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INTRODUCCIÓN
Características generales
Título
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La forma hebrea Qohelet
es el participio femenino singular de la forma qal, de qahal,
de la que se deriva el nombre que significa asamblea, congregación. El
término, por consiguiente, designa a alguien que tiene una determinada
relación con una asamblea e indica posiblemente algún oficio concreto
(quizás maestro); o bien, por el contrario, el representante de la
asamblea, el Público personificado, y que, cansado de la enseñaza clásica,
va tomar a su vez la palabra.
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La forma castellana
Eclesiastés transcribe el término latino y griego (ekklesiastes,
dirigente de la ekklesia o asamblea); el nombre de Predicador
deriva de Lutero (Prediger), y en última instancia de San Jerónimo
(concionator).
Situación
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Figura en la Biblia griega y
en la Vulgata después de Proverbios, es decir en el 4º
lugar. En la Biblia Hebrea es uno de los cinco megillot, es decir,
de los cinco rollos de pergamino que se lee en las sinagogas en las
fiestas judías. Estos rollos son: Rut, Cantar de los cantares, Qohélet,
Lamentaciones y Ester, y vieneN en la Biblia hebrea
en este orden. En concreto Qohélet se lee en la
fiesta de los Tabernáculos (sukkot). Tiene lugar en otoño al
terminar la recolección de frutos, así por medio de
la lectura del Qohélet se invitaba a gozar con agradecimiento de los
bienes obtenidos en la cosecha, sin olvidar que son un don de Dios.
Canonicidad
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Pese a su originalidad está
enraizado en la tradición canónica hebrea. Conoce
el Pentateuco (Ecl 5,3-5 = Dt 23,33-24; Ecl 12,7 = Gn 2,7). Conoce
Proverbios aunque es crítico a su planteamiento.
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El enfoque de la vida es
bastante negativo y esto explica porqué el judaísmo rabínico discutió de
su canonicidad. La MISNÁ (Textos de tradiciones legales codificados hacia
el 200 d.C.) discute si este libro "mancha las manos" (por ser sagrado) o
si es mejor "esconderlo" (considerarlo apócrifo).
Algunos pensaban que tenía contradicciones (4,2 y 9,4) y otros mantenían
que el principio (1,3) y el final (12,3) salvaban las contradicciones;
este último sentir se impuso finalmente.
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En el canon cristiano fue
aceptado sin problemas (salvo una obra de Teodoro de Mopsuestia del s. V
no encontramos ninguna disensión).
Autor
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El versículo inicial parece
atribuir el escrito a un rey de Jerusalén, hijo de David. Esto hace pensar
en Salomón. Junto a esta referencia, el autor utiliza un seudónimo,
Qohélet.
Antigüedad
y composición
Género
literario y técnicas empleadas
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Esta pequeña obra contiene
una notable variedad de géneros literarios: sentencias, admoniciones...
Aunque el autor ha decidido la presentación en primera persona no se
intenta dar al libro un carácter autobiográfico, sin embargo acentúa así
el dramatismo, aunque sin salirse por ello del movimiento sapiencial.
Unidad y
estructura literaria
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Se lee en 30-45 minutos; al
menos los cc. 1 y 2 son
esenciales porque se ponen las bases para comprender el libro.
Los diversos estudios publicados proponen divisiones del texto muy
diferentes. La obra se estructura de acuerdo con
los diferentes temas que va tratando poco a poco.
Podemos hablar de una cierta unidad temática:
¿Qué provecho saca el hombre de todos los afanes que persigue bajo el sol?
(1.3) La respuesta es: ninguno. Eclesiastés
comienza (1,1) y termina (12,8) afirmando que "todo es vanidad".
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Pero
es a partir del capítulo 7 cuando se comienza a ponderar la importancia de
poner cierto afán en adquirir un cierto tipo de sabiduría. No vale
la pena empeñarse en adquirir la sabiduría que los sabios enseñan, la
tradicional, ya que es vanidad, es decir esfuerzo vano, empeño inútil. En
cambio, sí que tiene ventajas buscar otra sabiduría distinta, la que
proporciona el temor de Dios y se adquiere a partir de la contemplación de
lo que incomprensiblemente sucede en la realidad. Por eso, el libro se
podría dividir en dos partes, cada una de ellas con su propio esquema: 1ª
Parte: la sabiduría es vanidad (1,3-6,12):
nada hay nuevo bajo el sol y todo esfuerzo por encontrar
algo nuevo es vano y 2ª Parte: La sabiduría
reside en el temor de Dios: hay algunas cosas
que valen la pena saberse: entre
ellas que estamos en las buenas manos de Dios.
Contenido
Tema
principal
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“Vanidad de vanidades”
resume el tema del libro. Esta afirmación sirve de
inclusión en 1,2 y 12,8; además va incrustada en:
2,1.11.17.19.23; 4,4.8; 8,10; 11,10. El término cuya traducción
tradicional es “vanidad”, significa en primer lugar “vaho”, “aliento”, y
forma parte del repertorio de imágenes (el agua, la sombra, el humo, etc.)
que en la poesía hebrea describen la fragilidad humana.
Pero la palabra ha perdido su sentido concreto y para
Qohélet únicamente evoca lo ilusorio
y efímero de las cosas y, en consecuencia, la
decepción que éstas le reservan al hombre.
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Pero
este término no agota el interesante conjunto de
pruebas a las que el autor somete la vida. Todo lo sopesa -el placer,
las riquezas, el esfuerzo humano, la sabiduría misma- y todo lo
encuentra deficiente. Vuelve una y otra vez a las
incertidumbres de la vida, a la falta de una señal clara de sanción
divina, al hecho lamentable de la muerte. Visto lo cual la respuesta más
adecuada es aceptar los pequeños goces que Dios da al hombre (doce veces
se dice que Dios da algo: 3,12-13; 5,17-18; 9,7-10, etc.).
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Para Qohélet, todo incluso la
misma sabiduría que no puede dar respuesta a los interrogantes más
profundos del hombre, es esfuerzo inútil, vanidad. Propone
como verdadera sabiduría reconocer la limitación del conocimiento
de la vida humana, temer al Señor y aprovechar las cosas
buenas del momento presente. Así
pues, también podría decirse que la lección
fundamental del libro se expone en 5,6: “Tú,
teme a Dios”. Lo más razonable es apoyarse en
Dios, puesto que toda la sabiduría de este mundo,
por sí sola, es vana.
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Solo sabiendo que todo es
vanidad el hombre se sitúa como un sabio ante la realidad de este mundo.
Sólo con esta sabiduría se está en disposición de recibir y aceptar
(don) una respuesta dada por Dios mismo que colme totalmente las
legítimas aspiraciones del corazón humano. No obstante Qohélet no tuvo
aún tal respuesta. Pero aún así su aportación es grande
al mostrar al hombre que este mundo en sí mismo no es digno de él,
prepara así la respuesta escatológica a la vez que anima a una
religión más desinteresada de las
cosas materiales, y a una oración que sea
la adoración más humilde de la criatura
consciente de su nada en presencia del misterio de Dios.
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Qohélet como ningún otro
autor de la Escritura, ha proclamado el sinsentido y fugacidad de la vida,
la fugacidad e inconsistencia de las riquezas y el poder que son los
pilares que fundamentan las seguridades humanas, la vaciedad, en suma, de
todas las cosas frente a la inconmovible fe en el Dios de Israel, Señor
del mundo y de hombre. La presencia del Eclesiastés entre los libros
sagrados nos enseña que Dios también está presente, y muy especialmente,
en las dudas e incertidumbres del hombre de corazón sincero, que busca,
sin encontrarlo, el sentido de la vida en medio de las tinieblas más
espesas. Este libro es una prueba evidente de que Dios no abandona al
hombre en ningún tramo de su camino zigzagueante hacia la verdad escondida
que es él. Este libro pone una vez más de manifiesto que nada puede hacer
perder esa RELACIÓN PERSONAL ÍNTIMA QUE DIOS QUIERE
ESTABLECER CON NOSOTROS.
Innovaciones
conceptuales del libro
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Qohélet es un duro crítico
del movimiento sapiencial. Los sabios anteriores se habrían permitido el
lujo de establecer una serie de categorías fijas y seguras: la justicia
conduce a la vida; la maldad, a la muerte. En efecto, aún reconociendo en
el plano teórico que los planes de Dios son insondables (Prov, Job) se
tendía a meter a Dios en los estrechos esquemas de la mente humana. La
teoría de la retribución divina resume esta posición. Para apreciar
bien en la obra del Qohélet su carácter auténticamente religioso, es
necesario no perder de vista esta perspectiva.
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Se propugna en esta obra la
soberanía e independencia de Dios que no puede ser limitado ni obligado
por consideraciones humanas. Qohélet restituye a Dios la libertad (la
libertad para dar).Al mismo tiempo que subraya la validez de la razón
humana en su búsqueda de la verdad, enseña el valor relativo de este
mundo. Muestra cómo el sentido último de esta vida escapa a las fuerzas
del hombre y prepara así el camino para la revelación de la doctrina de la
gracia (don de Dios) contenida en el NT.
Resumiendo
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Es difícil resumir
en un párrafo el contenido de este complejo libro, pero puestos a hacerlo
diríamos que Qohélet
trata de afrontar sin miedo y con serenidad las cuestiones
difíciles de la
vida,
consciente de las limitaciones de la razón humana, pero sin desanimarse
ante un aparente sinsentido de la vida; de saber
convivir con problemas no resueltos, sin condicionar el empeño ni la
alegría de vivir y tratar de encontrarles solución.
De vivir en el presente, y
disfrutar de los momentos que tiene por
delante y servir a Dios desde los días de la
juventud sin esperar a la vejez cuando falten las fuerzas.
Ocasión, destinatarios e intención de la obra
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La obra se sitúa en el
momento en que Dios quiere ir preparando a su pueblo para una comprensión
nueva del significado de la vida y de la muerte. En concreto, conviene
tener presente que Qohélet no conoce aún lo que se refiere a la vida
después de la muerte; será necesario que pase al menos un siglo hasta
que en el libro de Daniel y después en el segundo de los
Macabeos se afirme la retribución y resurrección después de la muerte;
será ya a las puertas del NT cuando el libro de la Sabiduría se
revele con toda claridad esta verdad. Algo análogo ocurre con la idea
que el libro trasmite de Dios. Dios es creador y
providente pero distante de sus criaturas.
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En el momento histórico en
que se escribe Qohélet, estamos probablemente en el siglo III a.C., la
cultura griega y la helenización consiguiente se hacen notar en Israel. El
autor está abierto al diálogo con la cultura griega que impregnaba el
ambiente cultural y conoce los esfuerzos de los sabios israelitas que le
habían precedido; pero ni unos ni otros satisfacen su búsqueda acerca
del sentido de la vida. Los griegos
por prescindir del temor de Dios y los sabios judíos por no
plantearse con radicalidad, como hace él, el problema. Por eso continúa
por otros caminos manteniéndose fiel a la fe en el Señor su Dios.
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Qohélet con
esta actitud nos enseña algo de perenne actualidad: el hombre que
cree en Dios no puede desentenderse de las cuestiones que afectan a sus
contemporáneos, sino que movido por su fe debe salir a su encuentro para
establecer un diálogo con ellos y abrir, desde sus convicciones
religiosas, nuevas vías de solución a los problemas que preocupan a todos.
El libro en el
NT y en la Tradición.
En el NT
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Sorprende que
no haya una referencia directa en el NT al Eclesiastés. De todas formas,
Jesús parece tener en cuenta ciertos elementos de la sabiduría
humana expresados por Qohélet. Así Qo 3,1.4 parece resonar en Jesús cuando
invita a reconocer a los oyentes qué es lo propio de cada momento, del
momento de la preparación y del momento de la venida del Mesías (cfr. Mt
11,16-19). Jesús les reprocha el no haber sabido reconocer los planes
salvíficos de la sabiduría de Dios, que se cumplirán a pesar de la
incomprensión de algunos.
Interpretación en la tradición cristiana.
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Los
comentarios
más
antiguos que se conservan están fragmentados:
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Comentarios
que se conservan completos:
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el de
San Gregorio Taumaturgo (s.III) donde se
afirma que "el propósito del Eclesiastés es
mostrar que todos los negocios y búsquedas del hombre que se emprenden
en cosas humanas son vanos e inútiles, con el fin de conducirnos a las
cosas celestiales".
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En sus homilías
San Gregorio de Nisa (s. IV) sigue la misma
línea: "El propósito del libro es elevar la mente por encima de todo
objeto material y aquietarla, para que pueda remontarse por encima de
todo lo que parece grande y sublime en este mundo, hasta aquello que las
percepciones de los sentidos no pueden alcanzar; y suscitar en ella un
anhelo por lo supra-sensible".
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Su contemporáneo
San Jerónimo dice que
"pretende mostrar la completa vanidad de todo placer terreno y, por
tanto, la necesidad de dedicarse a una vida ascética, consagrada
enteramente al servicio de Dios"
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Uno de los mejores
comentarios patrísticos es el de Gregorio de Agrigento (s. VI)
que es partidario de una interpretación
más literal.
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Vemos por los
comentarios de estos autores como la patrística, seguida por la
tradición cristiana posterior, ha orientado
en un sentido completamente distinto el mensaje de la obra.
Por ejemplo, San Gregorio Magno en sus Diálogos
reducía los pasajes escabrosos a otras tantas objeciones de adversarios
descreídos, a los cuales Qohélet oponía la enseñanza ortodoxa del temor de
Dios y de la observancia de los mandamientos (12,13).
La
Edad Media, siguiendo la intuición de San
Gregorio Taumaturgo (270 d.C.), leyó el libro como una exhortación
ascética a la huida del mundo y a la
vida monástica. El desenlace de la obra es entonces casi místico. En
realidad, la Imitación de Cristo completaba la “vanitas
vanitatum” del Eclesiastés con una adición muy diferente y
significativa: “conviene amar a Dios y a él solo servir”. El
mensaje del libro se transforma en un canto del amor de Dios, superior a
toda la alegría humana; es más, el desprendimiento, el descubrimiento de
la inconsistencia de las cosas y de los afectos terrenos
permiten vislumbrar cada vez mejor el esplendor de lo eterno y de
lo infinito. Más, como es evidente, en Qohélet falta justamente la segunda
parte de este aserto: la vida está vacía, pero Dios está en esta obra aún
lejano y misterioso, y el hombre se halla prisionero de sus límites y de
miseria. Tenía que esperar aún un poco.
Uso eclesial del
Eclesiastés
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Es muy pequeño su
uso litúrgico, tan solo:
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El
Domingo XVIII del T.O. en
el ciclo C (Ecl 1,2; 2,21-23).
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Además tres lecturas en la
semana XXV del T.O. (Ecl
1,2-11; 3,1-11 y 11,2-12,8).
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En la Liturgia de las Horas
se leen perícopas del Eclesiastés con salmos
responsoriales durante la semana XX del T.O.
Interpretación a la
luz del NT.
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Algunas ideas que preocupan
al hombre de todos los tiempos y que se encuentran reflejadas en Qohélet
se ven con nueva luz en la enseñanza del NT. Las dos nociones claves del
Libro -la verdadera sabiduría (que se adquiere al ver la
vanidad de las cosas) y el temor de Dios- se perfeccionarán en el
mensaje del NT.
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La verdadera sabiduría está
“en Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la
sabiduría y de la ciencia”(Col 2,2-3).
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Y el temor de Dios ha de
entenderse como amor, no como miedo, porque Dios es Padre. Esta
es la convicción que debe regir la conducta: “En el amor no hay
temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor
supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor”(1 Jn 4,18).
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Qohélet en muchos aspectos se
queda corto y sus enseñanzas han de ser completadas con
otros libros bíblicos especialmente con la
luz de la doctrina evangélica. Por ejemplo:
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su actitud ante los
bienes terrenos frente a Lc 12,16-21; el NT confirma la sabiduría de
disfrutar de los pequeños goces de este mundo pero en cuanto que
reflejan la bondad de Dios y son ocasión para darle gloria
(Lc 12,27-30; 1 Cor 10, 31).
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Pero sobre todo el NT da
respuesta a la inquietud de Qohélet ante la inutilidad de las cosas de
este mundo. San Pablo está de acuerdo en que la creación se ve sujeta a
la vanidad (Rm 8,20), pero
tiene la esperanza de que también la misma creación será liberada de la
esclavitud de la vanidad para participar de la gloriosa libertad de los
hijos de Dios (Rm 8,20-21).
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Por otra parte la
conciencia de la vanidad de la vida y las acciones humanas es asumida
por el Apóstol cuando enseña que el hombre no puede justificarse por sus
obras, sino por la gracia que recibe de Dios. Es don de Dios.
Frente a la impotencia de la capacidad humana para entender el sentido
último de la vida, afirma que en Jesús se nos ha dado toda sabiduría e
inteligencia, revelándonos el Misterio de la voluntad del Padre (cfr. Ef
1,7-9), o lo que es lo mismo como dice el CVII que “el
misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”
(GS, 22). Qohélet testimonia que era imposible desvelar el
misterio del hombre antes de Cristo.
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La palabra de Qohélet se ha
de interpretar también a la luz de la encarnación de la palabra de Dios
dentro de la historia y de los límites del hombre. Se trata de percibir la
realidad de una Palabra que se hace carne, que se hace sufrimiento, ansia,
duda, pregunta. Es como si desde dentro de la misma
crisis de fe, en el mismo silencio total, Dios pudiera esconder
paradójicamente su presencia, su revelación.
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El terreno humano en el que
parece más fácil la apostasía o el vacío puede ser misteriosamente
fecundado por Dios, que con estas páginas no ha vacilado en revelarse
también a través de las tinieblas de un hombre que busca desconsolado,
de un hombre en crisis. De este modo percibimos que el silencio de Dios
y de la vida no es necesariamente una maldición, sino una ocasión
paradójica de encuentro por caminos sorprendentes, aunque por ahora
(como le ocurría a Qohélet) no visibles ni comprensibles.
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