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Lección 19

Lección 20
Lección 21
Lección 22

Lección 23
Lección 24

 

 

 

Lección 9: El libro de los Números

 

INTRODUCCIÓN ESQUEMÁTICA

  • Estructura y contenido
    • En el desierto de Sinaí (1,1 - 10,10)
          – Censos, preparativos para la marcha
    • En Cadés (10,11 -20,21)
          – Maná, 70 ancianos, codornices, exploradores, leyes, rebelión de Coré
    • En el camino de Cadés a Moab (20,22 - 21,35)
          – Serpiente bronce, victoria sobre Og y Sijón
    • En las llanuras de Moab (22,1 - 36,13)
          – Oráculos de Balaam
  • Las tradiciones de Israel en el desierto
    • Huella de una etapa nómada en la cultura y costumbres
    • Episodios que se pueden relacionar con recuerdos del desierto:
          – Maná
          – Codornices
          – Serpiente bronce
    • Posibles rutas por el desierto y
    • Tiempo en el desierto antes de entrar en Canaán. 
  • Sentido teológico de Números
    • Dios guía a su pueblo, que es una comunidad santa y estructurada
    • Presencia de Dios en medio de su pueblo
    • Experiencia de pruebas, infidelidades, purificación. El pueblo que entrará en la tierra prometida es un pueblo renovado
    • Recuerdos que dan sentido a la peregrinación del pueblo de Dios en la historia
  • Significación de Números en la fe de la Iglesia
    • Jesucristo, antes de comenzar la vida pública, estuvo en el desierto, fue tentado y salió victorioso
    • En Cristo se encuentra plenamente lo entonces prefigurado: agua viva, pan del cielo, camino, exaltado es medio de salvación.
    • La Iglesia, pueblo de Dios santo y estructurado, que peregrina por el mundo, reunida en torno al Señor
    • Israel, figura de la Iglesia en su peregrinación terrena    

 

DESARROLLO DEL CONTENIDO 

El nombre del libro, Números, proviene de la traducción griega de los Setenta que lo titulaba arithmoí (“números”) atendiendo a los censos del pueblo que aparecen al comienzo. Entre los judíos recibe el nombre de Bemidbar (“en el desierto”), ya que el primer versículo comienza con esta palabra que además alude al contenido peculiar de la obra: la estancia y peregrinación del pueblo de Israel por el desierto donde Dios se le manifestó.

 

Estructura y contenido
del libro de los Números

 

El contenido del libro de los Números se estructura en cuatro partes, que corresponden a los escenarios del desierto en los que se va encontrando el pueblo de Israel:

 

El pueblo en el desierto del Sinaí

(1,1-10,10)

El pueblo en Cadés

(10,11-20,21)

El pueblo en el camino entre Cadés y Moab

(20,22‑21,35).

El pueblo en las llanuras de Moab

 

1. El pueblo en el desierto del Sinaí (1,1‑10,10). Allí aparece el pueblo en toda su magnitud numérica y su profunda estructura religiosa, disponiéndose para iniciar la marcha. En ese contexto aparece el recuento por tribus de los israelitas varones aptos para la guerra y la descripción de su posición en el campamento. La tribu de Leví se cuenta aparte de las demás, y con motivo de los detalles relativos a su organización se introducen en el texto diversas leyes sobre pureza, relaciones mutuas, voto de nazareato, fórmula de bendición, etc. Antes de la partida se vuelve a explicar, aunque ya se había hecho en el Éxodo, el significado y función de la nube que los acompaña y la utilización de las trompetas para convocar al pueblo.

 

2. El pueblo en Cadés (10,11‑ 20, 21). Este lugar se encuentra entre el desierto de Parán y el de Sin. Allí, en Cadés, el pueblo se rebela contra el Señor y experimenta la amargura del castigo divino, la eficacia de la intercesión de Moisés y la misericordia de Dios que perdona una y otra vez. Así, por ejemplo, el episodio del fuego de Taberá, la protesta por el maná y las dificultades de Moisés para gobernar al pueblo, la respuesta de Dios con la institución de los setenta ancianos y el envío de las codornices, la murmuración de Aarón y María contra Moisés. En ese mismo contexto se narra la exploración de Canaán y la negativa del pueblo a luchar para entrar en la Tierra, así como su fracaso cuando, al fin, se deciden a hacerlo sin contar con Dios. Aparecen a continuación, diversas leyes sobre sacrificios, ofrendas, expiación, guarda del sábado y de la Ley, expresamente indicadas para cuando el pueblo entre en la Tierra. La rebelión de Coré, primo de Moisés y Aarón, que se narra a continuación, es el marco apropiado para exponer también en este contexto la legitimidad sacerdotal de la familia de Aarón, así como las funciones y derechos de sacerdotes y levitas, y los ritos de expiación. Tras introducir estas leyes continúa de nuevo el relato de la estancia en Cadés pensando ya en la partida y vuelve a retomarse el argumento de fondo: la protesta del pueblo, esta vez por la falta de agua. Se introduce también una explicación de por qué han de continuar por una ruta imprevista: porque Edom les cierra el paso.

 

3. El pueblo en el camino entre Cadés y Moab (20,22‑21,35). Incluye diversas etapas, en las que el pueblo de Israel sigue experimentando el castigo y la misericordia de Dios. Los principales sucesos narrados en ese nuevo escenario son: la muerte de Aarón, la toma de Jormá, la constante protesta del pueblo que culmina con el episodio de la serpiente de bronce, y algunos recuerdos sobre lugares concretos que van unidos a poemas y canciones. Finalmente, en este recorrido, se recuerdan las victorias sobre Sijón y Og que les abren el camino a las llanuras de Moab, último escenario.

 

4. El pueblo en las llanuras de Moab (22,1‑ 36,13). Se comienza con el relato de los oráculos de Balaam, que resaltan la grandeza y el glorioso futuro de Israel, y continúa con el de la infidelidad del pueblo en Peor. Una vez que se está llegando al final del viaje por el desierto se presenta un nuevo censo del pueblo orientado a la partición de la Tierra.     En ese contexto se plantea también ya la herencia de las hijas y la sucesión de Moisés por parte de Josué. Asimismo, se recogen diversas leyes sobre sacrificios, fiestas y votos que el pueblo habrá de cumplir cuando tome posesión de la tierra prometida. El tema de la conquista y el reparto de la Tierra, que está en el trasfondo de esta última parte del libro, encuentra ya como una primera realización en la guerra contra Madián y el reparto del botín apresado, así como en la distribución de Transjordania entre algunas tribus. Esto hace volver un momento la mirada hacia atrás, mostrando con detalle el camino que todas las tribus han recorrido desde Egipto para exponer, a continuación, cómo habrá de ser el reparto de la tierra de Canaán.

 

Las tradiciones de Israel
en el desierto

 

De la estancia y el paso de los israelitas por el desierto no se ha encontrado ningún testimonio arqueológico. No es extraño, dadas, por una parte, las condiciones del desierto, y, por otra, el tipo de vida ambulante del pueblo en aquella situación. Sin embargo sí que ha quedado una fuerte huella de aquel tiempo en la misma configuración del pueblo de Israel: en su forma de hablar, en la que por ej. “tienda” significa “casa”; en algunas costumbres, como la venganza de sangre y la importancia de la hospitalidad; en la misma estructura por tribus; y, sobre todo, en su religión centrada en el culto al Señor.

 

Por otra parte, muchas de las intervenciones divinas que se recuerdan en las tradiciones de Israel encajan en el ambiente de aquel desierto: la falta de agua; el maná como secreción de una planta (el terebinto?), las codornices que llegan exhaustas del mar, la serpiente de bronce en la zona minera de Esyon Gueber, la misma geografía subyacente, y las noticias sobre los pueblos que habitan el área en aquel tiempo. El testimonio, por tanto, de Números acerca de que Israel provenía del desierto, presenta rasgos de verosimilitud histórica, al menos en algunos aspectos generales. En las tradiciones quedan recogidos ciertamente antiguos recuerdos enraizados en el tiempo del desierto; pero con frecuencia son recuerdos anecdóticos que, en cierto modo se han desvinculado del grupo que los había transmitido, y se han generalizado aplicándolos a todo el pueblo.

 

No es de extrañar, por tanto, que en el libro queden aspectos oscuros desde el punto de vista histórico. Así se suscitan cuestiones como las siguientes: ¿Cuál fue la ruta que siguieron desde el Sinaí hasta Moab? Según Números, desde el Sinaí, al sur de la península del mismo nombre fueron a Cadés situado en la parte nororiental, y desde allí, bajando de nuevo hacia el sur hasta cerca del golfo de Aqaba, rodearon Moab y subieron de nuevo dirección noreste hasta Transjordania. En el libro se dan explicaciones claras de este gran rodeo, y no hay razones de peso para pensar que, al menos algunos grupos conducidos por Moisés, no hicieran efectivamente este recorrido. Sin embargo, hay indicios, sobre todo en el libro de los Jueces, para suponer que algunos grupos, como Judá, entraron en Canaán por el sur, es decir, desde la zona de Cadés, y que las tradiciones en torno a este lugar parece que constituyen un grupo diferenciado de las del Sinaí. También es cierto que el camino del Sinaí a Cadés no tiene apenas relieve en el libro, y que un episodio como el de las codornices se explica mejor en la costa norte, junto al mar Mediterráneo. Asimismo es cierto también que en el mismo libro de Números discrepan los datos sobre la ruta seguida entre Cadés y las llanuras de Moab. Todo ello hace suponer que probablemente no fue un sólo grupo, el conducido por Moisés, el que hizo la ruta del desierto, sino, al menos dos: uno que iría por el norte de la península y entraría a Canaán desde Cadés, y otro que haría el recorrido descrito en Números. Ahora bien, parece lo más lógico pensar que estos grupos tuvieron contacto entre ellos en el desierto, quizá en Cadés, y así se explicaría su unión más tarde en Canaán, adorando todos al mismo Dios Yahweh, la personalidad de Moisés y la fuerza de espiritual de su grupo terminaría por asimilarlos.

 

Otra cuestión es el tiempo que emplearon en cruzar el desierto. La tradición común habla de cuarenta años. Pero viendo de cerca los datos ofrecidos por Números no es posible precisar a qué tiempo se refieren esos cuarenta años. En efecto, si partieron del Sinaí el año segundo (Cf. Num 10,11), habrían estado treinta y ocho años más por el desierto. Pero en Num 33,38 dice que los cuarenta años se cumplieron cuando murió Aarón, esto es, al iniciar el camino de Cadés a Moab. En cambio en Num 14,33 se prometen a los hijos de la generación que salió de Egipto cuarenta años todavía de peregrinación nómada por el desierto. Todo parece llevar a la conclusión de que los cuarenta años son un número genérico para expresar la duración de una generación, puesto que la que había salido de Egipto no había de entrar en la Tierra prometida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Sentido teológico
del libro de los Números

 

Dios aparece como el que guía a su pueblo a través del desierto, camino de la Tierra prometida. El pueblo en el desierto no es una muchedumbre informe, como cuando salió de Egipto, sino una comunidad santa, formada en virtud de la Alianza narrada al principio de este gran relato, todavía en el libro del Éxodo, que puede ser detalladamente censada. El desierto es un lugar de paso, lleno de dificultades, ante las que el pueblo experimenta la tentación del desánimo, y la rebeldía contra Dios que les ha llevado allí; pero también conoce el perdón y la misericordia divinas. A pesar de la actitud rebelde del pueblo, Dios lleva a cabo sus designios de conducirlo hasta la tierra de Canaán. La presencia misteriosa de Dios en medio de su pueblo, mientras éste va peregrinando, está simbolizada en la Nube. También es la Nube la que marca el camino a seguir. Es Dios mismo quien conduce a su pueblo de una parte a otra, por donde El quiere, aunque el pueblo no comprenda a veces la razón de tales caminos. Testimonio del reconocimiento de la presencia divina son la Tienda reservada al encuentro con Dios y el Arca de la Alianza, donde se guardan las tablas de la Ley. Ambas cosas constituyen el centro en torno al que se monta el campamento y en torno al que gira la vida del pueblo.

 

Pero Dios se manifiesta también a través de los acontecimientos: castigando, en aquellos que son adversos (como plagas, fuego, derrotas, etc.) y perdonando y salvando en aquellos que son favorables (agua, alimentos, curación, victorias sobre los enemigos, etc.). Dios exige del pueblo una docilidad a sus proyectos que el pueblo normalmente no presta. A pesar de todo, Dios le lleva adelante. Es más, las mismas protestas del pueblo son ocasión para que Dios manifieste su santidad y su gloria, no sólo mediante el castigo, sino sobre todo mediante la concesión de nuevos dones: el agua de la roca, las codornices, la participación del espíritu a los setenta ancianos, la serpiente de bronce, etc. En el desierto Dios va purificando a su pueblo mediante pruebas sucesivas. Son las dificultades externas con que se encuentran, y que normalmente no superan, sino que les llevan a la protesta y la rebelión. El castigo posterior tiene también un sentido purificador y se orienta a la conversión. Toda la generación que salió de Egipto, incluidos Moisés y Aarón, ha sido rebelde. De ahí que Dios lleve a cabo una purificación del pueblo, antes de introducirlo en la Tierra prometida, haciendo que aquella generación muera en el desierto; pero no destruye al pueblo. El pueblo que entrará en la Tierra es un pueblo renovado. Dios cuida al pueblo y le guía, no sólo en el camino a recorrer, sino en su forma de vivir y servirle, mediante intermediarios que El mismo legitima. Son Moisés, como jefe de la comunidad, y Aarón como sacerdote. Y como éstos han de morir en el desierto, Dios mismo señala y consagra a los sucesores: Josué y Eleazar. También éstos representan al Señor.

El tiempo de estancia y peregrinación por el desierto pervivió en la memoria de Israel como una época dorada de relación con Dios, en contraposición al aburguesamiento y relajación que se produjeron en época posterior de la monarquía. Los profetas recordarán aquellos cuarenta años como un tiempo de culto sincero a Dios, aunque tal culto fuera pobre y sin el esplendor que alcanzó posteriormente (Cf. Os 5,25). También los Salmos cantarán las maravillas que Dios hizo en el desierto, resaltando, sobre todo, el hecho de que Dios, por su misericordia, no destruyó a su pueblo a pesar de sus reiteradas rebeldías (Cf. Sal 78,15‑24;106,7‑11 y Sal 95,7‑11). Sobre la base de estos recuerdos en la memoria de Israel, las tradiciones del desierto vienen a dar un sentido a la peregrinación del pueblo de Dios a través de su historia. En ella se dan constantemente, en efecto, los factores que aparecen en estos relatos: la esperanza de una situación mejor, o la instauración del Reino de Dios, las pruebas e infidelidad del pueblo, así como el servicio cultual a su Dios, y, por encima de todo, la misericordia divina que constantemente llama a conversión, y que, a pesar de las claudicaciones humanas, llevará a cabo sus designios.

 

Significación del libro de los Números
 en la fe de la Iglesia

 

Jesucristo, antes de comenzar su ministerio público, fue impulsado por el Espíritu a ir al desierto, donde también El experimentó la prueba y la tentación. Pero Jesús, a diferencia del pueblo de Israel, salió victorioso (Cf. Mt 4,1‑11 y par.). Después Jesús realiza prodigios similares a los que Dios había hecho en el desierto, como la multiplicación de los panes (Cf. Mt 14,13‑21 y par.), y proclama que en El se encuentran plenamente los dones divinos, de los que los del desierto eran una prefiguración: El es el agua viva (Cf. Jn 4; 7), el verdadero pan bajado del cielo (Cf. Jn 6), el camino (Cf. Jn 14, 6), el medio de salvación como lo fue la serpiente de bronce (Cf. Jn 3,14‑16), y el lugar definitivo de encuentro con Dios (Cf. Jn 14,8). Los santos Evangelios presentan también a Jesucristo con la actualización de las realidades del desierto. La concepción virginal de Jesús en las purísimas entrañas de María se realiza por una acción de Dios comparable a la de su presencia en la Nube del desierto (Cf. Lc 1, 35). La vida de Cristo en medio de los hombres se comprende como la presencia de la Tienda del encuentro con Dios en medio del campamento de los israelitas (Cf. Jn 1,14).

 

Si las tradiciones de la marcha por el desierto, para los israelitas, significaba no sólo el recuerdo del pasado, sino, por decirlo así, el modelo de toda su historia, para los cristianos ese modelo es Jesucristo en quien se han cumplido esas palabras sagradas, y quien se ha hecho camino y guía para conducirnos en nuestro avanzar en la vida, en la que subsisten las pruebas y dificultades del desierto. En la epístola a los Hebreos se exhorta a seguir avanzando sin que se endurezca el corazón seducido por el pecado, pues “hemos sido hechos partícipes de Cristo, a condición de que mantengamos firme hasta el fin la segura confianza del principio” (Heb 4,14).

 

En la interpretación de estos relatos la Tradición de la Iglesia, siguiendo la orientación del Nuevo Testamento, ha descubierto numerosos simbolismos referidos, tanto a Jesucristo y a la misma Iglesia, como a la vida cristiana. La Iglesia misma va avanzando en el tiempo de la historia sometida a múltiples pruebas, pero con la seguridad de tener la protección de Dios como el antiguo pueblo de Israel en el desierto (Cf. Ap 12,6.14).

“Así como al pueblo de Israel, según la carne, peregrinando por el desierto se le designa ya como Iglesia, así el nuevo Israel, que caminando en el tiempo presente busca la ciudad futura y perenne, también es designado como Iglesia de Cristo, porque él fue quien la adquirió con su sangre, la llenó de su espíritu y la dotó de los medios apropiados de unión visible y social. (...) Caminando, pues, la Iglesia en medio de tentaciones y tribulaciones, se ve confortada con el poder de la gracia de Dios que le ha sido prometida para que no desfallezca su fidelidad perfecta por la debilidad de la carne” (Lumen gentium, n.9). La tradición de la marcha por el desierto, por tanto, representa, en el conjunto de los libros de la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios que anima a caminar con esperanza al ritmo que El va marcando, a luchar en medio de las dificultades, y a servirle con culto sincero.

 

Autor:  Pier Buis:

Un esquema interesante AL HILO DEL TEXTO

 

1; 26

Los censos

3-4

Los levitas

6,1-21

El nazireato

6,22-27

La bendición sacerdotal

11

Los desalientos de Moisés

12

Una disputa familiar

13-14

La gran crisis de Cades

16

Dos revoluciones fallidas

20

Moisés descalificado

21,4-9

La serpiente de bronce

22-24

Los oráculos de Balaán

25

La última crisis: Bet Peor

 

Leyes y relatos en el libro de los Números

Tex legislativos

Textos mixtos

Tex narrativos

2

 

1

 

5,5-31; 6

 

3-4; 5,1-4

7

8

9,6-14

9,1-5

9,15-23

10,1-10

 

 

10,11-36

15,1-31

15,32-36

 

11-14; 16

 

 

17,1-5.16-26

17.6-15.27-8

18-19

 

 

20-25

28-30

27,1-11

26

27,12-13

33,50-56

 

31

32; 33,1-49

34-35

36

 

 

373 vv

275 vv

583 vv

 

 

 

 

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