Notas:
La Biblia es un libro de
una antigüedad admirable y de un eminente valor para la cultura de la humanidad.
Sin embargo no es sólo eso. No es una obra comparable a la Iliada, la Eneida,
los Nibelungos o el Cantar de Mío Cid.
El lector creyente sabe que tiene un valor específico muy señalado porque en
ella se contienen enseñanzas que Dios mismo ha querido que fueran consignadas
por escrito para nuestra salvación.
Los “libros históricos” del Antiguo Testamento, como parte que son de la Biblia, aunque tengan algunos elementos formales comunes con otros libros análogos del mundo antiguo no pretenden transmitir la fría noticia de unos hechos acaecidos, sino una interpretación concreta (contemplada desde el punto de vista de Dios y las circunstancias peculiares del pueblo de Israel) de algunos acontecimientos que son trascendentales para la historia de la salvación. Para poder acceder con pleno conocimiento de causa a esos textos sagrados vale la pena detenerse antes para precisar su valor y lo que cabe buscar en ellos.
Esto también sucede en la actualidad. Los modos de narrar por escrito un mismo acontecimiento pueden ser muy distintos. Depende, entre otras cosas, de la personalidad del escritor, de su concreta situación histórica, del destinatario de cada texto y de la finalidad de esa redacción concreta.
También sucede, hoy como ayer, aunque era mucho más frecuente en la antigüedad, que el escritor utilice en su composición textos que ya estaban escritos, seleccionando adecuadamente lo que desea aprovechar de los mismos, organizándolos sistemáticamente para el fin que se propone, e introduciendo en ellos los retoques pertinentes para transmitir a partir de esos textos básicos el mensaje adecuado a sus lectores.
En esa predicación de los profetas (entendido este término en sentido amplio, como todos los que enseñan al pueblo) actuaba ya un carisma especial de Dios para iluminar con el recuerdo de las gestas pretéritas las nuevas situaciones reales de la gente. Esta predicación quedó plasmada en materiales literarios y en instituciones que eran vivo reflejo en cada época de esas enseñanzas.
cfr 2 Re 22,3-23,27
cfr Ne 8,1-18
De hecho, como es bien conocido, los primeros cristianos compartieron con el rabinismo la creencia en la perennidad de la Ley de Israel, pero, a diferencia de ellos, reconocieron que esa Ley no quedaba cerrada en si misma sino que alcanzó su plenitud en la enseñanza de Jesucristo. Esa plenitud no es sin embargo la ratificación de la obligatoriedad de su cumplimiento literal, sino una profundización en su enseñanza que llega mucho más lejos que una simple observancia de los preceptos en su mera literalidad. En la Iglesia, los textos del Antiguo Testamento alcanzan la plenitud de su sentido cuando se leen en referencia a Jesús.
Sin embargo, en la concepción rabínica de las Escrituras, el centro de referencia no está en Jesús sino en la Torah.
Así por ejemplo: San Agustín, De doctrina christiana.
B. Spinoza valora las intuiciones de Ibn ‘Ezra’ y aporta algunos otros datos; no contempla el Pentateuco como una unidad independiente sino como parte de una obra más extensa que llega hasta el final de los libros de los Reyes, en cuya composición ha sido fundamental la intervención de Esdras el escriba.
Las leyes tendrían un origen mosaico, pero los relatos narrativos, unos procedían de tradiciones orales anteriores a Moisés, y otros serían puestos por escrito por escribas contemporáneos al mismo, y después muy retocados por otros a lo largo de los siglos hasta que Esdras diera su forma final al conjunto. Estas adiciones sucesivas habrían sido obra de unos “escribas públicos” que tenían una misión legislativa en el pueblo hebreo.
De Wette concluyó que las instituciones religiosas, tal como se describen en Crónicas, deben ser una proyección de la situación vigente en el momento de redactar la obra, a finales del periodo persa o comienzos del helenista.
Y escribe en 1863, K. H. Graf, que el documento que éste había considerado como básico era el más tardío, de la época del Destierro o después; promulgado por Esdras sirve de marco a los otros tres; primero estarían los documentos yahwista y elohista, y a continuación, en tiempos de Josías, se compondría el Deuteronomio.
J. Wellhausen, Die Composition des Hexateuchs und der historischen Bücher des AT, Berlin 1889, reeditado en 1963. En este volumen recoge una serie de artículos publicados en 1886 y 1887.
Para una visión más detallada de la historia de la crítica del Pentateuco, cfr O. Eissfeldt, Einleitung in das Alte Testament, Tübingen 1964 (ed. italiana, Introduzione all’Antico Testamento, Brescia 1980).
Un buen status quaestionis de la situación actual de la investigación es el estudio de S. Ausín, La composición del Pentateuco. Estado actual de la investigación crítica, en “Scripta Theologica” 23,1 (1991) 171-183.

En el desarrollo de todo esta lección seguimos muy de cerca este excelente trabajo. Cfr también J. Blenkinsopp y J.L. Ska.

Cfr H. Cazelles, La “Torah” o Pentateuco, en H. Cazelles (dir.), Introducción crítica al Antiguo Testamento, vol. II, Herder, Barcelona 1981, pp. 152154
Cfr J. Prado, Últimos esbozos católicos sobre el Pentateuco, en “Sefarad” 15 (1955) 410-453
Cf. P. Volz, Grundsätzliche zur elohistischen Frage. Untersuchung von Genesis 1536, en P. Volz-Rudolph, Der Elohist als Erzähler. Ein Irrweg der Pentateuchkritik? (BZAW, 63) Giessen 1933.
Cf. U. Cassuto, La Questione della Genesi, Florencia 1934. Véase la crítica a las obras de Cassuto llevada a cabo por J.A.Eme-non, An Examinacion of Some Attempts to defende the Unity of the Flood Narrative in Genesis, en VT 37 (1987) 401420.
Afirma que Samuel sería el autor del Deuteronomio, y muchas leyes serían posteriores. Entre los relatos se reconoce la existencia de algunas fuentes, entre otros un yahwista y un elohísta. El Pentateuco sería terminado por Esdras.
Esta respuesta, así como las otras tres respuestas, que precisan algo más el sentido de esta, pueden verse en Dz 2121-2128 y 1997- 2000
Los textos completos de esta carta pueden verse en el Enchiridium Biblicum, 3ª ed., nn. 577558; DS 3862 864; Dz 2302.
H. Gunkel escribió primero su trabajo Schöpfung und Chaos in Urzeit und Endzeit, Berlin 1895, recogido después en su famoso comentario Genesis übersetzt und erklärt, Göttingen 1910 y 1917
G. von Rad, Das formgeschichtliche Problem des Hexateuch, (BWANT, 26), Stuttgart 1938.
M. Noth, Überlieferungsgeschichte des Pentateuch, Stungart 1948.
Su obra más importante es Gamla Testamentet. En Traditions-historisk Inledning, I, UpsalaStock-holm 1945.
J..G. Vinck asigna la misma época para P: The Date and the Origin of the Priestly Code, OTS 15 (1969) 1-44.
J. Van Seters, The Jahwist as Theologian? A Response, JSOT 3(1977) 1519; In Search of History. Historiography in the Ancient Word and the Origins of Biblical History, New HavenLondon 1983; y J.van Seters, Abrahán in History and Tradition, New HavenLondon 1975.
J.van Seters, The Primeval Histories of Greece and Israel compared, ZAW 18(1988) 122
Th. Römer, Israels Väter. Untersuchungen zur Väterthematik im Deuteronomium und in der deuteronomistischen Tradition, (OBO 99) FreiburgGöttingen 1990
R. Rendtorff, Das überlieferungsgeschichtliche Problem des Pentateuch, (BZAW 147), BerlinNew York 1977. Aunque parte de la hipótesis de M. Noth, pronto se apartó radicalmente de ella. Además critica a G. von Rad y M. Noth por saltar injustificadamente de la historia de la tradición a la hipótesis de los documentos.
En inglés —Pentateuchal Studies on the Move, JSOT 3 (1977) 4345—; Rendtorff había expuesto su postura en Der “Jahwist” als Theologe? Zum Dilemma des Pentateuchkritik, en el Congreso de la IOSOT tenido en Edimburbo en 1974; Cfr Congress Volume Edimburgh, L.eiden 1975, pp.158-166.
E. Blum, Studien zur Komposition des Penta-teuch (Berlin-New York, 1990.
The making of the Pentateuch. A Metho-dological Study (IJSOT supp. 53, Sheeld 1987)
Es importante en este sentido el trabajo de A. de Pury, Promesse divine et légende cultuelle dans le cycle de Jacob (Paris, 1975). (Además Cf. los siguientes estudios de S. Ausín, La tradición del Éxodo en los profetas, en J. Mª Casciaro (dir.), Biblia y hermenéutica (Pamplona,1986) 423-438. S. Ausín, La tradición de Jacob en Oseas 12, en “Estudios bíblicos”, 49,1 (1991) 523 S. Ausín, La tradición de la Alianza en Oseas, en G. Aranda y otros (ed.), Biblia, exégesis y cultura. Estudios en honor del Prof. D. José Mª Casciaro (Pamplona, 1994) 127-146).
(En este sentido, los estudios de Coats acerca de algunos pasajes del Éxodo.
Primero, la arqueología confirma eventos y personalidades históricas específicas mencionadas en el texto bíblico. Un ejemplo reciente es la inscripción de Tell Dan.5 El 21 de julio de 1993, un equipo de excavación descubrió en Tell Dan6 una piedra de basalto inscripta. El hallazgo inspiró muchos escritos de eruditos bíblicos y confirmó el relato bíblico.7 La estela (una especie de bloque de piedra vertical con una inscripción, frecuentemente usada para marcar un límite o conmemorar un evento importante en la vida de su creador, por ejemplo, una victoria militar) era parte de un muro, datada por su excavador, el profesor A. Biran del Colegio Hebreo Unión en Jerusalén, de mediados del siglo IX a. de C. De manera que sería contemporánea del rey Acab de Israel o el rey Josafat de Judá. La parte emocionante de este descubrimiento tiene que ver con el contenido de la estela, que menciona a “Israel”, y —por primera vez en un material extra-bíblico — a “la casa de David”, que muy probablemente estaba precedida por una referencia a un rey específico (en la línea 9 de esta inscripción). Algunos fragmentos adicionales hallados en 1994 sugieren que la estela se refiere a la muerte de Joram de Israel y Ocozías de Judá por Hazael (compara con 2 Reyes 9). La referencia a la “casa de David” es clara y más allá de toda discusión. En el Antiguo Testamento la “casa de David” se refiere no solamente a la familia o personas que vivían bajo el techo del rey David (1 Samuel 19:11; 20:16), sino también a sus descendientes que ocuparon el trono en Jerusalén y reinaron sobre Judá (2 Samuel 3:19; 1 Reyes 12:19, 20). Parece razonable argumentar que la “casa de David” es una referencia al reino de Judá y que la mera referencia a David —fuera de la Biblia— despeja el campo de numerosos desafíos a la historicidad del rey David.8
La población de los altos de Judea presenta interesantes analogías y contrastes con las zonas altas de la región de Efraín. En el Hierro II, que en la región sur se extiende del 1000 al 700 a.C., Jerusalén era un pueblo, análogo a otros de la Safela como Guézer y Lakish. No parece que la supremacía de la ciudad llegara muy lejos, ni que tuviera una extraordinaria importancia. Varios hechos parecen testimoniar esta realidad. Uno de ellos es que cuando el faraón Sosenk realizó su campaña por el sur de Palestina atacó las ciudades del valle de Ayalón, pero no Jerusalén. De otra parte, de las cartas encontradas en Arad se deduce que Arad era políticamente independiente de Jerusalén. Incluso, en el aspecto religioso, uno de los textos de Kuntillet Ajrud al hablar de los dioses de la zona cita a Yahweh de Samaría y a Yahweh de Temán, pero no hace ninguna mención de Jerusalén. Aunque ninguno de estos datos se opone a que hubiera un poder en Jerusalén que se extendiera a una cierta zona, sí que parecen indicar que esta estructura política no constituía una fuerza muy importante. Tampoco se conocen nombres concretos de sus gobernantes en inscripciones de la época. Solamente se ha encontrado una posible alusión a ellos con el denominativo genérico de la "casa de David". Da la impresión de que hasta el final del siglo VIII a.C. Jerusalén se disputaba con Hebrón y con las poblaciones de la Safela, sobre todo Lakish, el control de esas zonas altas de Judea. En cualquier caso, no es probable que esas ciudades dependieran de Jerusalén en ese tiempo, sino que más bien los datos actuales apuntan a que eran competidoras de la misma.
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Bronce antiguo |
3300-2200 |
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Bronce medio I IIA IIBC |
2200-2000 2000-1750 1750-1550 |
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Bronce tardío I IIAB |
1550-1400 1400-1200 |
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Hierro IA IB IIA |
1200-1150 1150-1000 1000-900 |
En la “historia de los orígenes” se diferencian con bastante claridad textos con unas características literarias propias que permiten encuadrarlos en las tradiciones yahwista y sacerdotal. No obstante, conviene hacer notar que actualmente, aunque se sigue conservando la denominación dada por Wellhausen a sus hipotéticos documentos previos a la composición del Pentateuco, ya no se corresponde el contenido de esos términos con lo que él había postulado. Como se va haciendo cada vez más patente a partir de los estudios de Van Seters, el yahvista y el sacerdotal se trata de dos momentos redaccionales independientes de tradiciones antiguas, cada uno con sus características literarias propias, aunque ambos en la época del destierro o después, y con profundas relaciones entre sí. Es muy posible que, durante la cautividad de Babilonia, algunos de los judíos deportados pudieran conocer más a fondo la cultura y tradiciones babilónicas sobre los orígenes, y encontraran en ellas la inspiración literaria necesaria para plasmar los nuevos avances de la Revelación divina en ese momento.
Dios ha creado el mundo con toda su riqueza y orden admirable. El primer relato de la creación está constituido como una secuencia de seis días de trabajo divino que culminan con el reposo del día séptimo. Al final del trabajo realizado cada uno de los días se dice que “vio Dios que era bueno”, ya que las criaturas reflejan la sabiduría y bondad divina. El ser humano, hombre y mujer, es la cumbre de la creación pues está hecho a imagen de Dios, une en su propia naturaleza el mundo material y el espiritual, y Dios lo estableció en la amistad con El. El ser humano está llamado a hacer las veces del Creador entre sus criaturas mediante su trabajo. Por eso el hombre debe respetar ese orden sapientísimo impreso por el Creador en ellas y cuidar la bondad propia de cada una respetando la naturaleza. El hombre está llamado a vivir su amistad con Dios respetando el orden propio de las cosas, y por tanto sometido libremente a su Creador. Este es el sentido que tiene lo que el relato bíblico expresa en lenguaje mítico como la prohibición hecha al hombre de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal: que el hombre depende del Creador, está sometido a las leyes de la Creación y al orden establecido en ella, que debe regular el uso de la libertad propia de su naturaleza, como regula la naturaleza propia de todas las criaturas.
Sin embargo, desobedeció al mandamiento divino, se prefirió a sí mismo y quiso ser como Dios. De este modo entró el pecado en el mundo y rompió la armonía original: la creación se vuelve hostil al hombre, el trabajo se hace penoso, y la muerte entra en su vida de modo que el mismo hombre haya de volver al polvo del que fue tomado. A partir de ese momento el pecado se difunde por el mundo: Caín mata a su hermano Abel, y se extiende la corrupción universal como consecuencia del pecado.
Sin embargo, Dios no abandonó al hombre tras su caída y le anunció de modo misterioso la victoria sobre el mal, y la venida de un descendiente de la Mujer sobre la serpiente, tras un duro combate: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar (Gen 3,15).
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Éxodo |
Secciones principales |
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1,1-6,27 |
1. La liberación anunciada |
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6,28-11 |
2. La liberación retrasada |
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12-16 |
3. La liberación realizada |
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17-24,11 |
4. La Alianza en el Sinaí |
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24,12-31 |
5. La adoración anunciada |
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32-34 |
6. La adoración retrasada |
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35-40 |
7. La adoración realizada |
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Éxodo |
Secciones principales |
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1,1-6,27 |
La opresión en Egipto; primeros pasos de Moisés |
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6,28-11 |
La plagas de Egipto; la negativa del faraón |
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12-16 |
La última plaga; 12-13: leyes sobre la pascua, los ázimos y los primogénitos. La partida: el milagro del mar |
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17-24,11 |
El gran encuentro con Dios; el decálogo (20,1-17); el código de la Alianza (20,22-23,33). La conclusión de la Alianza |
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24,12-31 |
El proyecto del santuario revelado a Moisés |
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32-34 |
La crisis del becerro de oro: la reconciliación; el código ritual (34,14-26) |
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35-40 |
El santuario construido con entusiasmo y consagrado por la presencia divina |