Sabiduría del rey Salomón (1 R 3,4-28)

El párrafo se divide claramente en dos partes unidas por el tema dell gobierno: Yahvé concede a Salomón sabiduría en orden al gobierno del pueblo (3,4-15); Salomón demuestra concretamente saber gobernar con divina sabiduría (3,16-28).

El sueño de Gabaón (3,4-15).

3, 4 El rey acudió a Gabaón a ofrecer allí sacrificios, pues era entonces el santuario principal. Salomón ofreció mil holocaustos sobre aquel altar. 5 En Gabaón se apareció Yahvé a Salomón en aquella noche mediante un sueño. Dios dijo: «Pídeme lo que haya de darte.» 6 Salomón respondió: «Has actuado con gran benevolencia hacia tu siervo David, mi padre, porque él caminaba en tu presencia con lealtad, justicia y rectitud de corazón. Has guardado hacia él esta gran benevolencia, concediéndole un hijo que había de sentarse en su trono, como así acaece en este día. 7 Pues bien, Yahvé mi Dios, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero soy un joven muchacho y no sé por dónde empezar y terminar.» 8 Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo numeroso, que no es posible contar ni calcular. 9 Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. Cierto, ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan grande?» 10 Agradó al Señor esta súplica de Salomón. 11 Entonces le dijo Dios: «Por haber pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti ni tampoco la vida de tus enemigos, sino inteligencia para atender a la justicia, 12 obraré según tu palabra: te concedo un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti. 13 Te concedo también aquello que no has pedido, riquezas y gloria, mayores que las de ningún otro rey mientras vivas. 14 [Si caminas por mis sendas, guardando mis preceptos y mandamientos, como hizo David, tu padre, prolongaré los días de tu vida].» 15 Salomón se despertó: ¡Había sido un sueño! Entonces se levantó y fue a Jerusalén. Puesto en pie ante el arca de la alianza del Señor, ofreció holocaustos y sacrificios de comunión, y dio luego un banquete a todos sus servidores.

 

Gabaón: actual El-Gib a 10 Km al NO de Jerusalén

En Gabaón (3,4)

Consolidado el poder tras una serie de ejecuciones capitales que, aunque nos repugnen, eran inevitable corolario de las sucesiones dinásticas del mundo oriental, Salomón santifica el comienzo de su reinado con una peregrinación a Gabaón. Allí se encontraba el santuario principal del reino, sabemos por 2 Cr 1,3 que allí estaba la Tienda de la Alianza con el altar de los holocaustos mientras que el arca estaba en Jerusalén bajo otra tienda a la espera del templo. No es de extrañar que Salomón sea el que ofrezca los sacrificios pues el rey como ungido de Yahvé podía hacer algunos actos de culto en ciertas circunstancias de la religión del Estado.

Parece que Salomón hizo lo que se llama "incubación" es decir, la costumbre de pasar la noche en un ambiente sagrado, a fin de tener sueños reveladores. Salomón pretende conocer la voluntad de Dios para orientar toda su vida: la incubación deja de ser un medio adivinatorio para convertirse en instrumento de la más elevada religiosidad, capaz de poner al hombre en un peldaño más elevado de la vida religiosa.

La plegaria de Salomón (3,5-9)

Se comienza la oración evocando los beneficios recibidos de Dios por su misericordia. La iniciativa es siempre de Dios que es el donante por excelencia y se inclina con benevolencia sobre el hombre. Salomón invoca a su padre con el título de siervo, es decir de súbdito de Yahvé: el rey es escogido por Yahvé y puesto al frente de su pueblo; en virtud de esta elección se convierte en siervo de Dios y se compromete a observar la alianza con lealtad, justicia y rectitud de corazón (respuesta adecuada del hombre a la misericordia de Dios), en el fondo de esta oración campea la idea de la benevolencia infinita y permanente de Dios que abarca al padre juntamente con el hijo llamado a sucederle como guía del pueblo. La petición se puede resumir en el término un corazón atento es decir un corazón a la escucha espiritual de cuanto Dios sugiera; el hombre de la Biblia sabe que está llamado a realizar el plan divino, que debe procurar captar sus mandamientos con el corazón, órgano de la inteligencia. Salomón pide a Dios como una inteligencia práctica capaz de elegir en las circunstancias difíciles del gobierno la situación apropiada para el pueblo, pero, sobre todo desde el punto de vista religioso, como medio para responder más fácilmente de manera total a la voluntad de Dios.

La respuesta de Yahvé (3,10-14)

Yahvé responde aprobando plenamente la plegaria. Y deja claro la singularidad por lo desinteresado de la oración de Salomón, pero sobre todo lo que agrada a Dios es el sentido religioso de la petición: la preocupación por el hecho de que la conducta del pueblo se ajuste al plan divino.

De este modo toda la grandeza del reino y sus grandes construcciones, etc. vienen a ser don divino a aquella petición de Salomón y por lo mismo resultará mucho más reprochable su infidelidad final que se tiñe de ingratitud y merecedora de castigo. Estamos ante la visión bíblica de la historia .

La conclusión (3,15)

Al despertar Salomón se dio cuenta de haber recibido una comunicación divina que compendiaba sus años futuros y trazaba las líneas fundamentales de su reinado. Entonces subió a Jerusalén y completo con más sacrificios y un banquete ritual la acción sagrada empezada en Gabaón.

 

 

Juicio de Salomón (3,16-28).

16 Por entonces dos mujeres prostitutas fueron a presentarse al rey. Se pararon ante él, 17 y dijo una de ellas: «Por favor, mi señor, yo y esa mujer vivíamos en una misma casa, y di a luz, mientras ella estaba conmigo en la casa. 18 A los tres días de mi parto, parió también la mujer ésa; estábamos juntas, no había nadie más en la casa, sólo nosotras dos. 19 Una noche murió el hijo de la mujer ésa, porque ella había permanecido acostada sobre él. 20 Se levantó durante la noche y, mientras tu servidora dormía, tomó a mi hijo de mi costado y lo acostó en su regazo, y a su hijo, el que estaba muerto, lo acostó en el mío. 21 Al amanecer me levanté para amamantar a mi hijo, y ¡estaba muerto! Pero lo examiné bien a la luz de la mañana y ví que no era mi hijo, el que yo había parido.» 22 La otra mujer repuso: «No, por cierto, mi hijo es el vivo y tu hijo es el muerto.» Pero la otra replicaba: «No, al contrario, tu hijo es el muerto y mi hijo es el vivo.» Y seguían discutiendo ante el rey. 23 Dijo el rey: «Ésa dice: `Éste es mi hijo, el vivo, y tu hijo es el muerto,' y la otra dice: `No, al contrario, tu hijo es el muerto, y mi hijo es el vivo.'» 24 Entonces ordenó el rey: «Traedme una espada.» Presentaron la espada al rey 25 y éste sentenció: «Cortad al niño vivo en dos partes y dad mitad a una y mitad a otra.» 26 A la mujer de quien era el niño vivo se le conmovieron las entrañas por su hijo y replicó al rey: «Por favor, mi señor, que le den a ella el niño vivo, pero matarlo, ¡no!, ¡no lo matéis!» Mientras, la otra decía: «Ni para mí ni para ti: ¡que lo corten!» 27 Sentenció entonces el rey: «Entregadle a ella el niño vivo, ¡no lo matéis! Ella es su madre.» 28 El juicio pronunciado por el rey llegó a oídos de todo Israel y cobraron respeto al rey, al ver que dentro de él había una sabiduría divina con la que hacer justicia.

 

 

El Hecho (3,16-22)

El relato comienza inesperadamente y casi al modo del flash-back cinematográfico, con la presencia de dos mujeres en el tribunal del rey. Es cuestión típica del rey administrar justicia (no sería hasta la reforma de Josafat -Cf. 2 Cr 19,4-11- cuando esta función se delegó a un funcionario real). Las dos mujeres que se acercan son prostitutas y parecen aceptadas socialmente como tales, no estamos ante una sociedad puritana sino más bien de ruda sinceridad en las costumbres. La indecencia femenina fue fruto de la opulencia de la sociedad que se fue formando por impulso y ejemplo del mismo Salomón.

El juicio del rey (3,23-27)

La ausencia de testigos era lo que hacía difícil la cuestión. Se trata de dos mujeres que se desmienten mutuamente y no parece haber más elementos de juicio de sus afirmaciones. La sagacidad de Salomón consiste en considera un elemento presente pero oculto a simple vista: el amor maternal. En efecto el amor hizo que la verdadera madre declarara que prefería ceder el hijo a su rival, con tal de que permaneciera vivo, mientras ésta, con ta reacción cruel de las mujeres frustradas, insistía en que lo descuartizaran.

La conclusión (3,28)

Ante una peculiar manifestación de lo divino el hombre teme, es decir, mide su propia indignidad ante la grandeza de Dios. Con este episodio Israel se dio cuenta de que el rey se encontraba con una sabiduría que no era humana, sino don divino. La promesa de Gabaón empieza a cumplirse.

 

 

 

El cisma de Jeroboán (1 R 12, 1-33)

Se trata de uno de los momentos clave en la historia del pueblo de Israel (estamos en el 931): toda la evolución posterior está determinada en buena parte por el episodio de Siquén no sólo desde el punto de vista político sino también religioso. El capítulo queda dividido en dos secciones: el sima político (12,1-24) y el cisma religioso (12,25-33).

El cisma político en la asamblea de Siquén (12,3-15).

12, 1 Roboán fue a Siquén, porque todo Israel había ido a Siquén con objeto de proclamarle rey. 2 Cuando se enteró Jeroboán, hijo de Nebat, -estaba todavía en Egipto, adonde había huido del rey Salomón para establecerse allí- 3 después que enviaron a llamarle, Jeroboán llegó con toda la asamblea de Israel y hablaron a Roboán diciendo: 4 «Tu padre hizo pesado nuestro yugo; aligera tú ahora la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que cargó sobre nosotros, y te serviremos.» 5 Él les dijo: «Marchaos todavía durante tres días y volved luego a mí». El pueblo se fue.

6 El rey Roboán se aconsejó con los ancianos que habían servido a su padre Salomón en vida de éste: «¿Cómo me aconsejáis que dé respuesta a este pueblo?» 7 Le dijeron: «Si hoy tú te conviertes en servidor de este pueblo y les sirves a ellos y les ofreces buenas palabras, ellos serán tus siervos por siempre.» 8 Pero él ignoró el consejo que los ancianos le ofrecían y buscó consejo entre los jóvenes que se habían criado con él y estaban a su servicio. 9 Les dijo: «¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo que me ha hablado diciendo: `Aligera el yugo que tu padre puso sobre nosotros'?» 10 Los jóvenes que se habían criado con él respondieron: «Esto debes contestar a este pueblo que te ha dicho: `Tu padre hizo pesado nuestro yugo; aligera tú ahora nuestro yugo', esto debes contestar: `Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre.

11 Mi padre os impuso un yugo pesado,

yo añadiré peso a vuestro yugo;

mi padre os azotaba con látigos,

yo os azotaré con escorpiones'.»

12 Al día tercero, Jeroboán y todo el pueblo vinieron a Roboán, como había dicho el rey: «Volved a mí al tercer día.» 13 El rey respondió al pueblo con dureza, ignorando el consejo que los ancianos le habían dado, 14 y les habló según el consejo de los jóvenes, diciendo:

«Mi padre hizo pesado vuestro yugo,

yo añadiré peso a vuestro yugo.

Mi padre os azotaba con látigos,

yo os azotaré con escorpiones.»

15 (No escuchó el rey al pueblo, pues se trataba de algo dispuesto por Yahvé, para que se cumpliera la palabra que Yahvé había anunciado a Jeroboán, hijo de Nebat, por medio de Ajías de Siló). 16 Viendo todo Israel que el rey no escuchaba, el pueblo devolvió la palabra al rey diciendo:

«¡No tenemos parte con David!

¡No tenemos herencia con el hijo de Jesé!

¡A tus tiendas, Israel!

¡Mira ahora por tu casa, David!»

Israel regresó a sus tiendas. 17 Roboán reinó sobre aquellos israelitas que habitaban en las ciudades de Judá. 18 El rey Roboán envió entonces a Adonirán, jefe de la leva, pero todo Israel lo apedreó hasta matarlo, y el rey Roboán se apresuró a subir a su carro para huir a Jerusalén. 19 Israel se rebeló contra la casa de David, así hasta el día de hoy.

Secesión política.

20 Cuando todo Israel supo que Jeroboán había vuelto, enviaron a llamarle a la asamblea y lo proclamaron rey sobre todo Israel; nadie se puso de parte de la casa de David, sino únicamente la tribu de Judá.

21 Al llegar a Jerusalén, Roboán reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil jóvenes dispuestos para la guerra, con objeto de combatir contra la casa de Israel y devolver el reino a Roboán, hijo de Salomón. 22 La palabra de Dios se dirigió a Semaías, hombre de Dios, diciendo: 23 «Habla a Roboán, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín y al resto del pueblo y diles: 24 Así dice Yahvé: No subáis a combatir con vuestros hermanos los israelitas.Que cada uno se vuelva a su casa, pues por mí se resolverá este asunto.» Ellos obedecieron la palabra de Yahvé, y dieron la vuelta y se fueron conforme a lo dicho por Yahvé.

25 Jeroboán fortificó Siquén, en la montaña de Efraín, y residió en ella. Se trasladó de ella y fortificó Penuel.

Cisma religioso.

26 Jeroboán se dijo en su corazón: «Ahora podría volver el reino a la casa de David. 27 Si el pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en el templo de Yahvé en Jerusalén, el corazón del pueblo se volverá a su señor, a Roboán, rey de Judá, y me matarán.» 28 Tomó consejo el rey, hizo dos becerros de oro, y dijo al pueblo: «Basta ya de subir a Jerusalén. Éste es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto.» 29 Instaló uno en Betel y el otro en Dan.30 (Este hecho fue ocasión de pecado). El pueblo marchó delante de uno a Betel y delante del otro hasta Dan. 31 Construyó lugares de culto en los altos e instituyó sacerdotes del común del pueblo, que no eran descendientes de Leví. 32 Estableció Jeroboán una fiesta en el mes octavo, el día quince del mes, al modo de la fiesta de Judá. (Subió al altar que había edificado en Betel a ofrecer sacrificios a los becerros que había hecho. Estableció en Betel sacerdotes para los lugares de culto que había instituido). 33 Subió al altar que había edificado en Betel el día quince del octavo mes (el mes que ideó por su cuenta) e instituyó una fiesta para los israelitas, y subió al altar a ofrecer incienso.

 

 

EL CISMA POLÍTICO (12,1-24)

Preámbulo (12,1-2)

La sucesión en el trono de David tuvo lugar por vía dinástica en el sur y por vía electiva en el norte; de hecho las tribus del norte siempre exigirán un reconocimiento aparte de cualquier soberano como había sucedido con el mismo David (Cf. 2 Sm 5,1s). Con este fin Roboán se dirige a Siquén; es sintomático que sea él quien se dirige al norte en vez de ser los delegados de las tribus los que vayan a Jerusalén como sucedió con David en Hebrón (Cf. 2 S 5,3); el rey manifiesta cierta condescendencia al ir allí quizás conocedor de fermentos antijudíos y que espera apaciguar con su gesto o que quería subordinar su elección a escuchar las quejas respecto a las vejaciones que Salomón las había sometido. 

La asamblea de Siquén (12,3-15)

Aunque el malestar se centra en las prestaciones forzosas de mano de obra en el fondo es más profundo: no ven bien la centralización llevada a cabo por Salomón y la eliminación de las autonomías provinciales, así como el carácter insoportable de la situación de privilegio que detentaba Judá, esta rivalidad entre las tribus del norte y Judá con la monarquía de Salomón se había situado en el fondo como la verdadera cuestión política de fondo. La petición de los ancianos pretendía mediante la mitigación de los impuesto la recuperación paulatina de sus privilegios, pero la insolencia e imprudencia de Roboán hizo que desembocara en una abierta rebelión. Los consejeros del rey aquí llamados jóvenes (pero Roboán debía de tener unos 41 años) pertenecían a la corte salomónica, con una mentalidad nueva (de ahí jóvenes) empapada en el centralismo y absolutismo que pretendía un estado fuerte y unido, por eso la dureza de su reacción y el deseo de cortar sin contemplaciones la propuesta de autonomía: mi dedo meñique es mas grueso que los lomos de mi padre, esta falta de tacto tan burda hace pensar al autor sagrado en una obcecación permitida por Dios (Cf. Eclo 47,23) y ve en ello un plan divino: se trataba de algo dispuesto por Yahvé volvemos a encontranos con una interpretación religiosa de la historia propia de la Biblia.

La secesión (12,16-19)

Según el relato parece terminarse todo con esta reacción del rey que haría romper la asamblea. Pero cabe en nuevas reuniones. De todas formas la respuesta fue clara: cada uno por su parte. Y estas frases pudieron correr como un estribillo o canción por las tribus del norte. De este modo el estado unitario alcanzado por David se desgaja para siempre, pues todas las uniones posteriores fuero esporádicas expansiones de la tribu de Judá y muy breves, además de que las tribus del norte desaparecieron prácticamente con la destrucción de Samaría en el 722. Quizás en un primer momento pudo parecer una simple andanada de insumisión y envidia típicas de las tribus del norte pero la situación iba en serio, el rey intentó enviar emisarios para apaciguar la revuelta pero con su acostumbrada falta de tacto envió a la persona menos adecuada: Adonirán, el jefe de las prestaciones forzadas y por tanto el hombre más odiado, la encarnación de la opresión y la explotación. El hombre fue asesinado a pedradas. La revuelta solo se hace definitiva con la elección de Jeroboán  como rey.

La sanción divina (12,21-24)

La primera reacción de Roboán después del fracaso de Siquén fue el recurso a la fuerza: domeñar a los rebeldes por las armas. Pero este intento de reconquista fue detenido por la intervención de un profeta: Semaías. De este modo toda esta historia de la división del reino de Salomón se sitúa bajo la intervención profética (un profeta la anuncia, Ahia, en 11,29-39 y otro la confirma en nombre de Dios). La rebelión entra dentro del plan de Dios, el cual se sirve también de la imprudencia y la ambición de los hombres para llevarlo a cabo.

 

Cf. imagen de dioses sobre los lomos de animales.

EL CISMA RELIGIOSO (12,25-33)

El v. 25 sirve de enlace entre la primera y la segunda parte. Materialmente pertenece todavía a la fase política al narrar la fundación de las dos capitales sucesivas del norte: Siquén y Penuel, pero formalmente es la puerta para tratar la actividad de Jeroboán que es sintetizada por el autor sagrado en clave religiosa: la erección de los nuevos santuarios del Estado y la organización del culto (sacerdocio y festividades).

El culto al becerro de oro (12, 26-30)

Jeroboán está preocupado por la continuación de los lazos religiosos entre su nuevo reino y la vieja capital: Jerusalén. Era consciente de que en una sociedad cuya organización estatal se encontraba todavía en embrión, el elemento más fuerte de unión era el religioso: si en centro del mismo estaba fuera del reino, la existencia misma del reino estaba en peligro. Para eliminarlo creó dentro de su reino dos centros religiosos, construyendo dos santuarios: en Betel y en Dan, que aunque no podían rivalizar con el salomónico en riqueza y recuerdos (el arca) si lo superaban en tradiciones locales y tribales. El decidir que fueran becerros de oro los que se pusieran en el templo recuerda la actitud de Aarón en el desierto (Ex 32,4); además no Elías, ni Eliseo, ni Amós condenaron la imagen pues muy probablemente no pretendiera una representación de Yahvé sino solamente un soporte de la divinidad como el Arca en Jerusalén y como era lo habitual en las concepciones religiosas del próximo Oriente. No obstante el peligro era evidente dada la tendencia del pueblo a identificar la divinidad con la estatua y por el influjo de la religión cananea que se valía de los mismos símbolos y que seguía viviendo junto a los mismos santuarios de Yahvé, antaño consagrados a los dioses de Canaán: el sincretismo estaba servido.

La organización del culto (12, 31-33)

Comprende dos momentos: institución de un sacerdocio y la organización del calendario religioso. Y aunque son reprochadas a Jeroboán como arbitrarias, no parece que históricamente lo fueran pues era corrientemente aceptada esta actitud en la época que tratamos (el juicio que se hace es tardío, pertenece a la reforma deuteronomista). Además resulta contradictorio que pretendiera cambiar la fecha de las fiestas religiosas (se trata de la fiesta de las Cabañas) pues así no evitaría que fueran a unas y a otras; la celebración del octavo mes en vez del séptimo debe atribuirse a razones agrícolas, ya que esta fiesta estaba vinculada a la marcha de la recolección, y podía variar según fuera cada año.

 

 

Jeroboán no pretendió realmente cambiar la religión nacional ni podía introducir cambios sustanciales en el culto. Pero si tenemos en cuenta que la ley de la unicidad del culto aunque era un postulado deuteronomista que no llegó a cuajar hasta la reforma de Ezequías, tenía de fondo razones históricas en el hecho de que un centro religioso, santuario federal de las doce tribus, determinado por la presencia del arca, había existido siempre en Israel (Siquén, Silo y Gabaón), y razones de conveniencia en el hecho de que la vida sedentaria entre poblaciones cananeas facilitaban los sincretismo por lo que se veía la conveniencia de un centro único de culto de Israel, entendemos entonces que el cisma de Jeroboán aparece entonces como una ruptura  de esta línea evolutiva: como el hecho de haber rechazado, por razones políticas, las exigencias religiosas de la ley mosaica, haber hecho pecar a Israel y haber dado ocasión de pecar a Efraín hasta hacer que fuera expulsado de su tierra (Ecclo 47,24)

 

 

El rapto de Elías (2 R 2,1-18)

La carrera terrenal del profeta de fuego (Cf. Eclo 48,1s) encuentra su digna culminación en esta fantasmagórica visión de fuego que lo arrebata a la vista de su discípulo predilecto. Pero en el centro del relato está más bien Eliseo al que se presenta como heredero legítimo del gran profeta: el episodio pertenece ya al ciclo de Eliseo .

Elías arrebatado al cielo.

2, 1 Esto es lo que sucedió cuando Yahvé arrebató a Elías en la tempestad hacia el cielo. Elías y Eliseo partieron de Guilgal. 2 Elías dijo a Eliseo: «Quédate aquí, pues Yahvé me envía a Betel.» Eliseo dijo: «¡Por el Dios vivo y por tu propia vida, yo no te dejaré!» Y bajaron a Betel. 3 Los discípulos de los profetas que había en Betel salieron al encuentro de Eliseo y le dijeron: «¿Sabes que Yahvé va hoy a arrebatar a tu señor por encima de tu cabeza?» Respondió: «Ya lo sé yo también. ¡Callad!» 4 Elías le dijo: «Eliseo, quédate aquí, porque Yahvé me envía a Jericó.» Pero él respondió: «¡Por el Dios vivo y por tu propia vida, yo no te dejaré!». Y llegaron a Jericó. 5 Los discípulos de los profetas que había en Jericó se acercaron a Eliseo y le dijeron: «¿Sabes que Yahvé va hoy a arrebatar a tu señor por encima de tu cabeza?» Respondió: «Ya lo sé yo también. ¡Callad!» 6 Elías le dijo: «Quédate aquí, porque Yahvé me envía al Jordán.» Respondió: «¡Por el Dios vivo y por tu propia vida, yo no te dejaré!» Y los dos continuaron caminando.

7 Cincuenta hombres de los discípulos de los profetas iban también de camino y se pararon frente (al Jordán), a cierta distancia de Elías y Eliseo, que se detuvieron al lado del Jordán. 8 Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó con él las aguas, que se separaron a un lado y a otro y ambos pasaron sobre terreno seco. 9 Mientras pasaban, Elías dijo a Eliseo: «Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de que sea arrebatado de tu lado.» Eliseo respondió: «Que pasen a mí dos tercios de tu espíritu.» 10 Replicó: «Pides algo difícil; si alcanzas a verme cuando sea arrebatado de tu lado, entonces pasará a ti; si no, no pasará.» 11 Iban caminando y hablando, y de pronto un carro de fuego con caballos de fuego los separó a uno del otro. Elías subió al cielo en la tempestad. 12 Eliseo lo veía y clamaba: «¡Padre mío, padre mío! ¡Carros y caballería de Israel!» Cuando dejó de verlo, agarró sus vestidos y los desgarró en dos. 13 Recogió el manto que había caído de las espaldas de Elías, volvió al Jordán y se detuvo a la orilla.

14 Tomó el manto que había caído de las espaldas de Elías y golpeó las aguas, pero éstas no se separaron. Dijo entonces: «¿Dónde está Yahvé, el Dios de Elías?» Golpeó otra vez las aguas, que se separaron a un lado y a otro, y Eliseo pasó sobre terreno seco. 15 Cuando los discípulos de los profetas lo vieron venir hacia ellos, dijeron: «El espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo.» Fueron a su encuentro, se postraron en tierra ante él, 16 y le dijeron: «Tus siervos cuentan con cincuenta hombres de guerra.Deja que marchen y busquen a tu señor. Tal vez el espíritu de Yahvé se lo ha llevado y lo ha arrojado sobre alguna montaña o algún valle.» Él dijo: «No enviéis a nadie.» 17 Pero tanto le insistieron que exclamó abochornado: «Enviadlos.» Ellos enviaron cincuenta hombres que estuvieron tres días buscándolo, pero no lo encontraron. 18 Cuando volvieron a Eliseo, que se había quedado en Jericó, les dijo: «¿No os ordené: `No vayáis'?»

 

 

Hacia la Transjordania (1-8)

Al sentir cercano su fin Elías partiendo de Gilgal, en la zona montañosa de Efraín, va hacia la Transjordania. El relato parece suponer una comunicación divina que habría advertido al profeta de su próximo y miserioso traslado: esto se deduce por la necesidad de estar solo y por el conocimiento que de esto tenían Eliseo y los otros profetas. Es evidente que está reafirmada la exigencia de soledad, siempre estuvo sólo combatiendo contra los enemigos de Yahvé. El ir a la Transjordania revela la fuerte vinculación de Elías con las tradiciones mosaicas, el sepulcro de Moisés estaba allí, en la tierra de Moab, aunque nadie sabía el lugar exacto (Dt 34,6). La primera etapa de este éxodo al revés es Betel. Al llegar al Jordán, Elías repite un gesto que evoca a Moisés sobre las aguas del mar Rojo (Ex 14,16), usando su manto como un bastón, y así pasan en seco.

 

 

El torbellino divino (9-12)

Parece como si tras cruzar el río la secreta angustia disminuyera. Parecen más seguros: conversan tranquilamente acerca de lo que va a ocurrir y Elías que hasta ahora se había mostrado distante, ofrece a Eliseo que le pida un último don; Eliseo lanza la petición de reconocimiento de su primogenitura espiritual, pues según Dt 21,17 al primogénito le corresponde el doble que a los demás herederos. Frecuentemente se entiende en el sentido de que correspondían al primogénito: dos tercios del patrimonio. Elías responde que es cosa difícil pues esto no depende de él sino de Dios, se trata de una disposición divina.

Problemática del rapto de Elías

Nos preguntamos, el autor sagrado ¿qué ha querido significar con este relato? ¿Se trata de la asunción de Elías vivo, o de una visión de Eliseo? Hay un gesto de duelo en Eliseo (v.12) con el que puede significarse la muerte de Elías. Por otro lado el verbo empleado por Elías para anunciar su tránsito recuerda al que se emplea para Henoc en Gn 5,24 que plantea el mismo problema; según esto no hubiera muerto sino que hubiera subido vivo. El contexto y la escenográfica descripción del profeta que sube al cielo en un torbellino sobre un carro de fuego parece indicar que en esta ocasión la muerte queda como superada por la intervención arrolladora de Dios, que irrumpe como fuego (símbolo de Dios) para tomar consigo al profeta de fuego. Un profeta tan poderoso y abrasado por el celo de Yahvé no podía morir según la concepción de entonces de la muerte como separación de Dios y reducción a un estado sombril en el seol; tenía que estar ya de algún modo con Dios, que tenía dominio también sobre el más allá de esta vida. Estamos ante el primer balbuceo de la idea según la cual la verdadera vida está con Dios y ni siquiera la muerte podrá acabar con ella. Parece pues una visión que tiene Eliseo, Elías mismo le habla de esta visión, el texto mismo dice que Eliseo: veía y gritaba.

 

 

EL espíritu de Elías sobre Eliseo (13-18)

En virtud de aquella visión, Eliseo se convierte en el sucesor legítimo de Elías y el manto del profeta es el símbolo de su investidura. En efecto, Eliseo repite el gesto de Elías en el Jordán, consiguiendo el mismo resultado. Los hermanos profetas de Jericó así le reconocieron y lo acogieron como su guía. Eliseo está ya dispuesto a saltar a la arena para luchar en favor de Yahvé y continuar el apostolado como maestro de Israel.