Ruinas de Ur de Caldea

Unidad didáctica 1
 

Lección 1

Lección 2

Lección 3

 

Lección 2: Los libros históricos del AT en el canon de la Escritura

 

 

INTRODUCCIÓN ESQUEMÁTICA

  • Los libros históricos del AT en la configuración del canon cristiano

    • Una ley en tiempos de Josías

    • Primera recopilación de la historia en Mispá

    • La escuela sacerdotal del Destierro

    • Esdras y la Ley de Dios

    • La Torah / Ley de Moisés

    • Crónicas / Memorias de Esdras y Nehemías

    • En tiempo de los Macabeos y hasta los tiempos de Jesucristo hubo diversidad de tendencias en el judaísmo, sin un “status” claro de qué se considera “libro sagrado”

 

  • Canon judío y Biblia hebrea

    • Torah (la Ley) : – Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio

    • Nebi’im (los Profetas):

      • – Profetas anteriores: Josué, Jueces, 1-2 Samuel, 1-2 Reyes

      • – Profetas posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel  y los 12 profetas menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías

    • Ketubim (los Escritos): Salmos, Job, Proverbios, Rut, Cantar, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías, 1-2 Crónicas

 

  • Canon cristiano y Biblia griega

• Históricos

– Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio
– Josué, Jueces, Rut, 1-4 Reyes, 1-2 Crónicas, Esdras-Nehemías, Tobías, Judit, Ester

– 1 y 2 Macabeos

• Poéticos y Sapienciales

– Job, Salmos
– Proverbios, Eclesiastés, Canta, Sabiduría, Eclesiástico

• Proféticos

– Isaías, Jeremías (Lamentaciones y Baruc), Ezequiel, Daniel
– 12 profetas menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías

 

 

El nombre de esta asignatura “Introducción y exégesis del Antiguo Testamento I: Libros históricos” plantea un problema que surge espontáneo al lector de la Biblia cuando compara el índice de varias de las Biblias que puede encontrar en el mercado. No todas las Biblias incluyen los mismos libros en el Antiguo Testamento, ni los sitúan en el mismo orden. Estas diferencias de criterio obedecen a razones de tipo histórico que conllevan algunas connotaciones teológicas. En este tema se ofrecer una primera información del sentido de esas diferencias. 

  • Los libros históricos del AT en la configuración del canon cristiano en el Canon  de la Escritura

    • El libro segundo de los Reyes dice que en tiempos de Josías, al hacer unas obras en el Templo, apareció una copia de la ley, a la que en ese relato se le reconoce una notable autoridad, ya que cuando es presentada a rey, éste ordena hacer una reforma religiosa para adaptar la vida social de su reino a lo que ahí se decía (nota). En la época de la monarquía israelita existirían, como en los pueblos vecinos, textos escritos que dejaban constancia de los acontecimientos más notables de cada reinado. La primera redacción que se hizo de una historia de Israel, probablemente en tiempo del destierro de Babilonia, recogería parte del contenido de esos textos, así como de otros antiguos escritos, y es probable que incluyera también narraciones acerca de una época anterior, e incluso que se remontase hasta los orígenes del pueblo y del mundo.

    • La primera recopilación en Mispá

    • La escuela sacerdotal del destierro

    • Tras el fin de la monarquía, los deportados a Babilonia, a los que no resultaba posible acudir al Templo de Jerusalén para dar culto a Dios, fueron dando mayor importancia a la ley en la que se podía encontrar el fundamento de su identidad como pueblo. Los desterrados fueron elaborando una ley escrita, cuyo texto y contenido no ha llegado directamente hasta nosotros, aunque tenemos referencias plausibles de que, a finales del s. V o comienzos del IV a.C., un escriba versado en la ley, llamado Esdras, fue a Jerusalén llevando consigo aquella ley escrita y la impuso, con la autoridad que le había concedido el emperador persa, a todos lo judíos que vivían en la provincia de Yehud.

    •  Ya entonces se fue formando un cuerpo de escritos donde se expone aquella ley como Ley de Moisés y es enmarcada por narraciones acerca de los orígenes y de la formación del pueblo de Israel. Tal vez fuese entonces cuando se compusiera el Pentateuco o Torah por obra de los escribas sucesores de Esdras. De este modo, lo que quizá hasta ese momento habían sido unos materiales escritos más o menos independientes —narrativos y legales—, que se referían a la época anterior al establecimiento de Israel en la tierra de Canaán, fueron reunidos en una composición unitaria. Es posible que algunos de ellos hubiesen servido como prólogo a la historia del pueblo compuesta en tiempos del destierro, pero fueron desgajados de esa obra histórica para formar parte de esta nueva composición que llegó a cobrar una singular relevancia. Esa Ley en cinco libros no se impuso de inmediato como un canon cerrado. Hoy se sabe que en el siglo IV a.C. existían otras versiones de la ley, que venían a completar aquella “Ley de Moisés”: los libros que contenían la Ley de Henoc, y recogían leyes atribuidas a este patriarca, a Noé o Abrahán. Sin embargo se fue reconociendo paulatinamente a los libros de la Ley de Moisés un mayor carácter autoritativo que a los demás, que ya era patente en la época helenística.                 

    • A la vez, otros libros posteriores, como los de las Crónicas, Esdras y Nehemías fueron encajando dentro del conjunto de los libros a los que se trataba con especial veneración en las sinagogas.

    • En la época de los Macabeos e incluso, posteriormente, en tiempos de Jesucristo había muchas tendencias en el judaísmo, lo que hace muy aventurado proponer una hipótesis acerca del status de los libros que tratan acerca de la historia de Israel en el contexto de los libros sagrados en aquel tiempo, sobre todo porque no es posible delimitar con precisión el concepto mismo de “libro sagrado” que se tenía en los momentos, pues aún no tenía los mismos perfiles en todo el ámbito del judaísmo. Sólo el posterior desarrollo de los acontecimientos, e incluso el contraste de opiniones entre los primeros cristianos y el rabinismo, irían conduciendo esos libros hacia los distintos marcos en que fueron recibidos cuando se cerraron los respectivos cánones de las escrituras en los primeros siglos de la era cristiana (nota). Para el rabinismo el momento culminante de la Revelación es la donación de la Torah. No cabe esperar superación. Alianza, que nunca será derogada. Para los cristianos el momento culminante de la Revelación es Jesucristo, Hijo de Dios y Mesías de Israel, hecho hombre.

      • – Se acepta la perennidad de la Ley dada a Israel, pero se reconoce que no quedó cerrada en sí misma, sino que alcanzó su plenitud en Jesucristo.

      • – El AT parte del designio unitario de Dios que culmina en Jesús. La Palabra encarnada reasume y culmina todas las anteriores manifestaciones parciales de la Palabra.

      • En el conjunto de la fe cristiana los libros históricos, proféticos y sapienciales del Antiguo Testamento muestran un designio unitario de Dios, manifestado en las Escrituras y, finalmente, en Jesús. De tal modo que Jesucristo es, en sentido propio, la única Palabra de Dios, el único Verbo que merece ese nombre con todo rigor que reasume y culmina todas las anteriores manifestaciones parciales de esa Palabra. Esa Palabra resuena, pues, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (nota).

 
 
  • Canon Judío y Biblia Hebrea

    El conjunto de libros de la Biblia incluidos en el actual canon judío de las Escrituras se divide en tres partes fundamentales: Pentateuco, Profetas y Escritos. Los judíos denominan al Pentateuco Torah, a los Profetas Nebiim y a los Escritos Ketubin; si se juntan las primeras letran sale Tanak que es el término con el que denominan ellos a su Biblia hebrea.

    • El Pentateuco (“Torah”) consta de cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

    • En el grupo de los Profetas (“Nebi’im”) se distingue entre:

      •  los Profetas anteriores en donde figuran los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes.

      • los Profetas posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías).

    • En los Escritos (“Ketubim”) se incluyen los Salmos, Job, Proverbios, Rut, Cantar de los cantares, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías y los libros de las Crónicas.

    • Según la tradición de Israel la Biblia es la manifestación de la palabra de Dios a su pueblo y a los hombres. Pero esa palabra aparece de distintas formas según su objeto y las circunstancias de su composición, lo que también se refleja en el grupo del canon al que pertenece. Un ejemplo servirá para aclarar esta distinción.

      • En el libro del Éxodo aparece el siguiente mandamiento: No cometerás adulterio (Ex 20,14; cfr Dt 5,18). Es una orden divina incontestable. Es suficiente con que sea manifestación del querer de Dios para que el mandato tenga plena vigencia.

      • En Oseas se habla de la realidad sociológica del adulterio, y se presenta como imagen de la idolatría:

        • Pleitead con vuestra madre, pleitead, porque ella no es mi mujer ni yo soy su marido. Que aparte sus signos de fornicación de su rostro y sus señales de adulterio de entre sus pechos (Os 2, 4).

        • Y me dijo el Señor: ve de nuevo y ama a una mujer que ama el mal y comete adulterio, corno ama el Señor a los hijos de Israel, aunque ellos se vuelvan a otros dioses y gusten de las tortas de uvas pasas (Os 3,1).

        • Sobre las cimas de los montes sacrifican y sobre las colinas queman ofrendas, bajo la encina, el álamo y el terebinto, porque es grata su sombra. Por eso se prostituyen vuestras hijas y vuestras nueras cometen adulterio. No castigaré a vuestras hijas porque se prostituyan ni a vuestras nueras porque cometan adulterio, porque ellos mismos se apartan con las rameras y con las hieródulas ofrecen sacrificio. Y el pueblo, que no entiende, se prepara la ruina (Os 4,13‑14). Y, por supuesto, el adulterio figura entre los pecados en los que el pueblo estaba inmerso: se perjura, se miente, se asesina, se roba, se comete adulterio, se abren brechas y se toca sangre con sangre (Os 4,2).

      • En el libro de los Proverbios la prohibición del adulterio está presentada de modo persuasivo con argumentos racionales:

        • Quien comete adulterio carece de seso, se pierde a sí mismo quien tal hace; incurre en azotes y deshonor y su oprobio no se borrará; pues los celos encienden la saña del marido y no tendrá compasión el día de la venganza, no tendrá en cuenta ninguna indemnización, ni accederá aunque aumentes el soborno (Prov 6,32‑35).

    • En la Torah, según la concepción rabínica, se cuenta sobre todo con el argumento de autoridad: es la palabra de Dios inmutable para todos los tiempos y circunstancias. En los Profetas se contempla la realidad que circunda al escritor y a sus lectores a la luz de la palabra de Dios: se denuncia como un delito religioso el incumplimiento de su mandato e incluso se incluye dentro de esa prohibición la práctica de la idolatría para presentarla como algo aún más aborrecible. En la literatura sapiencial el sabio actúa como un maestro que se sirve de argumentos racionales para transmitir la misma lección.

      • Cuando la Torah dice “haz o no hagas esto”, los Profetas advierten que “lo que estás haciendo ahora está bien o mal hecho” y los sabios persuaden de porqué “vale o no vale la pena hacer tal cosa”.

      •  Esta visión judía del conjunto de la Biblia lleva consigo el convencimiento de que en toda ella se contiene la palabra inspirada por Dios, pero de modos distintos. En el Pentateuco se contiene la palabra de Dios estática, formulada por Dios mismo, palabra por palabra, e incluso letra por letra, y por tanto de un modo esencialmente inmutable y permanente por siempre. En los Profetas se contiene una palabra de Dios dinámica, renovada y actualizada de día en día por esos hombres elegidos por él para iluminar con su doctrina las circunstancias siempre cambiantes de la historia. En los Escritos se escucha la voz humana que habla con sentido práctico de las cosas divinas y enseña a presentarlas como hacederas en la vida ordinaria.

       

    • Se podría decir que esta división presenta una visión circular de la Escritura, en tres círculos concéntricos. En el centro está la Torah, núcleo dado por Dios mismo tal y como está. Alrededor los Profetas, que interpretan la historia a la luz de la Torah; no aportan nada sustancialmente nuevo al núcleo original sino que expresan el modo en que ese núcleo ha sido llevado a la práctica en cada momento ante los problemas que iban surgiendo. Abarcando todo están los Escritos de los sabios, que reflexionan sobre los problemas cotidianos que afectan al hombre y al pueblo a la luz de la Torah. En cada círculo aparece una dimensión propia: donación, vivencia y reflexión, respectivamente.

      • En esta concepción rabínica de las Escrituras no cabía esperar ninguna superación: Dios había establecido con su pueblo una Alianza que nunca sería derogada. Lo único que cabría esperar es una vivencia cada vez más plena y radical de lo que ya estaba escrito en la Ley, pues la donación de la Torah a Moisés en el monte Sinaí constituía la plenitud de la manifestación de Dios. Es verdad que se esperaba que en “los últimos tiempos” se cumpliesen las profecías acerca de la venida del Mesías y la instauración del Reino, pero cuando llegase ese momento no desaparecerían la Ley ni las instituciones derivadas de ella. El momento culminante en las relaciones entre Dios y el pueblo no era la venida del Mesías sino la donación de la Ley.

 
  • La Biblia Griega

    • En las listas de libros sagrados del Antiguo Testamento de origen cristiano éstos siguen un orden distinto a la división tradicional del judaísmo de Palestina. Reflejan las variaciones en el orden de transmisión de los libros sagrados que hubo entre los judíos de la diáspora. En la relación de esos libros tal y como aparecen en las definiciones del canon realizadas en los Concilios de Florencia (1442) y Trento ( 1546) aparecen agrupados atendiendo sobre todo al carácter literario de los libros en libros “históricos”, “poéticos y sapienciales” y “proféticos”. Siguen el siguiente orden:

      •  Al principio están la mayor parte de los “libros históricos”: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, los cuatro libros de los Reyes (1 y 2 Samuel y 1 y 2 Reyes), los dos libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit y Ester

      • A continuación vienen los “libros poéticos y sapienciales”, que son Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los cantares, Sabiduría y Eclesiástico.

      • Siguen los “libros proféticos” que incluyen a Isaías, Jeremías —con Lamentaciones y Baruc—, Ezequiel, Daniel y los doce profetas menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Mala-quías.

      • La lista se cierra con dos “libros históricos” más que son 1 y 2 Macabeos.

    • Comparando esta clasificación con la tradicional del judaísmo palestinense se puede apreciar que hay una reorganización entre los bloques fundamentales, de la que lo más notable es que:

      •  los “profetas anteriores” se han incluido entre los “libros históricos” junto con el Pentateuco.

      • Algunos de los “Escritos” se han incluido entre los “históricos”, como Rut y Ester, y otros entre los “Proféticos” como Lamentaciones y Daniel.

      • Por último, también se han añadido algunos libros que no figuraban en el canon palestinense: Tobías, Judit, Macabeos, Baruc, Sabiduría y Eclesiástico, así como algunos suplementos a Daniel y Ester, y la “carta de Jeremías”.

    • Esta clasificación de los libros está abierta a una valoración teológica distinta. Se presenta ahora una visión lineal de la Escritura.

      • Los libros históricos siguen una línea narrativa que comienza en los orígenes, continúa con los Patriarcas, la estancia de Israel en Egipto y el Éxodo, la peregrinación por el Desierto, el establecimiento en la Tierra Prometida, la Monarquía, el Destierro, la restauración de la época persa y la revuelta macabea frente a la helenización de Palestina. Esa línea queda abierta a las puertas de nuestra era.

      • Paralelamente a ese desarrollo lineal van surgiendo los Profetas que, aunque viven y hablan para una época determinada, tienen en el horizonte de sus oráculos esa apertura de sentido que sólo se verá colmada después.

      • Los libros Didácticos y Poéticos van surgiendo en la línea de la historia, pero también su contenido y lenguaje permite atisbar nuevas perspectivas. La inclusión entre ellos de libros compuestos en griego y con un lenguaje cultural helénico es un testimonio de la apertura universalista de la colección.

       

    • Tal vez por eso, esta clasificación de origen Alejandrino ha sido la que ha proporcionado el orden seguido más habitualmente en las Biblias cristianas, puesto que esta visión lineal y abierta del proceso de la Revelación veterotestamentaria permite entender mejor que todo el Antiguo Testamento mira hacia el Nuevo, en el que encuentra su plenitud.