PENTATEUCO 1
 

Lección 4

Lección 5

Lección 6

 

Lección 5: El Pentateuco en el canon de la Escritura

 

INTRODUCCIÓN ESQUEMÁTICA

El Pentateuco como pórtico a la Historia de Israel

Estructura general del Pentateuco

  • Los orígenes (Gn 1-11)
  • Abrahán, Isaac, Jacob (Gn 11-36)
  • José (Gn 37-50)
  • Esclavitud en Egipto y liberación (Ex 1-15)
  • Por el desierto hasta el Sinaí (Ex 16-40)
  • Legislación cultual (Lv 1-27)
  • Preparativos para la marcha (Nm 1-10)
  • De Sinaí a Cades (Nm 11-20)
  • De Cades a Moab (Nm 20-36)
  • En Moab (Dt 1-30)

La redacción de los cinco libros

  • Forma actual después del regreso del Destierro (VI-V a.C.) y antes cisma samaritano (IV a.C.)
  • Probablemente, como prólogo a la Historia Deuteronomista, del Deuteronomio hacia el principio, con bloques narrativos (Orígenes, Patriarcas, Israel en Egipto y Éxodo, marcha por el desierto), y códigos (Alianza, Ley de Santidad, Deuteronómico)
  • Narraciones engarzadas en torno a los “Credos históricos” (Dt 26,5-10 y 6,21-25)
  • Redacción final sacerdotal
  • Separación en cinco rollos por motivos prácticos

Sentido teológico

  • Carácter religioso: Dios hace el mundo y hace surgir a Israel, y aguarda una respuesta del hombre y de su pueblo
  • Manifestación mediante acciones y palabras
  • Grandes temas: Elección / Promesa / Alianza / Ley

Significación en la fe de la Iglesia

  • Primera etapa, que sigue vigente, y alcanza su plenitud en Jesucristo
  • El Dios que revela Jesucristo es el mismo del Pentateuco
  • Elección, promesa, alianza y ley adquieren plenitud de sentido
  • La Ley del Pentateuco, pedagogo que lleva a Cristo (Ga 3,24)  

DESARROLLO DEL CONTENIDO

 

El Pentateuco como pórtico a la historia de Israel

 

  • Llama la atención el hecho de que los estudios de pura crítica literaria de los textos del Pentateuco —y como se verá oportunamente, de otros libros “históricos”— hayan llegado en los últimos años, y por vías independientes a los seguidos por los estudios de la historia antigua de Palestina, a conclusiones que encajan bastante bien con las alcanzadas en las investigaciones históricas.

    • En esa historia está bien atestiguado que hubo un reino importante, Israel, establecido en los altos de Efraín y cuyo dominio se extendió a las regiones limítrofes durante un par de siglos, pero cuya capital Samaría sucumbió al poder asirio a finales del siglo VIII a.C.

    • Mientras tanto en el Sur había una serie de ciudades, entre ellas Jerusalén con un control de territorio limitado a sus alrededores. A partir del reinado de Ezequías, en el siglo VII, Jerusalén tomó realmente las características de una capital y en ella pudo haber una corte real de cierta importancia. También ella sucumbió al poder extranjero, en este caso babilónico, en el siglo VI a.C. Hubo unas décadas muy difíciles, con no pocos movimientos de población, que acabaron por cambiar la fisonomía de Palestina.

    • A partir de la política unificadora de Ciro el persa en todo su imperio, se propiciaron unas circunstancias culturales extraordinariamente fecundas para la composición de una literatura religiosa que sirviera para instruir al pueblo.

  • Como se ha expuesto, uno de los elementos de situación actual acerca de la crítica literaria del Pentateuco es el cuestionamiento del origen y misión del “yahvista” en la composición del Pentateuco, al menos si se entiende el yahvista tal y como lo formula la hipótesis de Wellhausen. A partir de los análisis de F. Winnet y H. H. Schmid parece claro que no se puede seguir hablando de un “yahvista salomónico”, lo que es perfectamente razonable a la luz de la historia. Además, los análisis comparativos demuestran la relación entre el yahvista y la tradición deuteronomista

 

La tradición deuteronomista, que ciertamente recoge algunos elementos de las tradiciones religiosas y cultuales del reino del Norte y otros de origen jerosolimitano, bien pudo ir formándose en el siglo VII a.C. a partir del reinado de Ezequías y el crecimiento en esplendor de Jerusalén. Es posible que se desarrollara en un círculo de altos oficiales de Jerusalén que poco después llegarían a tener una notable influencia en la vida pública y que inspirarían el resurgir religioso impulsado por Josías.

 

Precisamente, un punto clave de la situación actual es la afirmación de que la primera redacción historiográfica era deuteronomista. En esa línea son relevantes los estudios de J. van Seters, cuya hipótesis afirma que la primera redacción de una historia continuada es deuteronomista y abarca desde Deuteronomio hasta el libro segundo de los Reyes. Después vendría la redacción coincidente con la denominada “yahvista”, que no es sino una visión deuteronomista de las tradiciones más antiguas, y está concebida como una introducción a la historia deuteronomista ya existente.

 

Los textos sacerdotales no serían sino pequeñas añadiduras al relato ya existente. Por su parte, los “estudios sobre la composición del Pentateuco” de E. Blum conciben el texto del Pentateuco como una síntesis de compromiso entre dos “composiciones” tardías, una de origen deuteronomista y otra sacerdotal (KD y KP), en las que se recogen tradiciones más antiguas debidamente reelaboradas. En todos los casos habría que fijar el final de la labor redaccional en el periodo post‑exílico, en el que Judá era una provincia persa.

 

Por lo que se refiere a la procedencia de los materiales que el último redactor tiene a su alcance, la crítica actual camina hacia un cierto consenso en conceder una importancia decisiva a la escuela deuteronomista. No obstante el deuteronomista no parte de la nada en su redacción, sino que trabaja sobre unas tradiciones que le han llegado. También se reconoce la existencia de unos textos específicos, llamados “sacerdotales”. Pero en este aspecto hay un notable desacuerdo acerca de si constituyeron una obra literaria autónoma, o se trata de un simple estrato redaccional que ha dejado sus huellas en el texto básico deuteronomista.

 

Por su parte, como se verá, los investigadores contemporáneos de la historia deuteronomista están de acuerdo en reconocer (aunque con diversidad de matizaciones) la existencia de unos materiales previos a la primera redacción, así como la importancia de la experiencia del exilio para la redacción definitiva. La redacción definitiva habría de ser ciertamente post‑exílica. Por otra parte, los lazos de unión entre la composición de la historia deuteronomista y la del Pentateuco parecen incuestionables.

 

Uno de los problemas más complejos en ambos casos es el de la redacción del texto en su forma final. Entre otros motivos, como ya se ha dicho, porque no hay un acuerdo de a qué se puede llamar “forma final”. En efecto, cada vez más se va extendiendo la consideración de que el Tetrateuco fue concebido como un grandioso prólogo a esa historia. Consecuentemente, ambos constituyen como dos etapas sucesivas del mismo fenómeno de producción literaria, obra de los redactores de la escuela deuteronomista.

 

Esto viene ratificado por el hecho de que algunos estudios críticos recientes están poniendo en evidencia que hay elementos redaccionales deuteronomistas que son indudablemente posteriores a textos de carácter sacerdotal. Sin embargo, en el canon bíblico el Deuteronomio ha sido desgajado de su posible posición inicial para formar junto con los otros cuatro libros la Torah o Pentateuco. En esta última operación se debieron introducir algunos retoques en el conjunto por redactores de escuela sacerdotal, aunque parece que son tan pequeños que no alteran sustancialmente la redacción deuteronomista, a la que tal vez pueda considerarse como “final”, aunque sean posteriores.

 

Como se puede apreciar en la mayor parte de los estudios actuales, todos los indicios apuntan a la época persa como la decisiva para la mayor parte del proceso de composición de los libros sagrados acerca de la historia de Israel. Se trata precisamente de esa época en la que consta que la propia organización imperial persa estaba decidida a favorecer las iniciativas que surgieran para la composición literaria de obras que sirvieran como marco de referencia unitario para las creencias y la vida de la población, y que pudieran ser bien acogidas por ella al reflejar valores tradicionales.

 

 La historia antigua de Israel, desde la óptica del historiador actual, es semejante a la de otros reinos pequeños del Próximo Oriente: Ammón, Moab o Edom. Lo peculiar de la Biblia radica en la perspectiva desde la que aprecia los acontecimientos. La historia bíblica constituye una  creyente de la realidad. Los autores bíblicos percibían los avatares históricos con los ojos de la fe. La óptica creyente de los autores bíblicos les hace comprender que ningún suceso tiene su origen por casualidad: el mundo está en las buenas manos de Dios, y el mismo Señor conduce la historia a buen puerto. Los autores bíblicos confesaban sin ambages la actuación de Dios en la historia y en la entraña de cada ser humano. La vida de Israel está guiada por Yahvé, Señor de la Historia. Esta certeza constituye el prisma a través del cual en AT percibe la sucesión de todos los acontecimientos.

 

 

Estructura general del Pentateuco

 

La trama narrativa del Pentateuco no corresponde exactamente a la división en cinco libros, y presenta largas interrupciones precisamente para introducir los bloques de leyes. Al hilo de la trama narrativa, se podrían distinguir al menos las siguientes partes en la estructura del contenido del Pentateuco:

  • Los orígenes (Gn 1-11)
    • Abrahán, Isaac, Jacob (Gn 11-36)
      • José (Gn 37-50)
        • Esclavitud en Egipto y liberación (Ex 1-15)
          • Por el desierto hasta el Sinaí (Ex 16-40)
          • Legislación cultual (Lv 1-27)
        • Preparativos para la marcha (Nm 1-10)
      • De Sinaí a Cades (Nm 11-20)
    • De Cades a Moab (Nm 20-36)
  • En Moab (Dt 1-30)

 

En el desarrollo de la historia narrada en el Pentateuco se observa un proceso de selección, que como dijimos va centrándose desde la consideración de la humanidad en general hasta el pueblo elegido por Dios: Israel. El Pentateuco termina dejando a los israelitas a las puertas de la tierra prometida, sin cumplirse por tanto la promesa que Dios hiciera a Abrahán.

 

En su forma actual constituye una unidad bien delimitada que narra en su conjunto cómo Dios eligió al pueblo de Israel y le entregó su Ley por medio de Moisés. Más aún, el Pentateuco, tal como termina dejando al pueblo a las puertas de la tierra prometida, tiene un profundo significado. Por una parte está expresando que la actitud del pueblo, al cumplir la ley, ha de ser siempre la de aquella esperanza de entrar, o poseer definitivamente, la tierra. Por otra parte deja así abierto el cumplimiento de la promesa para incluir no sólo la tierra física de Canaán, sino la patria definitiva, la patria celestial.

 

Resumiendo: La historia que presenta el Pentateuco se remonta, pues, al origen del mundo, abarcando a toda la humanidad.     Y, aunque ciertamente después se va concentrando en la historia de un pueblo, el pueblo de Israel, no por ello deja de tener de algún modo presentes a todas las naciones, ya que la elección de Abrahán responde al proyecto de Dios de bendecir, por su medio, a todos los linajes de la tierra (Cf. Gen 12,3). La clave, por tanto, para comprender el Pentateuco es leerlo como una etapa de la historia de la salvación, historia cuyo desenlace sólo aparecerá claramente al final de la Biblia, es decir, en el Nuevo Testamento.

El arquetipo de la intervención de Dios en el AT radica en a liberación israelita de la esclavitud de Egipto: Eramos esclavos del faraón de Egipto y el Señor nos saco de Egipsto con mano fuerte (...) para introducirnos y darns ula tierra que había prometido a nuestros antepasados (Dt 6,21-23). La intervención divina en el AT acontece a través de mediadores aunque también actua personalmente: Dios libera (Ex 13-15), acompaña (Gn 12-50), crea (Gn 1,1-2,4), perdona (Os 1-3) y promete la vida con él para siempre (Sab 3,1). La liberación de Israel de la esclavitud de Egipto es la vivencia crucial del AT. La Biblia expresa la ceretza de que Dios interviene en la historia y en el corazón de la existencia humana, a la vez que propone la respuesta del hombre al proyecto divino.

La redacción de los cinco libros

 

Aunque, como ya se ha estudiado en la lección anterior, el problema de la composición del Pentateuco todavía dista mucho de estar definitivamente resuelto, se pueden establecer ya algunos datos que actualmente se pueden considerar ciertos.

 

El Pentateuco, o el conjunto de cinco libros, tomó su forma actual casi con seguridad después de la restauración judía tras la vuelta del destierro de Babilonia (siglos VI‑V a.C.) y antes de que se produjese la escisión de los samaritanos a finales del s. IV a. C., ya que éstos llevaron consigo los cinco libros con la estructura actual, aunque el texto presente notables diferencias con el transmitido en hebreo y con la traducción griega hecha hacia la mitad del s. III a.C. Todo esto hace suponer, por tanto, que la redacción final del Pentateuco como una obra en cinco partes, se efectuase en los siglos V-IV a.C. sin que sea posible precisar una fecha exacta. No es probable que la “Ley de Moisés” que Esdras leyó ante el pueblo (cfr Neh 8,1‑8) fuese el Pentateuco en su forma actual. Más bien debía tratarse de alguno de los bloques legales contenidos en él, aunque, ciertamente, las alusiones que se encuentran en Neh 9 a la Ley y a la historia patriarcal dan a entender que el material que iba configurar el Pentateuco se transmitía ya con un orden similar al actual.

 

No sabemos a ciencia cierta que forma tenía anteriormente el material literario que fue recogido en el Pentateuco. Es probable que, dado su estilo, el quinto libro, el Deuteronomio, estuviese ya escrito desde antes, y situado como introducción a la amplia exposición de la historia de Israel, que abarcaba desde la entrada en la tierra prometida, a los tiempos del destierro, es decir, desde el libro de Josué al segundo de los Reyes. También es probable que estuviesen ya escritos los grandes códigos legales, y otros bloques narrativos.

 

BLOQUES NARRATIVOS EN EL PENTATEUCO

Esos bloques narrativos, aunque modificados en mayor o menor medida con la adición de textos legales, y retocados en sus últimas etapas redaccionales, todavía se pueden distinguir con claridad en el conjunto del Pentateuco actual. Son los siguientes:

a) Gen 1-11: Los orígenes. Este bloque constituye los once primeros capítulos del Génesis.

b) Gen 12-36: Los patriarcas. Está formado por las tradiciones acerca de los dos grandes patriarcas, Abrahán y Jacob, unidas por la figura de Isaac. Se extiende desde el capítulo 12 al 36 del libro del Génesis.

c) Gen 37-Ex 15: Israel en Egipto. En él se recogen las tradiciones acerca de la estancia del pueblo en Egipto y el recuerdo gozoso de la acción liberadora de Dios que experimentó en su salida. Comienza en el capítulo 37 del Génesis y llega hasta la mitad del capítulo 15 del Éxodo.

d) Ex 15-Nm: La marcha por el desierto. Es el bloque actualmente más extenso, ya que en él se ha incluido la mayor parte de los textos legales, hasta el punto de que en el estado definitivo del texto la marcha por el desierto ha quedado relegada casi a la función de enmarcar las leyes por las que se rige el pueblo. La tradición de la Alianza con Dios, que constituye a la comunidad de Israel en un pueblo santo, es el núcleo que aglutina las tradiciones del desierto y los textos jurídicos. Abarca desde la segunda parte del capítulo 15 del Éxodo hasta el final del libro de los Números.

NOTA:

Los últimos compositores del Pentateuco es posible que, además de comenzar su obra hablando de los orígenes (1º bloque), agruparan los restantes bloques narrativos en ese orden, siguiendo una antiquísima tradición que recordaban al presentar las primicias al Señor y recitar la siguiente confesión de fe:

            “Mi padre era un arameo errante... (2º bloque) que bajó a Egipto y fue a refugiarse allí siendo pocos aún, pero se hizo una nación grande, poderosa y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. Clamamos entonces al Señor Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz; vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión, y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en medio de gran terror, señales prodigios... (3º bloque).

            Nos trajo aquí... (4º bloque)... y nos dio esta tierra que mana leche y miel. Y ahora yo traigo las Primicias de los productos que tú, Señor, me has dado” (Dt 26,5‑10).

 

La escueta noticia acerca del regreso se vería completada con lo que profesaban en otra antiquísima formulación de fe, en la que confesaban el motivo por el que debían cumplir las leyes, y que no era otro que el Señor era quien las había prescrito al conducirlos hacia la tierra en la que habitaban: Éramos esclavos de Faraón en Egipto, y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte. El Señor realizó ante nuestros propios ojos señales y prodigios grandes y terribles en Egipto, contra Faraón y contra toda su casa. Y a nosotros nos sacó de allí... (3º bloque) para conducirnos y entregarnos la tierra que había prometido bajo juramento a nuestros padres. Y el Señor nos ordenó que pusiéramos en práctica todos estos preceptos, temiendo al Señor nuestro Dios para que fuéramos felices siempre y nos permitiera vivir como al presente. (4º bloque)

            Tal será nuestra justicia: guardar y poner cabalmente en práctica todos estos mandamientos ante el Señor nuestro Dios, como él nos ha prescrito (Dt 6,21‑25).

 

Tal vez esa noticia recibida por la tradición fuera la que llevara a insertar la mayor parte del material legal en el conjunto narrativo acerca de la marcha por el desierto. El conjunto de esos cuatro bloques narrativos y legales recogía los fundamentos de la presencia del pueblo de Israel en esa tierra excelente que mana leche y miel, como se recordaba en la oración de presentación de las primicias. Podía servir, por tanto, como un magnifico prólogo para la “Historia deuteronomista” una historia, que ya existía a finales del siglo V a.C., de la presencia de Israel en la tierra de Canaán hasta la cautividad de Babilonia. El prólogo de esa historia, el libro del Deuteronomio, se consideró un magnífico epílogo para esta nueva gran obra literaria que se estaba componiendo bajo la guía del Espíritu Santo y fue desgajado de su antigua situación para ser colocado al final de este nuevo texto. Para situarlo en su posición actual, al final de Pentateuco, sólo debió sufrir pequeños retoques.

 

La redacción final del Pentateuco consistió sobre todo en la sistematización de todo ese material anterior ya escrito, que en ese momento se reorganizó a luz de una doctrina central especialmente viva en la época en que Judá era una provincia persa, tras la experiencia del destierro: que Israel es el pueblo elegido de Dios, que ha recibido la Ley como un don, y que debe cumplirla para permanecer en la tierra. Esta doctrina aparece con la mayor claridad en el último libro del conjunto, en el Deuteronomio. En efecto, al final del Deuteronomio (Cf. Dt 32) encontramos un cántico puesto en labios de Moisés, que tiene carácter conclusivo, y en el que queda reflejada de algún modo la historia del pueblo de Israel desde la creación del mundo (Cf. Dt 32,8) hasta la vuelta del destierro en Babilonia (Cf. Dt 32,20.26).

 

En este cántico, que refleja el clima espiritual en el que adquirió su configuración el Pentateuco, se resalta la idea de que la historia del mundo estaba orientada a la elección de Israel por parte de Dios, y que Israel, a pesar de su infidelidad que le mereció el castigo, es el instrumento de la revelación de Dios a todos los pueblos (cfr Dt 32,43). En el mismo libro del Deuteronomio se expresa vivamente la idea de que Israel ha sido elegido cuando era la más insignificante de todas las naciones (cfr Dt 7).

 

No parece que la labor literaria de redacción final del Pentateuco introdujese propiamente material nuevo, como tampoco eran nuevos la fe y el convencimiento de que Israel era el pueblo elegido de Dios. La redacción final consistió en componer el texto ordenando, con los convenientes retoques redaccionales, un patrimonio literario formado a lo largo de la historia multisecular del pueblo de Israel, y presentarlo como proclamación de una fe madurada y profundizada con la experiencia del destierro y del regreso a la tierra de Israel.

 

La separación en cinco libros, o rollos de pergamino, puede obedecer a motivos prácticos y es posterior a la composición de la obra unitaria. No obstante al hacer la partición se tuvo cuidado de que, además de que cada una de las partes tuviera una extensión análoga, cada una de ellas tuviera una cierta coherencia interna y unidad. De este modo se llegó a los actuales libros que componen el Pentateuco.

 

Sentido teológico del Pentateuco

 

Resumen: Las claves del AT o Los hilos de oro del AT

  1. Elección

  2. Promesas

  3. Alianza

  4. Ley

  5. Tierra prometida

  6. Reino o Reinado de Dios

  7. Monarquía

  8. Templo

  9. Exilio

  10. Mesías

  11. Sabiduría

 

La enseñanza del Pentateuco es fundamentalmente de carácter religioso: muestra cómo Dios actuó en la historia humana haciendo surgir el pueblo de Israel, y enseña la respuesta que el pueblo debía dar a Dios. Esta parte de la Biblia presenta, por tanto, el fundamento de la fe y de la religión de Israel. La historia de la manifestación de Dios expuesta en el Pentateuco es al mismo tiempo historia del conocimiento del verdadero Dios por parte del hombre. A través de profundas experiencias históricas y mediante las palabras de quienes hablaban en Su nombre, Israel llegó al conocimiento de Dios único y trascendente, omnipotente, salvador y misericordioso (Cf. Ex 34,1‑6). Tal es la imagen de Dios que ofrece el Pentateuco.

 El Pentateuco enseña que Dios actúa en la historia humana eligiendo a un pueblo para ser instrumento de salvación respecto a los demás. Esta “elección”, fundada en el amor gratuito, constituye la clave para comprender el desarrollo de la historia que presenta no sólo el Pentateuco, sino toda la Biblia. En el Pentateuco comienza propiamente con la elección de un hombre, Abrahán, y alcanza a todo el pueblo de Israel bajo la mediación de otro elegido, Moisés.

La elección va acompañada de la “promesa”. El Pentateuco es también el libro de las promesas. A Abrahán y los patriarcas se les promete la tierra de Canaán y una descendencia numerosa. Al pueblo, rescatado de Egipto, se le vuelve a prometer la tierra, e incluso a toda la descendencia de Adán se le promete la libe-ración y la victoria frente al mal (Cf. Gen 3,15).

Elección y promesa se ratifican en la “alianza”. El centro del Pentateuco lo constituye la Alianza de Dios con su pueblo por mediación de Moisés. Pero en esa Alianza viene a culminar una historia de alianzas que comienza con Adán en el paraíso, y continúa con Noé, Abrahán y los patriarcas hasta Moisés. Israel se considerará con razón a sí mismo como el pueblo de la Alianza.

La Alianza lleva consigo la “Ley, que viene a ser como el conjunto de estipulaciones que el pueblo, por su parte, ha de cumplir para mantener su pacto con Dios. En este contexto, la Ley adquiere un profundo significado pues el asumirla libremente significa la aceptación agradecida de la elección, y el cumplirla representa el deseo sincero y eficaz de conseguir el don de la promesa. La ley de Dios aparece así ella misma como un don, pues este término no sólo designa su aspecto de “norma”, sino el de la intervención salvadora de Dios de la que habla toda la Ley.

 

Significación del Pentateuco en la fe de la Iglesia

 

El AT desde el NT

  1. Elección = Cristo es quien elige...

  2. Promesas = Cristo continuador verdadero de la Promesa de Abrahán; (Cristo más que Abrahán)

  3. Alianza = Cristo establece la Nueva y Eterna Alianza

  4. Ley = Cristo perfecciona la Ley de Moisés; (Cristo más que Moisés)

  5. Tierra prometida = El Cielo y la vida eterna es la verdadera tierra prometida

  6. Reino o Reinado de Dios = Es la Iglesia de Jesucristo fundada sobre los Doce Apóstoles, verdadero Israel

  7. Monarquía = Cristo Rey, entrada triunfal y reconocimiento como causa de su muerte

  8. templo = Cristo verdadero Templo de Dios; (Cristo más que el Templo)

  9. Exilio = la vida presente es la verdadera peregrinación o Exilio verdadero

  10. Mesías = Cristo verdadero ungido de Dios; (Cristo más que Jonás)

  11. Sabiduría = Cristo Sabiduría del Padre;  (Cristo más que Salomón)

 

Leído a la luz de la fe cristiana, el Pentateuco no sólo no pierde nada de su excelso sentido religioso, sino que éste se llega a percibir con mayor profundidad ya que se sitúa en el conjunto de la revelación divina testimoniada en la Biblia. El contenido del Pentateuco aparece así como una etapa, la primera, de la historia de la salvación, historia que continúa y alcanza su culminación en Jesucristo y la Iglesia, nuevo pueblo de Dios.

El Dios que revela Jesucristo no es otro que el que se había dado a conocer a Moisés y los patriarcas, el Dios único, trascendente misericordioso que actúa en la historia humana. El Nuevo Testamento enseña que esa actuación de Dios ha llegado a un límite insospechado: Dios se ha hecho hombre para salvar al hombre. Y en este acontecimiento central de la historia, Dios se ha revelado Padre, Híjo y Espíritu Santo, Trinidad de Personas siendo el Único Dios.

La finalidad de la “elección” de Israel, ser instrumento de bendición para todos los pueblos, se ve cumplida en el Nuevo Testamento, en cuanto que éste muestra cómo, en efecto, el Salvador ha surgido del pueblo de Israel. Cristo representa a Israel pues El es el Elegido de Dios para traer la salvación a todos los hombres, y con El y a través de El el número de los elegidos se ha desplegado por encima de cualquier limitación (Cf. Gal 3,26‑29).

Si en el Pentateuco la elección va unida a la “promesa”, en el Nuevo Testamento se nos enseña que las promesas se han cumplido mediante Cristo, el Elegido. El es el sí a las promesas. Promesas que a lo largo de la historia de la salvación testimoniada en el Antiguo Testamento, sobrepasaban ya la posesión de la tierra para apuntar al Reino de Dios. Es la nueva situación que Cristo instaura, pero cuyo advenimiento definitivo sigue siendo promesa irrevocable.

Las “alianzas” que ratificaban la elección y las promesas culminan en la nueva y definitiva Alianza sellada con la sangre de Cristo. Pero ésta no serla comprensible sin aquellas, ya que las primeras, teniendo ciertamente un contenido propio, eran preparación para la definitiva. Esta es la Nueva Alianza porque existía la Antigua.

Y, junto a la Nueva Alianza, la Nueva Ley que, fundamentada también sobre la Antigua, se presenta ahora como Ley de Cristo, inscrita en el interior del hombre por el Espíritu Santo. En todos estos aspectos, La Ley, comprendiendo el conjunto del Penta-teuco, era y sigue siendo, como enseña San Pablo, el pedagogo que nos lleva a Cristo (cfr Gal 3,24).

 

ÍNDICE GENERAL
Unidad didáctica 1 Unidad didáctica 2A Unidad didáctica 2B Unidad didáctica 3 Unidad didáctica 4 Unidad didáctica 5

Lección 1

Lección 2

Lección 3

Lección 4

Lección 5

Lección 6

Lección 7
Lección 8

Lección 9
Lección 10

Lección 11
Lección 12
Lección 13
Lección 14
Lección 15
Lección 16

Lección 17
Lección 18
Lección 19

Lección 20
Lección 21
Lección 22

Lección 23
Lección 24