ÍNDICE GENERAL
Unidad didáctica 1 Unidad didáctica 2A Unidad didáctica 2B Unidad didáctica 3 Unidad didáctica 4 Unidad didáctica 5

Lección 1

Lección 2

Lección 3

Lección 4

Lección 5

Lección 6

Lección 7
Lección 8

Lección 9
Lección 10

Lección 11
Lección 12
Lección 13
Lección 14
Lección 15
Lección 16

Lección 17
Lección 18
Lección 19

Lección 20
Lección 21
Lección 22

Lección 23
Lección 24

 

 

 

Lección 24: Los libros de los Macabeos

 

INTRODUCCIÓN ESQUEMÁTICA

 

  • EL PRIMER LIBRO DE LOS MACABEOS

     

    • La revuelta Macabea
      • Alejandro Magno murió 325 a.C..
      • La helenización de Palestina comenzó bajo el dominio de los Ptolomeos (siglo III a.C..)
      • En el siglo II a.C.. Palestina quedó bajo el influjo de los Seleúcidas
      • Los decretos de Antioco IV Epifanes (175-164 a.C..) provocaron la revuelta Macabea
      • Al mando de la revuelta se sucedieron Judas Macabeo, Jonatán y Simón  

       

    • Estructura y contenido del primer libro de los Macabeos
      1. Helenización de Jerusalén (1,1-64)
      2. Rebelión de Matatías (2,1-70)
      3. Judas Macabeo, a la cabeza de la resistencia judía (3,1 - 9,22)
      4. Jonatán, sucesor de Judas (9,23 - 12,54)
      5. Las campañas de Simón. Independencia de Judea (13,1 - 16,20)  

       

    • Composición del primer libro de los Macabeos
      • El texto original, en hebreo (ahora sólo se conserva en griego), fue escrito por un judío de Palestina, probablemente en Jerusalén, hacia el año 130 a.C..
      • Se sirvió de recuerdos, tradiciones sobre Judas Macabeo, y otras fuentes:
        • – Documentos oficiales del Templo, y algunas cartas de los reyes seleúcidas y del senado romano
        • – Una fuente sobre los reyes seleúcidas de Siria  

         

    • Sentido teológico del primer libro de los Macabeos
      • El punto central es la Ley. Refleja la lucha entre los que observan la Ley y sus adversarios
      • Fe que proporciona heroísmo. Lo decisivo no son las fuerzas humanas sino la ayuda divina
      • Dios no comunica directamente sus designios, sino que actúa con su providencia, y se aguarda una nueva situación en que “un profeta fiel” manifieste la voluntad divina

      • La conducta del hombre es valorada por su adhesión a la Ley  

       

    • Significación del libro primero Macabeos en la fe de la Iglesia
      • Testimonio de cómo Dios fue guiando la historia hasta el momento de enviar al Mesías, Jesús
      • Jesucristo asume la adhesión a la Ley, y la lleva a su plenitud por el amor
      • Jesús muestra celo por el Templo, pero enseña que aquel Templo tiene carácter provisional y a adorar a Dios “en espíritu y en verdad
      • Jesús establece la distinción entre el poder político y la fidelidad religiosa  

     

  • EL SEGUNDO LIBRO DE LOS MACABEOS

     

    • Estructura y contenido del segundo libro de los Macabeos
      • Preliminares (1,1 -2,18): cartas para que se celebre la Hannukah
      • Cinco escenas
        • – Bajo un sumo sacerdote piadoso, Onías, la santidad del Templo es inviolable (3).
        • – Cuando el sumo sacerdocio es favorable a la helenización, el Templo es profanado (4 - 7).
        • – La cólera de Dios cambia a misericordia, y Judas purifica el Templo (8,1-10,9).
        • – Judas lucha hasta conseguir la libertad de culto (10,10 - 13,26).
        • – Nicanor, blasfema contra el Templo, pero es derrotado por Judas (14,1 - 15,37)

       

    •  Composición del segundo libro de los Macabeos
      • Compuesto directamente en griego. Anterior al primer libro e independiente de él. Redactado hacia el 125 a.C... Resume una historia escrita por Jasón de Cirene en cinco volúmenes (2 M 2,23), añadiendo algunas cartas
      • Redactado con el estilo propio de la “historia dramática”

       

    • Sentido teológico del segundo libro de los Macabeos
      • La religión tiene un carácter absoluto, que deriva de su santidad
      • Sentido del martirio
      • Más allá de la muerte hay una vida eterna
      • Los vivos pueden ofrecer sacrificios de expiación y oraciones por los difuntos
      • Dios envía a sus ángeles para que acompañen a los justos y les ayuden a alcanzar la victoria 

       

    • Significación del libro segundo de los Macabeos en la fe de la Iglesia
      • No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma (Mt 10,28)
      • En Jesús se cumple en plenitud la enseñanza de que el sufrimiento de los mártires tiene valor salvador para el pueblo
      • La fe en la resurrección, se confirma por la resurrección de Jesús

DESARROLLO DEL CONTENIDO

Se conservan cuatro libros con el título de “Macabeos”, pero sólo dos de ellos están en relación con el movimiento macabeo, que son los dos libros incluidos en el canon cristiano de la Escritura. Ninguno de ellos está incluido en el canon judío actual. El título deriva del apodo dado a Judas, el protagonista de la lucha contra Antioco IV Epífanes (Cf. 1 M 5,34).  En cuanto al autor, los dos libros canónicos son totalmente independientes entre sí  y también en cuanto al tiempo de composición y finalidad, aunque se refieren al mismo periodo histórico. El texto original de 1 M estaba en hebreo, y tanto Orígenes como San Jerónimo llegaron a conocer ese texto, pero actualmente sólo se conservan versiones griegas del mismo. Además la abundancia de giros semíticos en el griego muestra que se trata de una versión literal del hebreo. 2 M fue compuesto directamente en griego. La transmisión de los dos libros canónicos también ha seguido caminos separados. Por ejemplo, en el códice Sinaítico sólo figura el primero, en el Vaticano, ninguno, y en el Alejandrino, los dos.

 

El primer libro de los Macabeos

 

         La revuelta macabea

         Estructura y contenido de 1 M

         Composición de 1 M

         Sentido teológico de 1 M

         Significación de 1 M en la fe de la Iglesia

 

 

La revuelta macabea

Terminar cuando pueda:

  • Alejandro Magno murió 325 a.C..
  • La helenización de Palestina comenzó bajo el dominio de los Ptolomeos (siglo III a.C..)
  • En el siglo II a.C.. Palestina quedó bajo el influjo de los Seleúcidas

 

 

 

Al final de las “Guerras Sirias” Palestina había quedado bajo el poder de Antíoco III, un seleúcida. La actitud de Antíoco III fue conciliadora y favorable para los dos bandos que entonces había entre los judíos: la aristocracia proseleúcida (Tobíadas) y los elementos más conservadores (Oníadas, familia sacerdotal). Dio varios decretos destinados a acelerar la reconstrucción y repoblación de Jerusalén, privilegios a los sacerdotes, escribas y miembros de la gerousía, así como disposiciones para el mantenimiento de la pureza ritual de la ciudad santa y del Templo. Sin embargo los efectos positivos de estas medidas fueron de corta duración debido a los conflictos entre Oníadas y Tobíadas, y a la entrada en acción de Roma, que fue quitando a los seleúcidas parte de su imperio. Las luchas se fueron agravando hasta que Antíoco IV Epífanes (175‑164 a.C.) se hizo con el poder. Durante su reinado el proceso de helenización de Jerusalén llegaría a su apogeo. En el año 171 a.C. fue asesinado Onías III, el último sumo sacerdote sadoquita plenamente legítimo. Los Tobíadas aprovecharon la ocasión para hacerse con el poder en Jerusalén; compraron de Antioco IV el nombramiento de Sumo Sacerdote para uno de sus partidarios (Jasón), intentaron transformar Jerusalén en una polis helenística abandonando la Torah como ley constitucional. También construyeron un gimnasio cerca del Templo (según 2 M 2,12‑15 los sacerdotes preferían participar en las competiciones atléticas antes que dedicarse al servicio del culto), y muchos abandonaron la costumbre de la circuncisión. Ante la sucesión de luchas intestinas en la ciudad, Antíoco envió una expedición de castigo sobre Jerusalén, y dejó instalados en ella a unos colonos militares, cuya presencia transformó Jerusalén en una ciudad de población mixta: judía y gentil. Los decretos de Antíoco III fueron derogados, y la libertad de seguir las “tradiciones ancestrales” fue sustituida por la orden de que “todos formaran un solo pueblo, abandonando cada uno sus tradiciones” (1 M 1,41‑42). Se suprimieron los sacrificios y el culto en el Templo, se construyeron altares paganos en todas las ciudades, se abolió la circuncisión y el descanso sabático, se instauraron los sacrificios de cerdos, etc., y se nombraron inspectores para asegurar el cumplimiento de estas órdenes. Incluso el Templo fue dedicado al “Señor del cielo”, equivalente al Zeus Olímpico de los griegos.

 

Los decretos de Antíoco IV Epífanes encontraron desde el comienzo una resistencia pasiva entre la mayoría del pueblo, patéticamente expresada en las narraciones del martirio del anciano Eleazar, y de la madre y sus siete hijos (2 M 6,18‑7,42). Pero muy pronto esta resistencia pasiva dio paso a la rebelión armada. Matatías, un sacerdote, y sus cinco hijos, después del incidente de Modin (1 M 2,1‑26) huyeron a los montes y comenzaron una guerrilla cuyos rápidos éxitos haría que se incorporaran a su bando un gran número de judíos descontentos con la nueva situación.

 

Matatías murió pronto y quedó como jefe militar de la rebelión su hijo Judas, que había recibido el apodo de “Maccabí” (= martillo), nombre que pasó a toda la familia. Después de una serie de victorias, Judas ocuparía con sus tropas Jerusalén, purificaría el Templo y reconstruiría el altar, de modo que el 25 del mes de kisleu del 164 a.C. (tres años después de la profanación) comenzaron de nuevo a ofrecerse sacrificios. Para conmemorar esta Dedicación del Templo se establece la fiesta de la hanukkah. No obstante la lucha continuó. Primero con el triunfo de la insurrección, pero finalmente fueron derrotados y Judas murió. “Después que murió Judas, por todo el territorio israelita asomaron de nuevo los apóstatas y reaparecieron todos los malhechores. El país se pasó a su bando” (1 M 9,23). Algo después un grupo de rebeldes escogió como jefe a Jonatán (161‑143 a.C.), que se encargó de mantener la lucha. Josefo menciona por vez primera a los fariseos, saduceos y esenios en la época de Jonatán, y los presenta como tres grupos puramente religiosos que sólo se diferenciaban entre sí por sus diferentes posiciones frente a problemas como la inmortalidad, la existencia de los ángeles o el valor de la tradición oral; aunque posiblemente tenían también una importante dimensión política. A la muerte de Jonatán el pueblo eligió a su hermano Simón como sucesor, no sólo como jefe militar sino también como Sumo Sacerdote. En el año 141 a.C. consiguió la rendición del último reducto que se le resistía en la fortaleza de Jerusalén, y logró la independencia nacional completa. En el 140 a.C. una asamblea de sacerdotes y pueblo decidió legitimar los poderes de Simón y hacerlos hereditarios (1 M 14,41‑42). Con este acto quedaba instaurada una nueva dinastía, la asmonea, que conservaría el poder político y religioso del país hasta que éste fuera conquistado por Roma. Esta dinastía no era davídica.

 

Estructura y contenido de 1 Macabeos

 

El primer libro de los Macabeos narra la historia de los comienzos de la dinastía asmonea. Comienza con la llegada de Antíoco IV al trono de Siria y termina con la muerte de Simón, el último superviviente de los hermanos de Judas Macabeo. Su contenido es el siguiente:

1. Helenización de Jerusalén (1 M 1,1‑64). Antíoco IV con la colaboración de algunos judíos influyentes intenta imponer en Jerusalén las costumbres griegas. El Templo de Jerusalén es profanado y convertido en templo pagano. En Jerusalén se construye una fortaleza —la Ciudadela— donde se establece un fuerte contingente militar sirio que controla la ciudad y sus alrededores. La religión judía parece destinada a desaparecer.

2. Rebelión de Matatías (1 M 2,1‑70). Ante tal situación reacciona la familia de Matatías. Él y sus hijos emprenden acciones que al principio se desarrollan en forma de guerrillas por los alrededores de Jerusalén.

3. Judas Macabeo, a la cabeza de la resistencia judía (1 M 3,1‑ 9, 22). Se narra la lucha de Judas Macabeo contra Antíoco y contra sus sucesores Eupátor y Demetrio, y cómo consigue una gloriosa victoria sobre Nicanor. Al fin, logra reconquistar la Ciudad Santa y purifica el Templo. La vida de Judas termina heroicamente en un campo de batalla.

4. Jonatán, sucesor de Judas (9,23‑12,54). A la muerte de Judas Jonatán, su hermano, se pone a la cabeza del alzamiento. Con más habilidad política que poderío militar consigue llegar a controlar la situación en Palestina aprovechando las luchas intestinas en el reino seleúcida, pero muere en una emboscada.

5. Las campañas de Simón. Independencia de Judea (13,1‑16,20), Simón, hermano de Judas y Jonatán, reanuda la lucha, expulsa a Trifón y consigue la paz para el país obteniendo de las potencias extranjeras el reconocimiento de su título de etnarca, pero muere asesinado en un convite. Le sucede en la etnarquía y en el sumo sacerdocio su hijo Juan Hircano, con el que se termina el libro haciendo un brevísimo resumen de su reinado (1 M 16,21‑24).

 

Composición
de 1 Macabeos

 

El texto original de 1 Macabeos estaba en hebreo, y tanto Orígenes como San Jerónimo llegaron a conocerlo. Actualmente sólo se conservan versiones griegas del original en las que se observan numerosos giros semíticos que muestran que se trata de una versión literal del hebreo. Actualmente se considera lo más probable que el libro sea obra de un solo autor que se ha servido de varias fuentes para llevar a cabo su tarea. Estas fuentes, además de sus recuerdos personales y de una tradición más o menos elaborada sobre la vida de Judas Macabeo, son de dos tipos: a) Documentos oficiales, que pudo consultar en los archivos del templo (1 M 14,49): los anales de los sumos sacerdotes, a propósito de Jonatán y Simón (1 M 16,24), el elogio de Simón grabado en bronce (1 M 14,24‑45) y algunas cartas de los reyes seleúcidas y del senado romano dirigidas a Judas, Jonatán y Simón (1 M 5,10‑13;  8,23‑32; 10, 18‑20 .25‑45; 11, 30‑37; 12, 6‑18 .20‑23; 13, 36‑40; 14, 20‑23 .27‑45; 15, 2‑9 .16‑21). b) Una fuente relativa a los monarcas seleúcidas de Siria. En la redacción el autor, aun manteniendo una notable fidelidad histórica en todo lo narrado, no oculta sus simpatías por la dinastía asmonea.

 

Se trata de un judío de Palestina, residente posiblemente en Jerusalén, y fiel devoto de la Ley. La composición del libro habría que situarla alrededor del año 100 a.C. El autor imitó las formas literarias de los anteriores libros históricos del pueblo israelita, intentando, tal vez, continuarlos haciendo notar que Dios es quien también conduce la historia en la época seleúcida como lo hizo en épocas anteriores.

Sentido teológico
de 1 Macabeos

 

En el primer libro de los Macabeos, el punto central de referencia es la Ley. La lucha que narra no es entre los seleúcidas y los asmoneos, ni siquiera entre los reyes paganos y el pueblo judío, sino entre los que observan la Ley y sus adversarios. La Ley no es simplemente un elenco de prescripciones religiosas, sino el testimonio de la Alianza irreversible que Dios ha hecho con su pueblo y que éste debe custodiar con fidelidad, como su más valioso tesoro.

 

A la vez narra una historia que exalta al mismo tiempo los valores humanos y los sobrenaturales, entre los que se enseña cómo la fe engendra el heroísmo, o cómo el servicio a la nación se identifica con el servicio a Dios. La mejor garantía de triunfo en la lucha consiste en apoyarse en Dios. Las armas invencibles son la oración, el ayuno y la lectura de la palabra de Dios (1 M 3,48). Lo decisivo no son las fuerzas humanas con las que se cuente ni la magnitud del ejército, sino la ayuda divina.

 

En el libro primero de los Macabeos Dios no comunica expresamente sus designios, sino que los deja ver en el resultado de las acciones emprendidas en su nombre. Los designios divinos están ya contenidos en la Ley y los Profetas, pero cuando se plantean cuestiones que requerirían conocer su voluntad, se espera a que en el futuro aparezca un profeta, como sucede a propósito del destino de las piedras del viejo altar (1 M 4,46).

 

Algo parecido ocurre con la misma implantación de la dinastía de los asmoneos: si bien ha sido providencial y a través de Dios ha salvado a su pueblo, al Templo y a la Ley, es, sin embargo, provisional. Simón es aceptado como jefe y sumo sacerdote “hasta que surgiera un profeta fiel” (1 M 14,41). Se espera por tanto una situación nueva y una nueva relación de Dios con su pueblo.

 

La conducta del hombre es juzgada y valorada por su adhesión a la Ley; adhesión que viene a identificarse con el apoyo al partido de los Macabeos. Éstos aparecen como ejemplo de hombres celosos de la Ley y del Templo, misericordiosos con los pobres, y generosos en poner sus bienes y su vida a disposición de la causa del judaísmo. El compromiso en la lucha armada es en 1 Macabeos signo de la defensa de la Ley y del judaísmo. Las crueles acciones de venganza por parte de los Macabeos que aparecen a lo largo del libro se han de comprender en aquel ambiente como expresión de celo y protección de la Ley judía.

 

Significación de 1 Macabeos en la fe de la Iglesia

 

En la época de nuestro Señor Jesucristo seguía vivo el celo por la Ley que vemos reflejado en el libro primero de los Macabeos, si bien ese celo era comprendido de distinta manera por los diversos grupos que se habían ido configurando a partir de la encendida defensa de la religión judía. Los fariseos eran los continuadores de los asideos, aquéllos que en un primer momento se unieron a la revuelta macabea (1 M 2,42) pero que después mantuvieron otra política (1 M 7,13). Por otra parte, estaba el grupo de los saduceos que era más complaciente con la dinastía asmonea; y en el polo opuesto se encontraban los esenios, que rompen incluso con el culto del Templo de Jerusalén, según sabemos por fuentes extrabíblicas. Todos estos grupos, sin embargo, mantenían el celo por la Ley.

 

A la luz de la fe cristiana, la historia narrada en 1 Macabeos es un testimonio inspirado de cómo Dios fue guiando y dirigiendo la historia del pueblo elegido hasta el momento mismo de enviar al Mesías, a su Hijo Jesucristo. Ningún otro libro del Antiguo Testamento nos acerca tanto al Nuevo Testamento, desde el punto de vista de la narración de la historia, como en el libro primero de los Macabeos. En el Nuevo Testamento encontramos reflejados los valores espirituales que configuran la historia de 1 Macabeos; sin embargo, Jesucristo los asumió y los transformó a veces radicalmente.

 

Jesús también manifiesta su adhesión a la Ley de Moisés, enseñando que no dejaría de cumplirse ni una sola iota de la misma (Cf. Mt 5,17‑19); pero a la vez interpreta y renueva la Ley mediante la forma de cumplirla que Él propone (Cf. Mt 5,20‑48), y establece una ley nueva de amor entre los hombres, que deja atrás aquella ley del talión que regía los actos bélicos de los macabeos (Cf. Mt 5,28‑47).

 

Jesús mostró también su celo por el Templo hasta el punto de hacer un gesto de gran vigor, como la expulsión de los mercaderes (Cf. Mt 21,12‑17). Pero a la vez declaró que aquel Templo tenía un carácter provisional, y que el verdadero culto a Dios no dependía del Templo, sino de la adoración al Padre en espíritu y en verdad (Cf. Jn 4,23‑ 24). Más aún, el Evangelio de San Juan enseña que el verdadero Templo es la humanidad santísima de Jesús (Cf. Jn 2,22).

 

Frente a la identificación entre fidelidad a la Ley y rebelión política armada que vemos en el libro primero de los Macabeos, en el Nuevo Testamento encontramos la invitación a una resistencia moral y espiritual ante las persecuciones (Cf. Mt 10,16-25); y Jesucristo, por otro lado, establece la separación entre poder político y fidelidad religiosa al proclamar: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21 y par.). Leído a la luz del Nuevo Testamento, cobra un nuevo valor, pues nos ayuda a comprender el trasfondo político y religioso en el que se desarrolla la obra de Jesucristo, y el contraste entre el antiguo y el nuevo pueblo de Dios.

 

 

El segundo libro
de los Macabeos

 

         Estructura y contenido de 2 M

         Composición de 2 M

         Sentido teológico de 2 M

         Significado de 2 M en la fe de la Iglesia

 

Estructura y contenido de 2 Macabeos

 

El segundo libro de los Macabeos se limita a una parte de la historia narrada ya por el primero. Comienza su narración poco antes del inicio de la persecución, y termina con la victoria de Judas Macabeo sobre Nicanor.

            La exposición se ajusta al siguiente esquema:

1. Preliminares (2 M 1,1‑2,18). Se transcriben dos cartas de los judíos de Jerusalén a los de Egipto para estimularlos a que celebraran la fiesta de la purificación del Templo (Hanukkah) instituida por Judas Macabeo.

2. Cinco escenas:

I) Bajo un sumo sacerdote piadoso, como Onías, la santidad del Templo es inviolable (2 M 3).

II) Cuando el sumo sacerdocio queda en manos de personas favorables a la helenización, como Jasón y Menelao, la cólera de Dios se manifiesta sobre Israel, y el Templo es profanado (2 M 4‑7).

III) La cólera de Dios cambia a misericordia, y Judas vence a los paganos y purifica el Templo (2 M 8,1‑10,9).

IV) Posteriormente, Judas lucha contra las tropas reales y las ciudades helenizadas hasta conseguir el reconocimiento a la libertad de culto (2 M 10,-10‑13, 26).

V) Un nuevo pretendiente al sumo sacerdocio, Alcimo, de tendencia helenizante, logra el apoyo del rey; el jefe de los ejércitos reales, Nicanor, blasfema contra el templo, pero es derrotado y muerto por Judas. Se establece una fiesta para renovar anualmente la memoria de esta victoria (2 M 14,1‑15,37).

 

Composición de
2 Macabeos

 

El libro segundo de los Macabeos fue compuesto directamente en griego. El autor del libro explica con sencillez que en su obra ha resumido una historia escrita por Jasón de Cirene en cinco volúmenes (Cf. 2 M 2,23). Además de esa obra básica, reproduce las dos cartas introductorias, y posiblemente consulta otras cartas de los archivos del Templo. Su trabajo es totalmente independiente del primer libro, y fue redactado con anterioridad a él, hacia el final del siglo II a.C.

 

Cada uno de los cuadros que componen el cuerpo central del libro está compuesto, siguiendo la tradición retórica, para conmover y persuadir. La obra habría que incluirla en un género, bastante extendido en literatura helenística, llamado “historia patética o dramática”. Su intención principal está en resaltar el sentido y el alcance religioso de los acontecimientos, por encima de las precisiones que intentaría un historiador meticuloso. Este género se caracteriza por el uso frecuente de los procedimientos retóricos de la oratoria: se cargan de dramatismo algunos episodios, los discursos son ardientes, las críticas dirigidas a los enemigos de Israel son mordaces, etc. Pese a todo, la base histórica del libro es fuerte, como se puede comprobar confrontándolo con el libro primero de los Macabeos y la documentación seleúcida.

 

 

Sentido teológico
de 2 Macabeos

 

El libro segundo de los Macabeos tiene un contenido religioso aún mayor que el primero. La Ley ya no se mezcla con miras políticas. La religión tiene un carácter absoluto que le viene de su santidad. Lo buscado en la lucha está más allá de esta tierra. Judas trabaja por el advenimiento del reino de los santos.

 

En ese contexto se aportan varios elementos importantes de reflexión acerca del sentido y valor de la vida humana. De una parte se destaca el sentido del martirio: la vida humana tiene un valor altísimo, pero no absoluto. Hay realidades que tienen más valor que la vida (la fidelidad a Dios, el ejemplo de una conducta de insobornable rectitud moral, la libertad necesaria para cumplir la Ley de Dios, etc.), y por lo tanto es preferible perderla a renunciar a esos ideales.

 

Pero el martirio no tendría plenitud de sentido si para el hombre todo terminara con la muerte. En este libro se enseña que más allá de la muerte hay una vida eterna. Así aparece explícitamente en las palabras que pronuncia ante su verdugo el segundo de los siete hermanos mártires: “Criminal, tú me quitas la vida presente, pero el rey del universo nos resucitará a una vida eterna a los que morimos por su Ley” (2 M 7, 9).

 

Así pues, la muerte no rompe las relaciones entre Dios y sus fieles. Y la muerte tampoco rompe definitivamente las relaciones de los hombres entre sí, sino que sigue habiendo una comunión entre los vivos y los muertos, ya que los vivos pueden ofrecer oraciones y sacrificios de expiación en beneficio de los difuntos.

 

El poder de Dios es infinito, mientras que el de los hombres, incluso el de los que se creen poderosos en este mundo, como los reyes, es insignificante ante Él. El poder divino se manifiesta en la creación de todas las cosas de la nada y mantiene la esperanza de que resucitará a los justos (2 M 7,28‑29). A veces Dios actúa enviando a sus ángeles para que acompañen a los justos en sus luchas y les ayuden a alcanzar la victoria (2 M 11,6;15,22).

 

 

Significado de 2 Macabeos en la fe de la Iglesia

 

Tanto la fe en la resurrección de los muertos, como la creencia en los ángeles, sitúa al libro segundo de los Macabeos en el ámbito de la religiosidad de los fariseos tal como los conocemos por el Nuevo Testamento (Cf. Hch 23,7‑8). Sin embargo, no puede decirse que el autor sea un fariseo, pues no condena otros templos judíos distintos del de Jerusalén (2 M 2,22; 5,15; 6,2), y sobre todo exalta la lucha armada a la que los fariseos eran contrarios.

 

El libro segundo de los Macabeos representa un paso importante en el proceso de la revelación dentro del Antiguo Testamento, y se acerca a las enseñanzas que aparecerán en el Nuevo. Éste, por una parte, corrobora las ideas de 2 Macabeos, pero, por otra, las trasciende y purifica. Así, el poder de Dios para resucitar a los muertos y la fe en la resurrección (2 M 7,11‑36; 12,38‑46) se confirman en la resurrección de Jesucristo (Cf. Hch 2,23‑24; Rm 1,4; etc.) y en la esperanza de los primeros cristianos (Cf. 1 Co 15,1‑53). Ahora bien, Jesús corrige aquella representación tan material de la resurrección que aparece en 2 Macabeos y orienta a comprenderla de otra forma al decir que en la resurrección los hombres serán como ángeles (Cf. Mt 22,30 y par; 1 Co 15,44‑49).

 

En el libro segundo de los Macabeos aparece expresado con claridad que el sufrimiento de los mártires tiene valor salvador para el pueblo, pues mueve a Dios a intervenir en su favor (cf. 2 M 7,38). Esta verdad culmina en Jesucristo nuestro Señor que, por su aceptación de la muerte y su obediencia al Padre, redime al hombre del pecado (Cf. Mt 26,28 y par.) y nos hace merecedores de la salvación (Cf. Rm 3,24).

 

La santidad del Templo y la inviolabilidad de la Ley, que aparecen con tanta fuerza en 2 Macabeos, pertenecen al sentir común del judaísmo en tiempos de nuestro Señor Jesucristo. De cómo el Señor asumió y completó aquellos aspectos de la religión judía ya hemos hablado al tratar del primer libro de los Macabeos. Además, los casos de fidelidad a la ley de Dios hasta la muerte, expuestos en 2 Macabeos, pueden ser considerados por los cristianos como ejemplos que cumplen anticipadamente las exigencias de Jesús: “No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mt 10,28), o “de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma” (Mt 16,26).

 

 

 

ÍNDICE GENERAL
Unidad didáctica 1 Unidad didáctica 2A Unidad didáctica 2B Unidad didáctica 3 Unidad didáctica 4 Unidad didáctica 5
Texto bíblico de Qumran Patesi Gudea Tabernáculo del desierto Granada YHWH Escaleras Templo Zorobabel Alejandro Magno

Lección 1

Lección 2

Lección 3

Lección 4

Lección 5

Lección 6

Lección 7
Lección 8

Lección 9
Lección 10

Lección 11
Lección 12
Lección 13
Lección 14
Lección 15
Lección 16

Lección 17
Lección 18
Lección 19

Lección 20
Lección 21
Lección 22

Lección 23
Lección 24