Tabernáculo del desierto

Lección 7: El libro del Éxodo

 
Unidad didáctica 2B
 
 

El Nilo y el Sinaí

Lección 7
Lección 8

Lección 9
Lección 10

 

Delta del Nilo y península del Sinaí


Visión general del creciente fértil

 

 

INTRODUCCIÓN ESQUEMÁTICA

  • Estructura y contenido
    • La salida de Egipto (1 - 18)
    • El pueblo de Israel en el Sinaí (19 - 40):
      • Alianza del Sinaí
                - Entrega del Decálogo (20,2-17)
                - Código de la Alianza (20,22 - 23,33)
                - Ritual de ratificación de la Alianza (24,1-18)
      • Normas para el culto y el santuario
                - Mandatos sobre santuario y culto (25 - 31)
                - Becerro de oro y renovación Alianza (32 -34)
                - Construcción del santuario (35 - 40)
  • La tradición de Israel en Egipto y el Éxodo
    • Construcción de Pi-Tum y Pi-Ramsés, en tiempo de Ramsés II
    • Moisés, nombre egipcio, y la leyenda de Sargón de Agadé (Mesopotamia, XXV a.C.)
    • La tradición del Éxodo
      • Las plagas y los fenómenos de la crecida del Nilo
      • El Yam-Suf y el paso del mar
      • La estela de Meren-ptah (XIII a.C.)
      • La localización del Sinaí
  • La reglamentación jurídica
    • En otros pueblos
          – Leyes de Ur-Nammu, Bilalama y Código de Hammurabi
          – Confesión del difunto ante Osiris (XV-XII a.C.)
          – Ritual “shurpu” babilónico
    • En el Éxodo
          – Decálogo
          – Código de la Alianza
  • Sentido teológico del Éxodo
    • Se expresa con el tono grandioso de la épica religiosa, la elección y liberación de Israel
    • Poder del Dios y dignidad del pueblo
          – Muestra de la predilección de Dios, no siempre bien valorada por su pueblo
          – Esperanza de nuevo éxodo, nueva creación
    • El “memorial” de la liberación de Egipto se actualiza cada año en la Pascua
  • Significación del Éxodo en la fe de la Iglesia
    • Monte Sinaí y Monte de las bienaventuranzas
    • El maná y la Eucaristía. Alianza del Sinaí y la Nueva Alianza de Jesús; santuario y culto judío y las realidades celestes

    • Jesús, mediador, plenitud de la figura de Moisés como intercesor; Jesucristo, nuevo “cordero pascual” que redime de la esclavitud del pecado; La celebración eucarística, “memorial” de la Pascua de Jesús en el Calvario

    • El paso del Mar Rojo, figura del Bautismo

     

  • Anexo (esquema de lectura del Éxodo realizada por Claude Wiéner)    
  • TEMAS DE ACTUALIDAD EXEGÉTICA

 

EXÉGESIS

 

1) La salida de Egipto (Ex 3,1-22; 7,8-25; 11,1-13,16; 13,17-14,31)

2) La Alianza del Sinaí (Ex 19,1-25; 20,18,21; 24,1-18; 31,18)

3) El Decálogo (Ex 20,1-17)

 

DESARROLLO DEL CONTENIDO

Los traductores griegos llamaron Éxodo al segundo libro del Pentateuco. Los judíos, que suelen enunciar los libros de la Biblia por las palabras con que comienzan, lo denominan Shemot (“Los nombres”). Éxodo significa salida y, por tanto, alude sobre todo al contenido de los quince primeros capítulos que narran cómo los israelitas consiguieron abandonar Egipto. Sin embargo, esta palabra también refleja perfectamente el contenido de todo el libro, que enseña cómo los hijos de Israel salieron de la esclavitud y alcanzaron la libertad al dejar de estar sometidos a Egipto y al asumir la Alianza establecida en el Sinaí.

  

Estructura y contenido del libro del Éxodo

 El libro suele dividirse en dos grandes partes:

I. La salida de Egipto (1,1‑18,27). El libro del Éxodo comienza exponiendo las duras condiciones en las que se desarrollaba la vida de los hijos de Israel en Egipto, y la opresión de que eran objeto. Sigue la narración de la vocación de Moisés y el inicio de sus gestiones ante el Faraón para lograr sacar a su pueblo de Egipto. Después de varios intentos, como medio de persuasión más eficaz, Dios le hace enviar unas plagas sobre el país. La última plaga, de la que se salvaron prodigiosamente los israelitas por haber celebrado la primera Pascua, será definitiva para que puedan salir. En los comienzos de su marcha se suceden los prodigios hasta culminar con el paso del Mar Rojo. Después del atravesar el Mar Rojo, y festejar la ayuda dispensada por Dios los israelitas recorrieron una etapa de tres días hasta Marah, donde se rebelaron por la falta de agua. De allí partieron a Elim y llegaron al desierto de Sin. En este escenario se sitúa una nueva queja del pueblo a la que Dios responde con el envío de las codornices y el maná. Partidos de allí llegaron a Refidim; allí hizo brotar Moisés agua de la roca, y allí mantuvieron los israelitas una batalla contra los amalecitas. Por ultimo se narra un encuentro entre Moisés y su suegro Jetró.

 

II. El pueblo de Israel en el Sinaí (Ex 19,1‑40,38). Al llegar al monte de Dios hay una preparación para la manifestación divina. A continuación sigue:

1. La Alianza del Sinaí.- En su contexto comienzan a insertarse las primeras normas legales de importancia:

  • Primero tiene lugar la entrega del Decálogo (Ex 20,2‑17).

  • Seguidamente figura el Código de la alianza (Ex 20,22‑23,33).

  • La narración sigue con el ritual de ratificación de la Alianza (Ex 24,1‑18).

2. Normas sobre el culto y el suntuario.

  • Se comienza la enumeración de mandatos para la construcción del Santuario y la organización del culto (Ex 25,1‑31,18).

  • Esta extensa parte legal se ve interrumpida por la narración de una apostasía del pueblo, que se hace un becerro de oro (Ex 32,1‑33,23). Para repararla se realiza una renovación de la Alianza (Ex 34,1‑35).

  • Por último se habla del trabajo de construcción del Santuario hasta su consagración (Ex 35‑40).

 

La tradición de Israel en Egipto y el Éxodo

 

Al comienzo del Éxodo se habla de la opresión sistemáticas de los israelitas en la construcción de “Pitom y Ramsés, ciudades‑almacenes del faraón” (Ex 1,11). Por esta afirmación se supone que el faraón opresor fue Ramsés II (1292‑1225 a.C.) que destacó por sus construcciones en el delta oriental, donde construyó una ciudad con el nombre de Pi‑Ramsés (=ciudad de Ramsés), que es una de las que cita el texto bíblico. De otra parte es cierto que los soberanos egipcios tenían “ciudades almacenes” como base de aprovisionamiento para las expediciones militares por tierras de Canaán y de Siria. Una de ellas era Pitom; en esta ciudad se ha encontrado un templo dedicado a Tum que debió dar origen al nombre de Pi‑Tum, y también construcciones en ladrillo que podrían ser los “almacenes” de los que habla el Éxodo. Por tanto este dato no es determinante ni de fecha ni de lugar, pero nos aporta una orientación suficiente. El texto bíblico dice que los egipcios sometieron a los hebreos a la elaboración de ladrillos y adobes, y que también los emplearon en tareas del campo. En las pinturas egipcias no son raras las escenas de esclavos atados, bajo el control de los escribas que llevan la contabilidad de sus trabajos, y vigilados por capataces con látigos. En Ex 5,14 se menciona a los escribas egipcios que controlaban la cantidad de adobes producidos por los hebreos. En la tumba del príncipe Rejmare aparecen representadas las diversas faenas de los esclavos en Egipto con esta inscripción: “Prisioneros traídos por Su Majestad para la construcción del templo de Amón, los cuales hacen ladrillos para el templo de Karnak”. Tampoco estaban preparados los israelitas para las labores del campo (Ex 1,14), que eran penosas, pues suponían estar metidos en agua en los canales de riego, para elevarla mediante un cigüeñal. En Dt 11,10 se dice que en la tierra prometida no tendrán que hacer esto: “El país en el que vas a entrar no es como el de Egipto de donde has salido, en el que sembrabas tus semillas y regabas con la ayuda de tu pie como un huerto de hortalizas”. Parece por tanto que si trabajaron en tareas del campo.

 Los egiptólogos dan por supuesto que Moisés es un nombre egipcio, que significa “niño” o “hijo”, del tipo de Tut‑mosis (=hijo de Tot), Ah‑mosis (=hijo de Ah) o Ramsés (=hijo de Ra). A propósito de la historia del niño salvado de las aguas se suele traer a colación la leyenda de Sargón de Agadé (Mesopotamia, s.XXV a.C.), que no tiene paralelos en la literatura egipcia, y que recuerda en muchos detalles el relato del nacimiento de Moisés y su liberación de la muerte en las aguas del Nilo (Cf. Ex 2,1‑10). Ese texto dice así: “Sargón, el soberano poderoso, rey de Agad soy yo. Mi madre fue una sacerdotisa; no conocí a mi padre. Los hermanos de mi padre amaron los montes. Mi ciudad es Azupiranu, situada a orillas del Eúfrates. Mi madre me concibió y me dio a luz en secreto; me puso en una cesta de juncos y selló la tapadera con betún; me echó al río, el cual no me anegó sino que el río me transportó y me llevó a Akki, el aguador. Este me extrajo cuando sacaba agua del pozo; Akki el aguador me recibió por hijo suyo y me crió; Akki el aguador me nombró su jardinero” (ANET 119, SAO, 100). El hecho de la formación de Moisés en la corte faraónica no es inverosímil, ya que por los documentos egipcios sabemos que algunos faraones hicieron educar a niños asiáticos en su corte para prepararlos para desempeñar funciones administrativas en las provincias asiáticas del imperio.

La tradición del Éxodo

 Con respecto a las plagas narradas en el libro del Éxodo se ha hecho notar la repetición periódica de fenómenos parecidos a muchas de ellas en Egipto: temporadas en las que el Nilo baja de un color fuertemente rojizo debido al barro, proliferación de ranas, mosquitos y moscas, nubes de langosta, tormentas con granizo que rompe las cosechas, y nubes de arena arrastradas por el siroco que provocan una notable oscuridad en pleno día. Tal vez la intervención de Dios para que se con juntaran todos estos fenómenos en un corto espacio de tiempo fue suficiente para influir en la decisión del faraón de dejarlos partir. Esa actuación divina mediante su providencia ordinaria, posiblemente, fue después narrada de modo apologético y presentada de modo más explícito en el relato.

 En Ex 12,37ss se narra la salida de Israel de la tierra de Egipto. Seguir el itinerario con un mapa es bastante difícil, ya que aunque muchos de los nombres geográficos son también conocidos en la documentación egipcia no se ha podido establecer con seguridad la localización exacta de esos sitios. Los estudiosos observaron la existencia de textos donde la salida de los israelitas aparece como huida mientras en otros como una expulsión. Esta teoría sin embargo esta llena de conjeturas y contradicciones y últimamente está prácticamente descartada. Los israelitas vivían en Egipto como esclavos, pero también como obreros y soldados mercenarios. Los obreros, con el tiempo, podían adquirir un mejor nivel de vida; los soldados se licenciaban al final de su servicio. Los esclavos podía emanciparse aprovechando las turbulencias políticas, frecuentes en el imperio de los faraones. De este modo y lentamente, los israelitas regresarían al país de Canaán donde residían sus hermanos. En el conjunto de esta lenta salida debió de producirse algún suceso político en el que un personaje destacado, Moisés, salió de Egipto con un grupo israelita. Moisés y sus acompañantes anduvieron por el desierto del Sinaí, donde experimentaron la presencia del Señor, y se comprometieron a llevar una existencia acorde con los Mandamientos divinos. La personalidad de Moisés y la fuerza espiritual de este grupo se impondría poco a poco a todos los demás israelita.

Lo más notable es lo referente al Mar Rojo. En el texto bíblico no aparece la expresión “mar rojo” sino “yam suf” (=mar de las cañas), que no parece posible identificarlo con el Mar Rojo actual, ya que en sus orillas no hay cañaverales. Además, según el relato del Éxodo, parece que el “Yam suf” sea la frontera divisoria entre la tierra egipcia y el desierto; además si hubieran tenido que llegar hasta el Mar Rojo tendrían que haber recorrido varias jornadas de desierto antes de atravesarlo. En un texto egipcio que describe las maravillas de Tanis se dice que cerca de la ciudad había dos masas de agua (=lagos). Una era “el agua de Horus”, y la otra el “pantano de los papiros (sup)”, que posiblemente es a lo que se refiere la Biblia. Eso sería entonces una prolongación del lago Menzalé hacia el sur; actualmente ha quedado alterada toda la zona por la construcción del canal de Suez. Además en esa zona, antes de la construcción del canal, había una comunicación de aguas intermitente entre los lagos y el golfo de Suez cuando se daba la marea alta.

En cuanto a la fecha de la partida de Egipto, puede ayudar a situarla la estela de Meren‑ptah, sucesor de Ramsés II, en el siglo XIII a.C., que menciona una victoria sobre “Israel”, que además sólo lleva el distintivo de “pueblo”, no de “lugar geográfico”. El texto completo dice así: «Los príncipes se han postrado diciendo: Paz, / Entre los nueve arcos nadie levanta la cabeza. / Desolación para Tehenu (Libia); Jattu está pacificado. / Canaán está capturado con todo lo que tiene de malo; / Ascalón está deportado; ha sido tomada Gezer; / Yano‑ ‘am ha venido a ser como si no existiese. / Israel ha sido devastado; no tiene semilla. / Juru se ha convertido como en una viuda por Egipto. / Todos los países en conjunto han sido pacificados. / El que era turbulento ha sido atado / por el rey del alto y bajo Egipto: Ha‑en‑Re Mar-Amón, el hijo de Re, Merneptah, que recibe vida como Re cada día” (ANET 37‑378, SAO, 271‑272).

También resulta difícil precisar otras cuestiones aludidas en el texto sagrado. Por ejemplo, el monte donde tiene lugar la teofanía en la que Dios se manifiesta a Moisés recibe el nombre de Sinaí en algunos textos bíblicos (J) y Horeb en otros (E y D). La tradición cristiana lo sitúa al sur de la actual península del Sinaí, en el monte llamado Djebel Musa. En cambio, en Ex 3,1 se lo relaciona en el territorio de Madián, que está en la península arábiga, en la región de Harab, que todavía hoy se llama Madyan. Además existe sobre esto una vieja tradición judía, bien documentada, y de la que se hace eco San Pablo cuando dice que “el monte Sinaí está en Arabia” (Gal 4,25). Por otro lado si la manifestación de Dios tuvo lugar en una erupción volcánica, como algunos piensan, en mi opinión sin razón, que se desprende de Ex 19,18‑22 y Dt 4, 11‑12, no podría estar en la Península del Sinaí, que no es zona volcánica; tendría que estar en la península arábiga cerca de la costa, en el macizo de Djebel Harab, donde ha habido erupciones volcánicas en época histórica. Si la teofanía tuvo lugar en medio de un fenómeno de tipo tormentoso (Cf. Ex 19,16) lo más probable según el texto, pudo haber sido en Arabia, o en el Djebel Musa o en cualquier lugar de la península del Sinaí. Por último, en Dt 1,2 se dice que el itinerario desde el monte Horeb hasta Cades Barnea duró once días, tradición que podría derivar del tiempo necesario para recorrer esa antigua ruta de peregrinos (es un dato exacto si se sale desde el Sinaí). Es posible que Num 33 conserve las etapas habituales de esa ruta de caravanas y que Elías la recorriera (1 Re 19,1‑8). Lo cierto es que la localización tradicional cristiana del Sinaí concuerda muy exactamente con esta ruta. Además no parece razonable que la Iglesia antigua fijara el lugar santo en el paraje más inaccesible para los peregrinos, a no ser que hubiera una tradición muy fuerte.

La reglamentación jurídica en Israel

 Israel y Judá, como muchos de los pueblos del Oriente Medio, tuvieron sus propias leyes relativas a la vida social y al culto. Esta reglamentación jurídica deja traslucir con frecuencia las distintas situaciones históricas que se sucedieron, así como los valores éticos y religiosos específicos del pueblo al que Dios había elegido y al que se iba manifestando paulatinamente con sus obras y palabras.

 

LA REGLAMENTACIÓN JURÍDICA E OTROS PUEBLOS

 No se conoce ningún documento cananeo de carácter legislativo, previo al asentamiento de Israel en la tierra de Canaán. Los textos de Ugarit, tan ricos en alusiones mitológicas, son muy pobres en cuestiones jurídicas. Las leyes más antiguas que se conocen son las de Ur‑Nammu fundador de la 3ª dinastía de Ur (hacia el 2000 a.C.). Un siglo posterior son las leyes de Bilalama, que tienen 60 artículos, y las de Lipit‑Istar, quinto rey de la dinastía de la ciudad de Isin en Mesopotamia, con 37 artículos. El texto legal más famoso es el llamado Código de Hammurabi, que es una recopilación de gran parte de legislación anterior compuesta en la primera mitad del siglo XVIII a.C. en Babilonia. Estos textos legales constan de tres partes distintas: un prólogo; una colección de leyes, que constituye la parte más amplia del documento, y un epílogo con bendiciones y maldiciones. Acerca de la sensibilidad ética de otros pueblos de la misma época, y en concreto de los egipcios puede resultar provechosa la lectura de la Confesión del difunto ante Osiris (S. XV-XII a.C.), que debía ser recitada, en nombre del difunto, por el sacerdote: «No he hecho nada de lo que detestan los dioses; / no he disminuido los panes destinados a los dioses; / no he atacado a los pájaros de los dioses,  /ni pesqué los peces de sus estanques, / ni robé los ingresos del templo, / no he dañado el ganado del templo, / no he cometido impurezas en los santuarios de mi dios, no he matado al toro sagrado, no calumnié a dios... / No he robado los alimentos del muerto; / yo no serví mal a nadie delante de su superior, / ni he hecho pasar hambre, ni le hice llorar; / no maté ni ordené matar, ni causé ningún mal; no he quitado la leche de la boca del niño, / ni el ganado de su pradería; / yo no saqueé, ni engañé, ni robé, no fomenté la querella, ni mentí; / no he roto la fidelidad conyugal; / yo no he insultado ni abusé de la palabra, / ni ultrajé al rey, ni levanté la voz demasiado alto... / No he disminuido la medida del grano, ni el codo, / ni falseé la medida agraria, ni aumenté el peso; / no falseé la aguja de la balanza; / no he puesto obstáculo al agua de la inundación, / ni detuve el agua corriente; / no fui sordo a la voz de la justicia; / no practiqué el vicio carnal...» (ANET 35). También es interesante el ritual babilónico "shurpu", que es un cuestionario que se debe hacer sobre un enfermo para detectar la causa de sus males, que se atribuían a pecados personales: «¿Has ultrajado a un dios? / ¿Has despreciado a una diosa? / ¿Su pecado es contra un dios? / ¿Es contra una diosa su delito? / ¿Tiene odio a sus antepasados? / ¿Tiene rencor a su hermana mayor? / ¿Ha dicho “es” en vez de “no es”? / ¿Ha dicho “no es” en vez de “es”? / ¿Ha dicho cosas impuras? / ¿Ha cometido cosas indignas? / ¿Ha penetrado en casa de su prójimo? / ¿Ha andado demasiado cerca de la mujer de su prójimo? / ¿Ha vertido la sangre de su prójimo? / ¿Fue recta su boca y no fue leal su corazón? / ¿Afirmaba su boca y negaba su corazón?» (DBS I, 842‑843).

LA REGLAMENTACIÓN JURÍDICA EN EL ÉXODO:

 El Decálogo

Por lo que respecta a la legislación situada por los autores sagrados en el marco del desierto, el documento más importante es el Decálogo. De él tenemos una formulación en Ex 34,15‑28 y otra en Dt 5,7‑ 21. Las dos redacciones son similares, sin embargo no todos están de acuerdo en la delimitación de cada uno de los mandamientos. La historia de la Revelación del Decálogo es sumamente compleja. Ya en los profetas de Israel del siglo octavo antes de Cristo ya hay indicios de que podría haber algún breve elenco de mandamientos puntuales acerca de los temas decisivos para la vida de los hombres y su relación de Dios, que se consideraban en el núcleo mismo de la Alianza. Algunos de estos mandamientos tienen sus paralelos en códigos legales de otras culturas y otros son totalmente insólitos —dar culto al Señor, no hacer imágenes talladas, y santificar el sábado—.

 El Código de la Alianza

 También Israel tuvo sus propias normas consuetudinarias con valor legal, análogas a las de los pueblos vecinos. Desde que las tribus israelitas se establecieron en la tierra prometida, antes incluso de la monarquía, es posible que se recopilaran algunas de estas normas para asuntos de la vida ordinaria. Gran parte de esos textos legales están contenidos en el “Código de la Alianza” del libro del Éxodo (Ex 20,22‑23,19).  En él se refleja todavía la situación de una sociedad rural, que vive preferentemente de la cría de ganado más que de la agricultura, y en la que la familia tiene una importancia primordial. Ya en este primer código israelita llama la atención, por contraste con otros códigos del antiguo oriente, la íntima compenetración entre lo sagrado y lo profano en la legislación, tendencia que iría acentuándose con el tiempo.

Sentido teológico del Éxodo

La historia de Israel en Egipto contiene varios de los elementos esenciales en la revelación del Antiguo Testamento, porque recoge con tono grandioso y con el estilo de la épica religiosa la elección y la liberación de Israel, lo que lo convertiría definitivamente en un pueblo que es propiedad del Señor. Su redacción va encaminada a exaltar la grandeza del Señor que ha realizado tantos portentos y a poner de relieve la dignidad del pueblo de Israel, depositario de tantos beneficios.

 Los acontecimientos salvíficos narrados en el libro del Éxodo fundamentan la historia y la religiosidad israelita, y permanecerán vivos en la memoria del pueblo. La fórmula "Dios sacó a Israel de Egipto" y la más amplia "Dios sacó a Israel de Egipto con mano poderosa y brazo extendido" aparecen en el Antiguo Testamento más de setenta y seis veces, contando las referencias del Pentateuco, las de los Salmos y las de los libros proféticos. Cuando en la Biblia se contrastan los beneficios de Dios con los pecados del pueblo, la liberación de Egipto es presentada como una muestra de predilección por parte de Dios, que no siempre ha sido adecuadamente valorada por Israel: "Yo os subí del país de Egipto y os conduje por el desierto... Pero vosotros habéis conminado a los profetas, diciendo ¡No profeticéis!" (Am 8,10‑12). Y también refleja la elección permanente de que es objeto el pueblo: "Cuando Israel era niño, lo amé. Y de Egipto llamé a mi hijo" (Os 11,1). El recuerdo de estos acontecimientos salvíficos mueve a penitencia: "Pueblo mío, ¿qué te he hecho o en qué te he molestado? Respóndeme. Verdad es que te hice subir del país de Egipto y de la casa de esclavitud te redimí" (Miq 6,3‑4; Cf. Jer 2,5‑6). También al describir las penalidades que la invasión asiria (721 a.C.) y la deportación babilónica (589 a.C.) traerán consigo, se recuerda esa época de esclavitud: Se volverán al país de Egipto, Asur será su rey, porque se han negado a convertirse (Os 1 l,5). Pero el recuerdo de la estancia y liberación de Egipto es, sobre todo, fundamento de esperanza, porque Dios que realizó tantos prodigios en la epopeya del éxodo, está dispuesto a repetirlos para conseguir una liberación nueva y más duradera. Así la vuelta del destierro de Babilonia es descrita como un nuevo y glorioso éxodo: "Así dice el Señor que trazó un camino en el mar... ¡No recordéis lo antiguo...! He aquí que voy a realizar algo nuevo. En el desierto trazará un camino y ríos en el páramo ... Y el pueblo que yo he formado cantará mis alabanzas" (Is 43,16‑21; Cf. 55,11‑12; 52,1‑1, etc.). Puesto que el éxodo trajo consigo la creación del pueblo como tal, el retorno de la deportación, descrita como un nuevo éxodo, equivale a una nueva creación (Cf. Is 42,5‑6; 44,24‑28; 45,12‑13; 51,9‑10).

 El "memorial" de la liberación de Egipto es un elemento de profundísima raigambre en la liturgia y espiritualidad del pueblo elegido. No se trata sólo de los recuerdos de unos acontecimientos del pasado trasmitidos de padres a hijos, sino la proclamación solemne de las maravillas obradas por Dios. Cuando este “memorial” se actualiza en la cena pascual los acontecimientos se hacen, de alguna manera, presentes y actuales, a fin de conformar la vida de cada uno a esos acontecimientos que se reviven.

Significación del Éxodo en la fe de la Iglesia

El Nuevo Testamento evoca con frecuencia el recuerdo de las gestas contenidas en los relatos de la historia de Israel en Egipto, y considera los acontecimientos que se narran en ellos como figuras que anuncian a Cristo.

FIGURAS DEL ÉXODO EN EL NUEVO ESTAMENTO

Monte Sinaí

Monte Bienaventuranzas

Maná

Eucaristía

Alianza Sinaí

Nueva Alianza

Santuario y culto

Cuerpo de Cristo y Realidades celestes

Moisés mediador

Cristo mediador

Paso Mar Rojo

Bautismo

 

Las bienaventuranzas son formuladas en el monte (cfr Mt 5) como la Ley de Moisés fue promulgada en el Sinaí; también en un monte tendrá lugar la transfiguración (cfr Mt 17,1‑8).

San Pablo, por su parte, recordará muchos prodigios del desierto, considerándolos como figura de las realidades de la nueva economía: El maná es figura de la Eucaristía y la roca de la que Moisés hizo brotar agua, lo es de Cristo (cfr1 Cor 11,1‑5); la alianza del Sinaí prefiguró la nueva Alianza realizada por Cristo (cf. 1 Cor 11, 24‑25); el santuario y el culto del desierto anunciaban, sólo como en penumbra, las realidades celestiales (Heb 8,5).

 Otros muchos acontecimientos serán recordados para poner de relieve su proyección en la nueva economía y, dicho con palabras del Apóstol: Todas estas cosas les sucedían como en figura; y fueron escritas para escarmiento nuestro, para quienes ha llegado la plenitud de los tiempos” (1 Cor 10,11).

 Jesús, que es “el único mediador entre Dios y los hombres” (1 Tim 2,5), lleva a su plenitud el modelo que presenta la figura de Moisés como intercesor ante Dios en favor de todo el pueblo. Los diálogos entre Moisés y Dios han constituido en la historia de la espiritualidad cristiana un modelo de oración. En el episodio de la zarza ardiendo (cfr Ex 3,1‑10) es Dios quien interviene primero llamando a Moisés, y manifestándole que es el Dios de sus padres, “el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”, que está vivo y quiere la vida y la libertad para su pueblo. Se ha revelado para salvarlos, pero se sirvió en su acción de este hombre elegido, Moisés, para que colaborara con él en la obra de la salvación. Moisés, después de exponer con sencillez sus dudas y dificultades para tan gran misión, aceptaría la voluntad de Dios y respondería a su llamada. “En este diálogo en el que Dios se confía, Moisés aprende también a orar: se humilla, objeta y sobre todo pide y, en respuesta a su petición, el Señor le confía su Nombre inefable que se revelará en sus grandes gestas” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2575).

Cristo, mediante su oblación y sangre derramada en la Cruz, es el nuevo cordero pascual que nos ha rescatado de la esclavitud del pecado para darnos la verdadera libertad (cfr Gal 5,1). El memorial de la noche pascual recibe un nuevo sentido en el Nuevo Testamento. En la celebración de la Eucaristía se actualiza la Pascua de Cristo, el sacrificio que Cristo ofreció una vez para siempre para conseguir nuestra más plena liberación: “Cuantas veces se renueva en el altar el sacrificio de la Cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado, se realiza la obra de nuestra redención” (Lumen gentium, 3).

 La liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, mediante el paso del Mar Rojo, ha sido contemplada en la tradición cristiana como un modelo y prefiguración de la liberación del pecado obrada por el Bautismo. Así lo refleja la liturgia de la Vigilia Pascual: ¡Oh Dios!, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de Abrahán, para que el pueblo liberado de la esclavitud del faraón fuera imagen de la familia de los bautizados... “ (Bendición del agua bautismal, 42).

ÍNDICE GENERAL
Sagrada Escritura e Historia Pentateuco 1 Pentateuco 2 Historia deuteronomista Los Cronistas, Esdras y Nehemías Los últimos libros históricos

L1: Marco histórico

L2: Canon bíblico

L3. Revelación e historia

L4: Crítica literaria

L5: El Pentateuco

L6: Génesis

L7: Éxodo
L8: Levítico

L9: Números
L10: Deuteronomio

L11: Crítica literaria
L12: Josué
L13: Jueces
L14: Rut
L15: 1 y 2 Samuel
L16: 1 y 2 Reyes

L17: Crítica literaria
L18: 1 y 2 Crónica
L19: Esdras Nehemías

L20: Crítica literaria
L21: Tobías
L22: Judit

L23: Ester
L24: 1 y 2 Macabeos