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Lección
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Lección 19: los libros de esdras y Nehemías |
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INTRODUCCIÓN ESQUEMÁTICA
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DESARROLLO DEL CONTENIDO Contenidos de la Lección 19 n 1. Estructura y contenido de estos libros n 2. Fuentes bíblicas y extrabíblicas n 3. Sentido teológico de los libros de Esdras y Nehemías n 4. Significación de los libros de Esdras y Nehemías en la fe de la Iglesia.
Los libros de Esdras y Nehemías están muy relacionados entre sí, a la vez que guardan muchas semejanzas y algunas diferencias con los libros de las Crónicas a los que fueron asociados en el canon alejandrino. De hecho, en la versión de los Setenta el texto de uno y otro aparece seguido constituyendo un solo libro. Estos libros no ofrecen una exposición lineal de los acontecimientos, como sucedía en los libros de la “historia deuteronomista” o en los libros de las Crónicas, sino que se ocupan de los episodios más sobresalientes relacionados con estos en la reconstrucción religiosa y civil de Judá, durante el tiempo en que ésta formaba parte del imperio persa.
Estructura y contenido de estos libros
En esta obra conjunta se podrían distinguir las siguientes partes: 1. Restauración del pueblo de Dios en Judá (Esd 1‑6). Cuando Ciro autoriza el regreso, se forma una caravana dirigida por Sesbasar que se dirige a Jerusalén y reconstruyen el Templo. Una vez concluidas las obras y realizada su dedicación, celebran con gran gozo la solemnidad de la Pascua. 2. Misión de Esdras: instauración de la Ley (Esd 7‑10). La narración de la misión encomendada a Esdras, el escriba, se inicia con el documento de Artajerjes mediante el cual se le entregaban todos los poderes necesarios para llevarla a cabo. A continuación se describen los preparativos para la marcha a Jerusalén y el desarrollo de la misma hasta su llegada. Una vez allí, Esdras observó un incumplimiento bastante generalizado de algunos preceptos de la Ley, y pronunció una oración penitencial exponiendo ante Dios las culpas del pueblo. Por último se tomaron severas medidas para arreglar esa situación. 3. Misión de Nehemías: reconstrucción de la ciudad (Neh 1‑13). La narración comienza con la exposición de los motivos que movieron a Nehemías a plantearse la tarea de reconstruir Jerusalén y cómo alcanzó del rey permiso para llevarla a cabo. A continuación se describen las obras de restauración de la ciudad, y se habla de su repoblación. El núcleo central de esta parte lo constituye la proclamación de la Ley realizada por Esdras al pueblo y el compromiso de éste en cumplirla. Seguidamente se trata de la repoblación del resto del territorio y la dedicación de la muralla recién reconstruida. Por último se habla de una restauración de la vida civil, llevada a cabo en una segunda misión de Nehemías.
Fuentes bíblicas
La composición de Esdras y Nehemías siguió un camino análogo al indicado al hablar de la “historia del cronista”. No obstante, es necesario aludir a algunas fuentes propias de estos libros: De una parte, en esta obra se recoge una importante documentación escrita en arameo. Son vestigios de una correspondencia diplomática con la corte persa sobre la oposición de los samaritanos a la restauración de las murallas (Esd 4,6‑23) y a la reconstrucción del Templo (Esd 5,1‑6,18). También forman parte de ella dos cartas de cancillería de origen persa. Asimismo son de gran relevancia las "memorias de Esdras", citadas varias veces en la narración de algunos acontecimientos. Reuniendo los datos que aportan se puede calcular que Esdras debió de permanecer en Jerusalén alrededor de un año. La relación global de su informe, es probable que se contenga en Esd 7‑10 y Neh 8. En él habría dado noticias de lo referente a su llegada a Jerusalén, la promulgación de la Ley y la separación de matrimonios mixtos. No se sabe si esta relación estuvo dirigida a las autoridades persas para dar razón de su misión, o tuvo como objeto quedar como memorial en los archivos del Templo. De notable importancia son también las “memorias de Nehemías” que ocupan fragmentos de considerable extensión conservados en distintas partes del libro que lleva su nombre.
Sentido teológico
Los libros de Esdras y Nehemías tratan de la restauración material y de la reorganización de la vida social en Judá después del Exilio de Babilonia. Los diversos acontecimientos que configuran esta etapa de la restauración forman parte de un proyecto unitario de Dios, aunque su realización tuviera lugar en diversos momentos, durante el reinado de varios monarcas persas sucesivos (Cf. Esd 6,14). Esos sucesos constituyen una nueva etapa en la historia de la salvación, en continuidad con las precedentes. Dicha continuidad viene subrayada por las genealogías que sirven para atestiguar los lazos existentes entre la población que lleva a cabo la restauración y el pueblo que había vivido en esa tierra hasta el Destierro. Se trata de diversas generaciones de personas, pero del mismo pueblo al que Dios había elegido desde mucho tiempo atrás. Sin embargo, la continuidad que se establece entre el pueblo de Dios que vivía en Judá gobernado por la monarquía davídica y el que estaba establecido en aquel territorio cuando formaba parte del imperio persa no ha de entenderse en un sentido estático como si se tratara de una simple pervivencia inmutable.
Sucede algo análogo al modo en que se mantiene la vida en los seres animados: así como el adulto es la misma persona que, años atrás, fue adolescente, de ese modo el Israel de la época persa es el mismo de antes, aunque en él se hablan realizado profundas transformaciones debidas a las concretas vicisitudes históricas por las que pasaron. Habían perdido la soberanía nacional sobre su territorio, y ya no estaban gobernados por un monarca davídico. También la actividad religiosa sufrió profundos cambios de formas: durante mucho tiempo estuvieron en el exilio lejos de Jerusalén, por lo que no pudieron ofrecer en el Templo los sacrificios acostumbrados. En esas circunstancias surgió la sinagoga como lugar de reunión y fue cobrando mayor protagonismo la Ley. Cuando las murallas de la ciudad fueron reconstruidas y el Templo se reedificó, también se reorganizó la vida nacional y religiosa del pueblo.
En ese momento era importante hacer notar los lazos de continuidad entre los antiguos y nuevos lugares e instituciones. El altar y el Santuario fueron construidos “en su lugar” (Esd 3,3 y 6,7 respectivamente). Los utensilios que los deportados transportaron a su regreso hasta Jerusalén para uso del Templo eran los que Nabucodonosor se había llevado a Babilonia (Esd 1,7‑11). Tanto los sacerdotes como el personal que servía en todo lo relacionado con el culto eran los descendientes de los que con anterioridad se habían ocupados de esas tareas (Esd 2,36‑63; Neh 7,39‑65).
Esa continuidad que subrayan estos libros constituye un elemento importante de su enseñanza, ya que ofrecen un testimonio acerca del modo en que Dios conduce la Historia de la Salvación, avanzando y progresando al paso de los tiempos, haciendo surgir respuestas nuevas a las diversas situaciones que se presentan, pero manteniendo siempre la identidad que le es propia mediante fuertes lazos de fidelidad a los orígenes. Junto a la continuidad, en los libros de Esdras‑Nehemías se destaca con fuerza la identidad del pueblo elegido, que ha de mantenerse mediante la severa prohibición de matrimonios mixtos, y la segregación respecto a los gentiles. No siempre había sido así en la historia del pueblo, como muestran los libros de Rut o de Jonás; pero en esos momentos, en los que la tentación de sincretismo se acentúa debido a la nueva situación social y política, tales medidas fueron providenciales para mantener la identidad religiosa del “pueblo de Israel”, que en ese tiempo toma la configuración de “pueblo judío”. En efecto, a partir de las reformas de Nehemías y Esdras, tal como aparecen en el libro, la pertenencia al pueblo no está unida a habitar en un territorio concreto o proceder de él, sino a tener una ascendencia determinada -de ahí la importancia de las genealogías- y a someterse a una ley que, aun siendo considerada como la Ley dada por Dios a Moisés, se estima que viene establecida para todos los judíos por la autoridad de un rey extranjero.
Significación de
Los libros de Esdras y Nehemías han de ser vistos y leídos como una etapa preparatoria y transitoria hacia la revelación del Nuevo Testamento. Preparatoria, porque ambos libros dan razón en buena parte —no del todo pues había otras tendencias dentro del judaísmo— de la situación religiosa y de la forma de pensar del pueblo judío, centrada en el cumplimiento de la Ley, en la época en la que vive Jesucristo y surge la Iglesia. Transitoria, en cuanto que las enseñanzas de los libros de Esdras y Nehemías sobre la absolutización de la Ley como medio de obtener la misericordia de Dios, y la segregación respecto a los gentiles como medio de mantener la identidad del pueblo elegido, van a ser profundamente modificadas en el Nuevo Testamento.
Para éste, en efecto, aunque la Ley conserva su valor, la misericordia de Dios llega al hombre, a todos los hombres, judíos o no, por Jesucristo, el Mesías; la identidad de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, no se mantiene mediante la segregación frente a los gentiles, sino mediante la fidelidad y santidad de sus miembros en medio del mundo.
Estos libros se han interpretado en la tradición cristiana sobre todo en sentido espiritual buscando en ellos lecciones acerca de la edificación de la Ciudad de Dios, es decir, de la Iglesia.
Además de esa perspectiva general, la figura de Esdras es contemplada como un anticipo de algo que Jesucristo realizaría en plenitud: así como Esdras instruyó en la Ley de Moisés al pueblo de Dios, Jesús enseñó esa ley y la llevó a su perfección (Cf. Mt 5,17).
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