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Lección 22: el libro de Judit

 

INTRODUCCIÓN ESQUEMÁTICA

 

  • Estructura y contenido
    • Ataque de Holofernes (1 - 7)
    • Intervención de Judit (8- 16)  
  • Composición
    • Anacronismos históricos y género literario
    • Tiene elementos comunes con midraš y apocalíptica
    • Segunda mitad siglo II a.C..  

     

  • Sentido teológico de Judit
    • El que ha querido seducir a Israel para llevarlo a la idolatría es seducido, y el Señor ayuda a los que le son fieles
    • Puede más la fe que la fuerza
    • La prudencia que otorga la sabiduría de la fe supera a toda sabiduría humana
    • Dios se apoya en los débiles
    • La fe no excluye la necesidad de cooperación

     

  • Significación del libro de Judit en la fe de la Iglesia
    • Se aplican en plenitud a la Virgen María expresiones y textos que cantan la fe y sabiduría de Judit
    • Providencia de Dios, que no abandona a su pueblo
    • Fortaleza de la mujer que vive de fe, y modelo de muchas virtudes      

 

DESARROLLO DEL CONTENIDO

 

Se trata de otro de los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento. Se conservan varias familias de manuscritos de un texto griego, del que se suele considerar que es traducción de un original semítico. Las traducciones vetuslatina y siriaca proceden del texto griego, pero en la Vulgata San Jerónimo hizo una revisión de antiguas traducciones latinas teniendo a la vista un texto arameo.

 

Estructura y contenido
del libro de Judit

 

El argumento del libro habla de la presencia de Dios en medio de su pueblo, que sufre y combate por Él, y del triunfo de los judíos sobre sus enemigos. Su desarrollo se puede dividir en dos apartados:

1. Ataque de Holofernes (Jdt 1‑7). El rey Nabucodonosor consigue grandes éxitos y extiende su inmenso poder. Su general Holofernes inicia una gran campaña para castigar a sus enemigos. Tras haber sometido las ciudades del litoral fenicio y palestino llega con sus tropas a la llanura de Esdrelón. Los judíos, al enterarse, se preparan con prontitud para hacerle frente, a pesar de sus escasos recursos, pues temen por Jerusalén y por su Templo recién reconstruidos al regreso del exilio. El ammonita Ajior informa a Holofernes de estos preparativos y le aconseja prudencia, ya que cuando Israel es fiel a su Dios no tiene que temer a nadie. Para llegar a Jerusalén Holofernes ha de pasar por Betulia, a la que pone cerco y corta los manantiales que abastecen de agua a la ciudad. La situación se hace desesperada, y los defensores de Betulia se disponen a rendirse, si en el plazo de cinco días no reciben una ayuda divina.

2. Intervención de Judit (Jdt 8-16). En ese momento aparece Judit, una mujer viuda y piadosa, modelo de hermosura, prudencia y fortaleza. Judit se ofrece a llevar a cabo un plan audaz y peligroso: salir de la ciudad y dirigirse al campo enemigo para mediante engaños matar a Holofernes. Tras una oración ferviente y una penitencia austera, se engalana con sus mejores vestidos y joyas, y acompañada de su sierva, logra ser conducida hasta Holofernes en el campo enemigo. Valiéndose de su belleza y de su inteligencia consigue seducir al general. Tras un banquete ofrecido a sus oficiales, Holofernes cae rendido por el sueño, totalmente ebrio. Cuando Judit se queda a solas con él, toma la espada que había junto a la cama, corta la cabeza de Holofernes, y se la lleva en un saco a Betulia. Los sitiados celebran la proeza, se produce la conversión de Ajior y Judit entona su canto de victoria. Termina el libro diciendo que Judit, después de subir a Jerusalén junto con todo el pueblo para consagrar a Dios su parte del botín, pasó en Betulia el resto de su larga vida feliz, honrada y estimada por todo el pueblo.

 

Composición del
libro de Judit

 

Es muy difícil precisar la fecha de composición, ya que debido a su peculiar género literario no sirven las alusiones históricas a los hechos narrados. Por ejemplo, se habla de Nabucodonosor, rey de Nínive, reinante después de que los judíos hubieran regresado de la cautividad y reconstruido el Templo. Cuando en realidad Nabucodonosor fue rey de Babilonia y quien llevó allí desterrados a los judíos. En su redacción se pueden encontrar expresiones típicas de la época persa (preparar la tierra y el agua (2, 7), el dios del cielo (5, 8), los nombres de Holofernes y Bagoas, etc.) pero también muchos elementos griegos (la gerusía de Jerusalén (11,14), el empleo de coronas (3, 7), la alusión a un rey Nabucodonosor divinizado (3, 8), etc.). Además, el marco geográfico es fantasioso, ya que muchos topónimos, entre ellos Betulia, se resisten a todo intento de identificación.

 

No se trata, pues, de un libro histórico. Es posible que el autor se inspire en algunos hechos reales, pero que resultan irreconocibles debido a la forma literaria de exposición. Su particular género literario más bien tiene elementos comunes con el midrás y con la apocalíptica. Por ejemplo, en el relato se utilizan algunos elementos del género apocalíptico, como la criptografía: Nabucodonosor, prototipo de los enemigos de los judíos, podría ser Antioco IV Epífanes; Nínive sería Antioquía (capital del reino Seleúcida); Betulia es un lugar desconocido, pero la palabra significa “casa de Dios”; Judit (“la judía”) sería el pueblo judío personificado en una mujer.

 

Además, se puede apreciar una dependencia literaria de Jdt 3,8 con la versión de los LXX de Daniel 3,2 y de otros pasajes de este libro. Por tanto, la redacción del libro de Judit habría que situarla en la segunda mitad del siglo II a.C. después de que el libro de Daniel fuera traducido al griego (año 145 a.C.), en el contexto de la persecución de Antíoco IV y la revolución macabea.

 

Sentido teológico
del libro de Judit

 

La clave teológica del libro se encuentra en la oración de Judit (9,1 ss.): el que ha querido seducir a Israel llevándolo a la idolatría, es seducido y vencido; en cambio, los que son fieles a Dios pueden contar siempre con la Fidelidad del Señor como punto de apoyo. En el contexto en que fue escrito, el libro tiene un mensaje de esperanza en el Dios de Israel, que conduce la historia de su pueblo.

 

Judit simboliza la fe mientras que Holofernes simboliza la fuerza. Judit no posee armas ni destreza en su manejo, pero su fuerza está en su fe. La confrontación entre ambos es paradigma de la confrontación entre los que confían en el poderío humano y los que confían en Dios. Es la misma doctrina del Sal 20,8: “unos confían en sus carros, otros en sus caballos, nosotros somos fuertes en el nombre del Señor”.

 

Judit es hermosa y prudente (Jdt 8,26-28). Es, pues, figura de la sabiduría que proporciona la fe y la confianza en Dios (Jdt 8,15) que supera la sabiduría humana, ya sea babilónica o griega.

 

A pesar de que la lógica humana llevaría a pensar que el mundo está a merced de los poderosos, el libro de Judit mueve a pensar según la lógica de Dios de la que habla San Pablo: “Dios escogió la necedad del mundo para confundir a los sabios y Dios eligió la flaqueza del mundo, para confundir a los fuertes; escogió Dios a lo vil, a lo despreciable del mundo, a lo que es nada, para destruir lo que es, de manera que ningún mortal pueda gloriarse ante Dios” (1 Co 1, 27‑29).

 

No obstante la fe en Dios no excluye la necesidad de la colaboración humana. La derrota de los asirios, según el relato, es fruto del empuje, la iniciativa y la habilidad de Judit, y no de espectaculares intervenciones divinas. Ella pone inteligentemente todos los medios a su alcance y Dios hace que triunfe en una tarea que humanamente no parecía tener ninguna posibilidad de éxito.

 

Significación del libro de Judit en la fe de la Iglesia

 

Ni el libro de Judit, ni su heroína vienen citados explícitamente en el Nuevo Testamento. Sin embargo, sí hay una alusión muy significativa, cuando Isabel se dirige a Santa María con el mismo saludo con el que Ozías cantaba a Judit: “Bendita tú entre las mujeres” (Lc 1,42; Cf. Jdt 13,18). De esta expresión, y de otras cualidades de Judit resaltadas por el texto, la tradición de la Iglesia tuvo a Judit como tipo de María, ya que “a lo largo de toda la Antigua Alianza, la misión de María fue preparada por la misión de algunas santas mujeres” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 489). De hecho, en la Liturgia de las horas, se aplican a Santa María algunos textos que cantan la grandeza de la heroína judía (Cf.13,18‑20;15,9).

 

Como en otros escritos narrativos del Antiguo Testamento, los Padres y los escritores eclesiásticos han visto en el libro de Judit un ejemplo de la Providencia de Dios que no abandona nunca a su pueblo.

 

También comparten con este escrito la visión de la elección preferencial de Dios por lo humilde, por lo que parece poco, para confundir a lo que parece mucho: así una mujer, más débil que el hombre en cuanto a su fortaleza física, es más fuerte por su valentía y su confianza en Dios (Cf. S. Clemente Romano, Ad Corinthios 55,3‑5; S. Ambrosio, De viduis, 38ss).

 

La figura de Judit es vista también como modelo de otras virtudes. Es ejemplo de coraje, de castidad, de oración confiada a Dios, y, por su entereza final al rechazar a quienes la pretendían en matrimonio, es un modelo para las viudas que deciden vivir dedicadas a Dios.

 

 

 

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