| ÍNDICE GENERAL | |||||
| Unidad didáctica 1 | Unidad didáctica 2A | Unidad didáctica 2B | Unidad didáctica 3 | Unidad didáctica 4 | Unidad didáctica 5 |
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Lección
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Lección 17: Descripción e introducción a la investigación crítico-literaria de los libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías |
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INTRODUCCIÓN ESQUEMÁTICA
La llamada “historia del cronista”
La relación entre Crónicas, Esdras y Nehemías en la investigación actual
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DESARROLLO DEL CONTENIDO Contenido de la Lección 17ª n 1. La “historia del cronista” n 2. Historia de Judá durante el periodo persa
En el texto hebreo los dos libros que se suelen llamar “Crónicas” reciben el nombre de Dibrehayamim, esto es, los hechos de los días, o el “diario”. En la versión de los Setenta llevan el nombre de Paraleipómena, esto es, las “cosas omitidas” en los libros anteriores. Los dos libros de las Crónicas forman una unidad, y tienen numerosos elementos comunes con los libros de Esdras y Nehemías. No faltan autores que piensan que Esdras y Nehemías estaban unidos a los dos libros de las Crónicas ya que los cuatro primeros versículos de Esdras coinciden con los últimos del libro segundo de 1as Crónicas. En su conjunto estos libros son una historia general del pueblo elegido que, comenzando desde los orígenes, terminará -en los libros de Esdras y Nehemías- en la época persa. La división de los libros de Esdras y Nehemías tuvo lugar en fecha tardía. Incluso la traducción de los Setenta respetó la unidad de estos dos libros formando un solo bloque. A esta historia general, paralela en parte a la “Historia deuteronomista”, pero con una orientación diferente, se la suele denominar la «Historia del cronista». Esta historia entró tardíamente en el canon judío, por lo que se integró en el último bloque de la colección: los ketubim. Tal vez los dos libros de Crónicas tardaran más en entrar que el de Esdras‑Nehemías, ya que de la materia de la que tratan ya se habían ocupados otros libros del canon. En las Biblias Hebreas aparecen al final del todo.
La historia del Cronista
Cuando el lector de la Biblia llega al libro primero de las Crónicas tal vez podría esperar que continuara la narración de la historia del pueblo elegido que ya lleva leyendo desde muchas páginas antes. Y puede quedar sorprendido al encontrarse con que este nuevo libro comienza con una larguísima genealogía que se remonta hasta el mismo comienzo, es decir, hasta Adán. Tendrá que leer nueve capítulos de genealogías hasta llegar a la sección narrativa, que lo sitúa en un tema que ya le resulta conocido: los inicios de la monarquía, la muerte de Saúl y la ascensión al trono de David. A partir de ese punto comienza a releer una historia que ya conoce.
Ante ese fenómeno surgen espontáneas algunas cuestiones como: ¿por qué se volvió a escribir la historia del pueblo elegido, si ya estaba escrita?, e incluso admitiendo que no habría dificultad para que otro autor pudiera componer su obra sobre un tema ya desarrollado por otro, ¿por qué se incluyó también en el canon de los libros sagrados otra historia, si ya había una? La razón es que, aunque la “Historia deuteronomista” y la “Historia del cronista” traten en gran parte sobre los mismos acontecimientos no son, ni mucho menos, iguales. La situación de Judá en la época persa era distinta a la que se había encontrado al final del periodo monárquico y en el destierro, y como la historia es la maestra de la vida, y especialmente en el caso de los libros sagrados, fue necesario reescribirla con una nueva intencionalidad teológica para iluminar la situación en la que se encontraban los lectores del momento.Esta intencionalidad se puede apreciar por muchos indicios que es deliberada: se trata en muchas ocasiones de justificar por la historia las soluciones que se dan, en la época persa, a los distintos problemas religiosos que se plantean; además hay un particular interés en referir a David los elementos fundamentales de la comunidad judía sin descuidar los orígenes mosaicos de la propia religión de David. Las variaciones más significativas, que abren perspectivas distintas a las ofrecidas por los libros de Samuel y de los Reyes, son las siguientes: omisiones + retoques + adiciones.
a) Hay omisiones importantes: se silencian las relaciones de David con Saúl (1 Sam 16‑31) pues Saúl ha sido un rey infiel; el adulterio y homicidio de David (2 Sam 11‑12); el incesto de Ammón y la rebelión de Absalón (2 Sam 13‑20); no se habla de la caída de Salomón al final de su vida, y se lo exculpa de alguna de sus acciones, etc. De este modo se idealiza la figura de David al no aludir en el texto a sus debilidades o las de personas de su familia más directa. b) Se han introducido retoques en las fuentes comunes: modificación de expresiones, alteración del orden de los acontecimientos, añadido de glosas, y comentarios de los hechos desde otra perspectiva. Un ejemplo significativo puede verse en la comparación de 1 Cr 21,1‑5 con 2 Sam 24,1‑9.
El cronista en vez de atribuir la iniciativa en el censo a la cólera divina, hace descargar la responsabilidad en Satán. En la descripción del censo se han suprimido los nombres de los lugares extranjeros que figuraban en el libro de Samuel (Tiro, Sidón, las ciudades de los jiveos y cananeos). Entre las razones esgrimidas por Joab para hacer desistir al rey de su propósito aparece una nueva y significativa: “¿para qué hacer una cosa que será imputada como pecado a Israel?”. c) Se han introducido numerosas adiciones. Las más características son los cinco capítulos en los que se describe la organización del culto realizada por David (1 Cr 23‑27), y las reformas religiosas que se atribuyen a Asá (2 Cr 15) y a Joás (2 Cr 24) de las que no se habla en la historia deuteronomista.
Vale la pena señalar que tanto las adiciones como omisiones o cambios en la redacción modifican habitualmente en la misma línea los juicios de valor acerca de los hechos narrados, por lo que la intencionalidad de los mismos y la lección que quieren transmitir parecen claras. Otro tanto podría decirse de la autoría de esas variantes con respecto a la “Historia deuteronomista”: han de ser obra de un autor, o de un grupo de autores perfectamente compenetrados en la visión de la historia que desean transmitir. La intención del autor no es la de falsear la historia, sino repensar esa historia que ya es conocida para sacar lecciones de ella, adecuadas a la nueva situación para alimentar la fe en Dios y reforzar la unidad en la práctica de la Ley. El cronista compuso su obra mucho después de la vuelta del Destierro, probablemente en el siglo III a.C. al inicio de la helenización de Palestina. En esa época el pueblo judío hubo de afrontar graves tensiones internas y externas, y la composición de esta obra pudo constituir un punto sólido de apoyo para su fe y su unidad.
Historia de Judá durante el período persa
Después de la muerte de Nabucodonosor, sus sucesores en el trono de Babilonia duraron poco tiempo en su puesto, y su poder se fue desmoronando por momentos. Mientras tanto, en la vecina Persia, Ciro había subido al trono en el año 557, y en menos de veinte años llegaría a construir un imperio sumamente poderoso que extendería sus fronteras hasta el Mar Jónico. En el 539 las tropas de Ciro entraban en Babilonia sin lucha, aclamadas por la multitud, debido al odio que tenían a su rey Nabonid por motivos religiosos, puesto que había suspendido durante años las fiestas de Año Nuevo en honor de Marduk. Ciro fue tolerante con las creencias religiosas de los pueblos que conquistó. Restableció el culto a Marduk en Babilonia, y se encargó de la restauración y el cuidado de sus templos. (cilindro de Ciro)
Los judíos exilados consiguieron que Ciro, en cuanto accedió al poder en Babilonia, diera un decreto que permitía a los judíos que lo desearan volver a su patria. El texto del edicto se conserva en Esd 1, 2‑5. La misión explícita de este decreto era “la construcción de un Templo al Dios de los Cielos en Jerusalén, que está en Judá”. En Esd 6,3‑5 se menciona también el retorno de los utensilios que Nabucodonosor sustrajo de Jerusalén. El primer retorno de los exiliados tuvo lugar unos sesenta años después de su destierro. Al frente de ellos estaba Sesbasar. Con respecto a la reconstrucción del Templo, sólo pudieron poner los cimientos (Esd 5,16) no se sabe si por despreocupación o por falta de medios materiales, humanos y técnicos para llevar a cabo esa tarea.
Ciro murió en el año 530, y le sucedió su hijo Cambises, que conquistaría Egipto de forma duradera. A su muerte le sucedió Darío I, que colocó como gobernadores en un interés real por la reconstrucción del Templo (Ag 1,1‑11). Según Esd 6,15 se acabó la construcción del Templo el 3 de febrero-marzo del año sexto del reinado de Darío, esto es en el año 515. Se tienen pocas noticias sobre las características peculiares del Templo, pero parece cierto que su disposición no era muy diferente de la que el libro primero de los Reyes describe para el Templo de Salomón; y coincide sustancialmente con el de Herodes, ya que éste se limitó a embellecerlo y agrandarlo, sin cambiar su estructura original. En la época de este “Segundo Templo” se produjo un cambio fundamental con respecto a la época anterior. En ese momento el poder político estaba dominado por los persas, que eran extranjeros, pero la comunidad judía necesitaba una autoridad propia, y esa autoridad sería desempeñada a partir de entonces por el sacerdocio. El rito de la unción, que hasta ese momento era propio de la entronización real pasaría al Sumo Sacerdote, título que aparece en esta época (Ag 1,1). En ese contexto histórico se sitúan las misiones de Esdras y Nehemías. No hay certeza acerca de la cronología, ni siquiera sobre el orden en el que tuvieron lugar sus viajes. Actualmente la mayor parte de los historiadores piensan que primero tuvo lugar la misión de Nehemías, y después la de Esdras.
La reconstrucción sumaria de los hechos, según la hipótesis más probable quedaría así: Durante el reinado de Artajerjes I (464‑424) llegaron a la corte persa quejas de los samaritanos porque se estaban reconstruyendo las murallas y la ciudad de Jerusalén (Esd 4,7), y el rey mandó paralizar las obras. Nehemías era un judío que ocupaba un puesto importante en esa corte y logró que el rey lo enviara allí hacia el año 430 a.C. y autorizara la continuación de los trabajos. A pesar de la oposición de Samaría, Nehemías logró construir las murallas y repoblar la ciudad. Además reorganizó la vida social insistiendo en los aspectos propios del carácter nacional y en la organización del culto del Templo (Neh 9). Esdras era un escriba de familia sacerdotal. No se sabe con certeza cuándo desarrolló su misión. Pudo haber sido un poco antes que la de Nehemías, o a la vez, aunque parece que lo más posible es que la desarrollara unos treinta años después, hacia el año 398 a. C., durante el reinado de Artajerjes II. Recibió del rey Artajerjes II un decreto por el que se renovaba el permiso para que volvieran quienes lo desearan, se le dieron poderes para imponer la “ley de su Dios” como ley del estado persa para los judíos, y recibió aportaciones del soberano para el mantenimiento del culto del Templo (Esd 7,15). Esdras puso todo su empeño en cumplir esta misión. Reunió al pueblo y le leyó “el libro de la ley de Moisés”, y después arregló muchos asuntos de la vida social conforme a lo que se dice en esa Ley, especialmente los matrimonios mixtos. No se sabe con certeza si la expresión “Ley de Moisés” designa en ese momento a todo el Pentateuco o a alguno de los códigos más antiguos, que después quedaron integrados en el mismo.
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