerte y este dato aún no ha sido revelado. Estos libros solo marcan un momento en el desarrollo de la revelación y no se los ha de juzgar separándolos de lo que les ha precedido y de lo que les seguirá. Al subrayar la insuficiencia de las viejas concepciones y forzar a los espíritus a enfrentarse con los enigmas humanos, apela a una revelación más elevada.

  • Qohélet da una lección de desprendimiento de los bienes de la tierra y al negar que la felicidad del hombre se encuentre en los bienes temporales nos prepara para escuchar las bienaventuranzas: bienaventurados los pobres porque vuestro es el Reino de los Cielos (Lc 9,20)

 

INTRODUCCIÓN

Características generales

Título

  • La forma hebrea Qohelet es el participio femenino singular de la forma qal, de qahal, de la que se deriva el nombre que significa asamblea, congregación. El término, por consiguiente, designa a alguien que tiene una determinada relación con una asamblea e indica posiblemente algún oficio concreto (quizás maestro); o bien, por el contrario, el representante de la asamblea, el Público personificado, y que, cansado de la enseñaza clásica, va tomar a su vez la palabra.

  • La forma castellana Eclesiastés transcribe el término latino y griego (ekklesiastes, dirigente de la ekklesia o asamblea); el nombre de Predicador deriva de Lutero (Prediger), y en última instancia de San Jerónimo (concionator).

Situación

  • Figura en la Biblia griega y en la Vulgata después de Proverbios, es decir en el 4º lugar. En la Biblia Hebrea es uno de los cinco megillot, es decir, de los cinco rollos de pergamino que se lee en las sinagogas en las fiestas judías. Estos rollos son: Rut, Cantar de los cantares, Qohélet, Lamentaciones y Ester, y vieneN en la Biblia hebrea en este orden. En concreto Qohélet se lee en la fiesta de los Tabernáculos (sukkot). Tiene lugar en otoño al terminar la recolección de frutos, así por medio de la lectura del Qohélet se invitaba a gozar con agradecimiento de los bienes obtenidos en la cosecha, sin olvidar que son un don de Dios.

Canonicidad

  • Pese a su originalidad está enraizado en la tradición canónica hebrea. Conoce el Pentateuco (Ecl 5,3-5 = Dt 23,33-24; Ecl 12,7 = Gn 2,7). Conoce Proverbios aunque es crítico a su planteamiento.

  • El enfoque de la vida es bastante negativo y esto explica porqué el judaísmo rabínico discutió de su canonicidad. La MISNÁ (Textos de tradiciones legales codificados hacia el 200 d.C.) discute si este libro "mancha las manos" (por ser sagrado) o si es mejor "esconderlo" (considerarlo apócrifo). Algunos pensaban que tenía contradicciones (4,2 y 9,4) y otros mantenían que el principio (1,3) y el final (12,3) salvaban las contradicciones; este último sentir se impuso finalmente.

  • En el canon cristiano fue aceptado sin problemas (salvo una obra de Teodoro de Mopsuestia del s. V no encontramos ninguna disensión).

Autor

  • El versículo inicial parece atribuir el escrito a un rey de Jerusalén, hijo de David. Esto hace pensar en Salomón. Junto a esta referencia, el autor utiliza un seudónimo, Qohélet.

Antigüedad y composición

  • Los extremos podemos ponerlos entre el 600 y el 150 a.C. Muchos autores se deciden por el siglo III o el IV.

  • El idioma original es el hebreo y el lugar de origen Palestina.

Género literario y técnicas empleadas

  • Esta pequeña obra contiene una notable variedad de géneros literarios: sentencias, admoniciones... Aunque el autor ha decidido la presentación en primera persona no se intenta dar al libro un carácter autobiográfico, sin embargo acentúa así el dramatismo, aunque sin salirse por ello del movimiento sapiencial.

Unidad y estructura literaria

  • Se lee en 30-45 minutos; al menos los cc. 1 y 2 son esenciales porque se ponen las bases para comprender el libro. Los diversos estudios publicados proponen divisiones del texto muy diferentes. La obra se estructura de acuerdo con los diferentes temas que va tratando poco a poco. Podemos hablar de una cierta unidad temática: ¿Qué provecho saca el hombre de todos los afanes que persigue bajo el sol? (1.3) La respuesta es: ninguno. Eclesiastés comienza (1,1) y termina (12,8) afirmando que "todo es vanidad".

  • Pero es a partir del capítulo 7 cuando se comienza a ponderar la importancia de poner cierto afán en adquirir un cierto tipo de sabiduría. No vale la pena empeñarse en adquirir la sabiduría que los sabios enseñan, la tradicional, ya que es vanidad, es decir esfuerzo vano, empeño inútil. En cambio, sí que tiene ventajas buscar otra sabiduría distinta, la que proporciona el temor de Dios y se adquiere a partir de la contemplación de lo que incomprensiblemente sucede en la realidad. Por eso, el libro se podría dividir en dos partes, cada una de ellas con su propio esquema: 1ª Parte: la sabiduría es vanidad (1,3-6,12): nada hay nuevo bajo el sol y todo esfuerzo por encontrar algo nuevo es vano y 2ª Parte: La sabiduría reside en el temor de Dios: hay algunas cosas que valen la pena saberse: entre ellas que estamos en las buenas manos de Dios.

Contenido

Tema principal

  • Vanidad de vanidades” resume el tema del libro. Esta afirmación sirve de inclusión en 1,2 y 12,8; además va incrustada en: 2,1.11.17.19.23; 4,4.8; 8,10; 11,10. El término cuya traducción tradicional es “vanidad”, significa en primer lugar “vaho”, “aliento”, y forma parte del repertorio de imágenes (el agua, la sombra, el humo, etc.) que en la poesía hebrea describen la fragilidad humana. Pero la palabra ha perdido su sentido concreto y para Qohélet únicamente evoca lo ilusorio y efímero de las cosas y, en consecuencia, la decepción que éstas le reservan al hombre.

    • Pero este término no agota el interesante conjunto de pruebas a las que el autor somete la vida. Todo lo sopesa -el placer, las riquezas, el esfuerzo humano, la sabiduría misma- y todo lo encuentra deficiente. Vuelve una y otra vez a las incertidumbres de la vida, a la falta de una señal clara de sanción divina, al hecho lamentable de la muerte. Visto lo cual la respuesta más adecuada es aceptar los pequeños goces que Dios da al hombre (doce veces se dice que Dios da algo: 3,12-13; 5,17-18; 9,7-10, etc.).

  • Para Qohélet, todo incluso la misma sabiduría que no puede dar respuesta a los interrogantes más profundos del hombre, es esfuerzo inútil, vanidad. Propone como verdadera sabiduría reconocer la limitación del conocimiento de la vida humana, temer al Señor y aprovechar las cosas buenas del momento presente. Así pues, también podría decirse que la lección fundamental del libro se expone en 5,6: “Tú, teme a Dios”. Lo más razonable es apoyarse en Dios, puesto que toda la sabiduría de este mundo, por sí sola, es vana.

    • Solo sabiendo que todo es vanidad el hombre se sitúa como un sabio ante la realidad de este mundo. Sólo con esta sabiduría se está en disposición de recibir y aceptar (don) una respuesta dada por Dios mismo que colme totalmente las legítimas aspiraciones del corazón humano. No obstante Qohélet no tuvo aún tal respuesta. Pero aún así su aportación es grande al mostrar al hombre que este mundo en sí mismo no es digno de él, prepara así la respuesta escatológica a la vez que anima a una religión más desinteresada de las cosas materiales, y a una oración que sea la adoración más humilde de la criatura consciente de su nada en presencia del misterio de Dios.

  • Qohélet como ningún otro autor de la Escritura, ha proclamado el sinsentido y fugacidad de la vida, la fugacidad e inconsistencia de las riquezas y el poder que son los pilares que fundamentan las seguridades humanas, la vaciedad, en suma, de todas las cosas frente a la inconmovible fe en el Dios de Israel, Señor del mundo y de hombre. La presencia del Eclesiastés entre los libros sagrados nos enseña que Dios también está presente, y muy especialmente, en las dudas e incertidumbres del hombre de corazón sincero, que busca, sin encontrarlo, el sentido de la vida en medio de las tinieblas más espesas. Este libro es una prueba evidente de que Dios no abandona al hombre en ningún tramo de su camino zigzagueante hacia la verdad escondida que es él. Este libro pone una vez más de manifiesto que nada puede hacer perder esa RELACIÓN PERSONAL ÍNTIMA QUE DIOS QUIERE ESTABLECER CON NOSOTROS.

     

Innovaciones conceptuales del libro

  • Qohélet es un duro crítico del movimiento sapiencial. Los sabios anteriores se habrían permitido el lujo de establecer una serie de categorías fijas y seguras: la justicia conduce a la vida; la maldad, a la muerte. En efecto, aún reconociendo en el plano teórico que los planes de Dios son insondables (Prov, Job) se tendía a meter a Dios en los estrechos esquemas de la mente humana. La teoría de la retribución divina resume esta posición. Para apreciar bien en la obra del Qohélet su carácter auténticamente religioso, es necesario no perder de vista esta perspectiva.

  • Se propugna en esta obra la soberanía e independencia de Dios que no puede ser limitado ni obligado por consideraciones humanas. Qohélet restituye a Dios la libertad (la libertad para dar).Al mismo tiempo que subraya la validez de la razón humana en su búsqueda de la verdad, enseña el valor relativo de este mundo. Muestra cómo el sentido último de esta vida escapa a las fuerzas del hombre y prepara así el camino para la revelación de la doctrina de la gracia (don de Dios) contenida en el NT.

Resumiendo

  • Es difícil resumir en un párrafo el contenido de este complejo libro, pero puestos a hacerlo diríamos que Qohélet trata de afrontar sin miedo y con serenidad las cuestiones difíciles de la vida, consciente de las limitaciones de la razón humana, pero sin desanimarse ante un aparente sinsentido de la vida; de saber convivir con problemas no resueltos, sin condicionar el empeño ni la alegría de vivir y tratar de encontrarles solución. De vivir en el presente, y disfrutar de los momentos que tiene por delante y servir a Dios desde los días de la juventud sin esperar a la vejez cuando falten las fuerzas.

Ocasión, destinatarios e intención de la obra

 

  • La obra se sitúa en el momento en que Dios quiere ir preparando a su pueblo para una comprensión nueva del significado de la vida y de la muerte. En concreto, conviene tener presente que Qohélet no conoce aún lo que se refiere a la vida después de la muerte; será necesario que pase al menos un siglo hasta que en el libro de Daniel y después en el segundo de los Macabeos se afirme la retribución y resurrección después de la muerte; será ya a las puertas del NT cuando el libro de la Sabiduría se revele con toda claridad esta verdad. Algo análogo ocurre con la idea que el libro trasmite de Dios. Dios es creador y providente pero distante de sus criaturas.

  • En el momento histórico en que se escribe Qohélet, estamos probablemente en el siglo III a.C., la cultura griega y la helenización consiguiente se hacen notar en Israel. El autor está abierto al diálogo con la cultura griega que impregnaba el ambiente cultural y conoce los esfuerzos de los sabios israelitas que le habían precedido; pero ni unos ni otros satisfacen su búsqueda acerca del sentido de la vida. Los griegos por prescindir del temor de Dios y los sabios judíos por no plantearse con radicalidad, como hace él, el problema. Por eso continúa por otros caminos manteniéndose fiel a la fe en el Señor su Dios.

  • Qohélet con esta actitud nos enseña algo de perenne actualidad: el hombre que cree en Dios no puede desentenderse de las cuestiones que afectan a sus contemporáneos, sino que movido por su fe debe salir a su encuentro para establecer un diálogo con ellos y abrir, desde sus convicciones religiosas, nuevas vías de solución a los problemas que preocupan a todos.

El libro en el NT y en la Tradición.

En el NT 

  • Sorprende que no haya una referencia directa en el NT al Eclesiastés. De todas formas, Jesús parece tener en cuenta ciertos elementos de la sabiduría humana expresados por Qohélet. Así Qo 3,1.4 parece resonar en Jesús cuando invita a reconocer a los oyentes qué es lo propio de cada momento, del momento de la preparación y del momento de la venida del Mesías (cfr. Mt 11,16-19). Jesús les reprocha el no haber sabido reconocer los planes salvíficos de la sabiduría de Dios, que se cumplirán a pesar de la incomprensión de algunos.

Interpretación en la tradición cristiana.

  • Los comentarios más antiguos que se conservan están fragmentados:

    • Hipólito, Orígenes, Dionisio de Alejandría.

  • Comentarios que se conservan completos:

    • el de San Gregorio Taumaturgo  (s.III) donde se afirma que "el propósito del Eclesiastés es mostrar que todos los negocios y búsquedas del hombre que se emprenden en cosas humanas son vanos e inútiles, con el fin de conducirnos a las cosas celestiales".

    • En sus homilías San Gregorio de Nisa (s. IV) sigue la misma línea: "El propósito del libro es elevar la mente por encima de todo objeto material y aquietarla, para que pueda remontarse por encima de todo lo que parece grande y sublime en este mundo, hasta aquello que las percepciones de los sentidos no pueden alcanzar; y suscitar en ella un anhelo por lo supra-sensible".

    • Su contemporáneo San Jerónimo dice que "pretende mostrar la completa vanidad de todo placer terreno y, por tanto, la necesidad de dedicarse a una vida ascética, consagrada enteramente al servicio de Dios"

    • Uno de los mejores comentarios patrísticos es el de Gregorio de Agrigento (s. VI) que es partidario de una interpretación más literal.

  • Vemos por los comentarios de estos autores como la patrística, seguida por la tradición cristiana posterior, ha orientado en un sentido completamente distinto el mensaje de la obra. Por ejemplo, San Gregorio Magno en sus Diálogos reducía los pasajes escabrosos a otras tantas objeciones de adversarios descreídos, a los cuales Qohélet oponía la enseñanza ortodoxa del temor de Dios y de la observancia de los mandamientos (12,13). La Edad Media, siguiendo la intuición de San Gregorio Taumaturgo (270 d.C.), leyó el libro como una exhortación ascética a la huida del mundo y a la vida monástica. El desenlace de la obra es entonces casi místico. En realidad, la Imitación de Cristo completaba la “vanitas vanitatum” del Eclesiastés con una adición muy diferente y significativa: “conviene amar a Dios y a él solo servir”. El mensaje del libro se transforma en un canto del amor de Dios, superior a toda la alegría humana; es más, el desprendimiento, el descubrimiento de la inconsistencia de las cosas y de los afectos terrenos permiten vislumbrar cada vez mejor el esplendor de lo eterno y de lo infinito. Más, como es evidente, en Qohélet falta justamente la segunda parte de este aserto: la vida está vacía, pero Dios está en esta obra aún lejano y misterioso, y el hombre se halla prisionero de sus límites y de miseria. Tenía que esperar aún un poco.

Uso eclesial del Eclesiastés

  • Es muy pequeño su uso litúrgico, tan solo:

    • El Domingo XVIII del T.O. en el ciclo C (Ecl 1,2; 2,21-23).

    • Además tres lecturas en la semana XXV del T.O. (Ecl 1,2-11; 3,1-11 y 11,2-12,8).

  • En la Liturgia de las Horas se leen perícopas del Eclesiastés con salmos responsoriales durante la semana XX del T.O.

 

Interpretación a la luz del NT.

  • Algunas ideas que preocupan al hombre de todos los tiempos y que se encuentran reflejadas en Qohélet se ven con nueva luz en la enseñanza del NT. Las dos nociones claves del Libro -la verdadera sabiduría (que se adquiere al ver la vanidad de las cosas) y el temor de Dios- se perfeccionarán en el mensaje del NT.

    • La verdadera sabiduría está “en Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia”(Col 2,2-3).

    • Y el temor de Dios ha de entenderse como amor, no como miedo, porque Dios es Padre. Esta es la convicción que debe regir la conducta: “En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor”(1 Jn 4,18).

  • Qohélet en muchos aspectos se queda corto y sus enseñanzas han de ser completadas con otros libros bíblicos especialmente con la luz de la doctrina evangélica. Por ejemplo:

    •  su actitud ante los bienes terrenos frente a Lc 12,16-21; el NT confirma la sabiduría de disfrutar de los pequeños goces de este mundo pero en cuanto que reflejan la bondad de Dios y son ocasión para darle gloria (Lc 12,27-30; 1 Cor 10, 31).

    • Pero sobre todo el NT da respuesta a la inquietud de Qohélet ante la inutilidad de las cosas de este mundo. San Pablo está de acuerdo en que la creación se ve sujeta a la vanidad (Rm 8,20), pero tiene la esperanza de que también la misma creación será liberada de la esclavitud de la vanidad para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios (Rm 8,20-21).

    • Por otra parte la conciencia de la vanidad de la vida y las acciones humanas es asumida por el Apóstol cuando enseña que el hombre no puede justificarse por sus obras, sino por la gracia que recibe de Dios. Es don de Dios. Frente a la impotencia de la capacidad humana para entender el sentido último de la vida, afirma que en Jesús se nos ha dado toda sabiduría e inteligencia, revelándonos el Misterio de la voluntad del Padre (cfr. Ef 1,7-9), o lo que es lo mismo como dice el CVII que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (GS, 22). Qohélet testimonia que era imposible desvelar el misterio del hombre antes de Cristo.

  • La palabra de Qohélet se ha de interpretar también a la luz de la encarnación de la palabra de Dios dentro de la historia y de los límites del hombre. Se trata de percibir la realidad de una Palabra que se hace carne, que se hace sufrimiento, ansia, duda, pregunta. Es como si desde dentro de la misma crisis de fe, en el mismo silencio total, Dios pudiera esconder paradójicamente su presencia, su revelación.

    • El terreno humano en el que parece más fácil la apostasía o el vacío puede ser misteriosamente fecundado por Dios, que con estas páginas no ha vacilado en revelarse también a través de las tinieblas de un hombre que busca desconsolado, de un hombre en crisis. De este modo percibimos que el silencio de Dios y de la vida no es necesariamente una maldición, sino una ocasión paradójica de encuentro por caminos sorprendentes, aunque por ahora (como le ocurría a Qohélet) no visibles ni comprensibles.

 

 

Paralelos literarios de las culturas del entorno del Oriente Antiguo

 

ESTA PROPUESTA DE ESTRUCTURACIÓN LA PONEMOS AQUÍ AUNQUE NO ES LA QUE SEGUIREMOS EN EL COMENTARIO EXEGÉTICO POR SER LA MÁS SENCILLA Y COMÚN

  • El libro del Eclesiástico puede dividirse como sigue:

    • I. Vanidad de las cosas (1,1-11)

    • II. Vanidad de la sabiduría (1,12-18)

    • III. Vanidad del placer (2,1-12)

    • IV. Se comparan la sabiduría y la necedad (2,13-17)

    • V. Vanidad del esfuerzo humano (2,18-26)

    • VI. Orden inmutable de los acontecimientos (3,1-13)

    • VII. Incertidumbre del furturo (3,14-22)

    • VIII. Desordenes sociales (4,1-16)

    • IX. Reverencia debida a Dios (4,17-5,6)

    • X. Justicia pervertida (5,7-8)

    • XI. Vanidad de las riquezas (5,9-6,6)

    • XII. Vanidad de los deseos (6,7-12)

    • XIII. Contraste entre la sabiduría y la necedad (7,1-12)

    • XIV. El mundo es un enigma (7,13-25)

    • XV. Las mujeres (7,26-8,1)

    • XVI. Obediencia a los gobernantes (8,2-4)

    • XVII. La sanción moral es indiscernible (8,5-15)

    • XVIII. Todos corren la misma suerte (8,16-9,10)

    • XIX. Incertidumbre de la fortuna (9,11-17)

    • XX. Proverbios varios (9,18-11,6)

    • XXI. La juventud (11,7-10)

    • XXII. La vejez (12,1-8)

    • XXIII. Epílogo (12,9-14)

 

 

ANEXO DE IDEAS


  • Trilogía Salomónica. Ascéticamente podríamos decir que, tras la instrucción de Proverbios, se pasa al Eclesiastés para aprender que todo en este mundo es caduco, y finalmente tendríamos el Cantar que llevaría al alma a la unión del Esposo, lo verdaderamente importante y definitivo. Copiando unas palabras de San Jerónimo al respecto: "(En primer lugar) en los Provervios (Salomón) enseña a un niño, instruyéndole mediante máximas respecto a sus obligaciones; por eso, las palabras se repiten a menudo dirigidas a su hijo. Después, en el Eclesiastés, (Salomón) instruye a un varón de madura edad para que piense que no hay nada en las cosas del mundo que sea imperecedero, sino que todo lo que vemos es caduco y breve. Finalmente, en el Cantar de los Cantares estrecha con abrazos de esposo al varón ya perfecto y preparado después de haber prepado después de haber pisoteado al mundo"


  • Parece que pertenece al período helenístico (III-II a.C.). La teología judía se enfrenta a la filosofía griega. La filosofía griega de a época estaba interesada en la conducta moral recta: para unos se encontraba en la conformidad con un orden moral natural fijado (estoicos); otros pensaban que no existían absolutos morales sino que se trata de acuerdos sociales y por tanto se ha de aceptar la opinión predominante y que la moral era cambiante.


  • Nos muestra el lado más oscuro de la vida humana. Nos pone frente al problema del sentido de nuestra existencia y nos trasmite la sensación de no dominar el problema totalmente. Nos deja ante la perplejidad de algunas preguntas, en la confrontación de o aparentemente irracional de la vida con el deseo de lucidez que resuena desde lo profundo del hombre. Nos enseña a vivir con problemas sin resolver o insolubles. La esperanza late en la obra. Además enseña muy buenos y atinados consejos, como cuando nos dice que la idea de planificar demasiado cuidadosamente el futuro puede impedir actuar (11,4.6). En 7,1-10 se nos recuerda que no es sensato preguntarse porqué cualquier tiempo pasad fue mejor. Y por siete veces se nos anima a disfrutar de las cosas buenas de a vida como don de Dios.