GÉNESIS

 

LA CREACIÓN DEL MUNDO POR MIGUEL ÁNGEL.

 

GÉNESIS (1)

LA HISTORIA DE LOS ORÍGENES (Gen 1,1-3,24)

Esta sección (1,1-3,24) se puede dividir en tres partes:

1) La creación en los seis días (1,1-2,4a);

2) los primeros padres en el jardín (2,4b-25);

3) el pecado original (3,1-24).

 

LA CREACIÓN EN LOS SEIS DÍAS (Gen 1,1-2,4a)

Nos encontramos con el prólogo del Pentateuco y en una de las páginas más sublimes de todo el AT. Su finalidad es claramente didáctica, es como una catequesis, tal como deja ver su estructura en la que cada parte está estudiada en sus relaciones con el conjunto, de suerte que la totalidad tiene una estructura bastante artificiosa, a fin de que pudiera retenerse en la memoria fácilmente[1].

 
 

1,1 En el principio creó Dios el cielo y la tierra. 2 La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.

3 Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz.4 Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; 5 y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero.

6 Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras.» 7 E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue. 8 Y llamó Dios al firmamento «cielo». Y atardeció y amaneció: día segundo.

9 Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco»; y así fue.10 Y llamó Dios a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mar»; y vio Dios que estaba bien.

11 Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto según su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue. 12 La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla según sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro según sus especies; y vio Dios que estaban bien. 13 Y atardeció y amaneció: día tercero.

14 Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y sirvan de señales para solemnidades, días y años; 15 y sirvan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra.» Y así fue. 16 Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para regir el día, y el lucero pequeño para regir la noche, y las estrellas; 17 y los puso Dios en el firmamento celeste para alumbrar la tierra, 18 y para regir el día y la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien. 19 Y atardeció y amaneció: día cuarto.

20 Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra frente al firmamento celeste.» 21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente que repta y que hacen bullir las aguas según sus especies, y todas las aves aladas según sus especies; y vio Dios que estaba bien; 22 y los bendijo Dios diciendo: «sed fecundos y multiplicaos, y henchid las aguas de los mares, y las aves crezcan en la tierra.» 23 Y atardeció y amaneció: día quinto.

24 Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: bestias, reptiles y alimañas terrestres según su especie.» Y así fue. 25 Hizo Dios las alimañas terrestres según especie, y las bestias según especie, y los reptiles del suelo según su especie: y vio Dios que estaba bien.

26 Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves del cielo, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todos los reptiles que reptan por la tierra.

27 Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya,

 a imagen de Dios lo creó,

 macho y hembra los creó.

28 Y los bendijo Dios con estas palabras: «Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra.»

29 Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la faz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; os servirá de alimento.

30 «Y a todo animal terrestre, y a toda ave del cielo y a todos los reptiles de la tierra, a todo ser animado de vida, les doy la hierba verde como alimento.» Y así fue. 31 Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardeció y amaneció: día sexto.

2

1 Concluyéronse, pues, el cielo y la tierra y todo su aparato, 2 y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. 3 Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho.

4 Ésos fueron los orígenes del cielo y la tierra, cuando fueron creados.

 

HAYA LUZ, Y HUBO LUZ

tohu bohu

tehom

Introducción (1,1)

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La palabra principio (que se refiere a lo que viene a continuación) significa en primer lugar. Dios (en hebreo Elohim, plural mayestático) expresa la idea de divinidad, mientras que Yahvé, que nunca se utiliza en este capítulo, es un nombre personal de la Divinidad, cuando entra en relación con los hombres. Creó,( en hebreo bará) es el verbo que se emplea para hablar de una acción divina, cuyo efecto es algo nuevo y extraordinario. De suyo este verbo no significa crear de la nada: ninguna lengua podía tener un término tan especializado. Pero la creación de la nada puede deducirse del contexto, por el hecho de que Dios ha formado el cielo y la tierra, es decir, todo el mundo visible[3], mientras que no se menciona elemento alguno preexistente a la creación.

Como hemos indicado la palabra principio indica el comienzo de algo. Pero también significa el fundamento de algo o de alguien, por ejemplo cuando afirmamos que alguien tiene principios. Al decir esto no indicamos que esa persona tenga comienzos sino que su vida está fundamentada en buenos valores. En este pasaje bíblico la expresión en el principio más que al inicio significa "en el fundamento". Muy probablemente el hagiógrafo que compuso este comienzo sabía que los israelitas se sentían el pueblo más marginal del imperio persa, que estaban experimentado la amarga sensación de su fracaso (sin rey, con un templo modesto (Esd 3,12), Judá era una provincia marginal del gran imperio) y podrían estar preguntándose: ¿La vida y el mundo tienen algún sentido, algún fundamento? La respuesta es esta profesión de fe: ¡Sí, la vida y el mundo tienen sentido porque se fundamentan en Dios! En el fundamento de todo, "en el principio de todo" late la presencia de Dios; se afirma que la vida y el mundo tienen sentido porque reposan en las buenas manos de Dios.

Efectivamente, el universo reposa en las buenas manos de Dios porque Él lo ha creado. La palabra crear es peculiar en el AT, pues sólo se utiliza para indicar acciones realizadas por Dios. El hombre hace y fabrica pero solo Dios crea ¿Qué significa crear en el AT? No implica tanto hacer surgir algo de la nada (posteriormente este sentido será el que domine: 2 Mac 7,28) como conferir sentido a lo existente[2], este es su significado más antiguo: descubrir el sentido de la vida. Cuando Dios crea el mundo, lo libera y le confiere sentido. Pero ¿de qué libera Dios al cosmos y qué sentido le otorga? Veámoslo a continuación.

El llamado caos (2)

La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo. Caos (Tohu) y confusión o vacío (bohu)[4], se trata de dos palabras que se usan muy poco[5].

Abismo (Tehom), significa el depósito de agua subterránea de la que manaban las fuentes y los ríos[6]. Este abismo acuático se pone en relación con las tinieblas o oscuridad, lo cual nos indica que aún no están en su sitio, bajo tierra, sino encima. La tierra está, pues, sumergida, como afirma el v.2, pero un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. El viento de Dios (ruha Elohim) que aletea sobre las aguas, es decir, sobre la superficie del tehom envuelto en tinieblas, es la fuerza creadora de Dios, que se dispone a actuar amorosamente sobre el universo todavía caótico.

Resumiendo: en el v.1-2. se narra la creación primera, a raíz de la cual el mundo no tiene su aspecto definitivo, sino que ofrece como tres zonas de arriba abajo: la zona de las tinieblas, la zona de las aguas y la de la tierra. La acción divina se ejercerá sucesivamente sobre cada una de estas tres zonas.

Estos tres términos (tohu, bohu, tehom) se emplean en el AT para indicar la idea de alejamiento y abandono de Israel respecto de Dios [7]. Pero la fuerza creadora de Dios (ruha Elohim) va a actuar e Israel renacerá de nuevo.

Primer día, primera obra (3-5)

Se trata de la creación de la luz. Dijo Dios, es un leve antropomorfismo, es como si dijéramos: quiso Dios que en cierto momento existiera aquello. Esta expresión es la fórmula introductoria de cada una de las ocho obras. «Haya luz», y hubo luz[8], vemos como orden y ejecución son brevísimas en esta primera obra. Vio Dios que la luz estaba bien es la fórmula de aprobación: es como si dijera que la obra creada corresponde exactamente a la idea divina y que esa idea es un bien. Apartó Dios la luz de la oscuridad, se indica que Dios estableció que la luz y las tinieblas se sucedieran regularmente formando así una sucesión de tiempos luminosos y de tiempos oscuros. Llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche»: se trata de la fórmula de imposición del nombre[9]. Este día y esta noche corresponden al tiempo de luz y al tiempo de tinieblas con independencia del sol, se trata aquí de un día de 12 horas. Y atardeció y amaneció: día primero: la sucesión de luz y tinieblas apenas creada comienza a funcionar. Vemos que el sistema de contar días es aquí de una mañana a otra mañana y no desde la puesta del sol, como sucede en los textos litúrgicos bíblicos[10].

 

separación

Segundo día; segunda obra (6-8)

La creación del firmamento separa el mar del cielo. Firmamento quiere significar aquí un elemento sólido y firme[11]. Falta la fórmula de alabanza: y vio Dios que era bueno.

 

separación

Tercer día; tercera obra (9-10)

División entre el agua y la tierra seca: el agua se reúne en un solo conjunto (miqweh). Se considera una sola masa a las aguas marinas en su conjunto, porque se intercomunican. La tierra seca no emerge como una isla. En la imposición del nombre, el mar está en plural, yammim. Falta la fórmula de conclusión porque antes de terminar este día se realizará otra obra.

 

dioses Shamash y Jarán (Yerah)

 

Shamash -el dios del Sol. sentado sobre su trono- tablilla de Sippar - siglo XI  a.C.

 

Shamash era el dios Sol en Mesopotamia, llamado Babbar por los Sumerios

 

dios luna llamado Heran

Cuarta obra (11-13)

Se trata de la creación de la vegetación que se presenta realizada por medio de la tierra a la orden de Dios: Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto según su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue. 12 La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla según sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro según sus especies... Pero con esto se indica más bien el lugar que el elemento constitutivo o causa eficiente[12]. La vegetación se distingue en dos categorías: las hiervas o cereales, y  los árboles frutales.

Queda así terminada la serie de las cuatro obras que constituyen la obra de distinción de espacios: cielo, mar y tierra. La vegetación no se considera obra de ornamentación, porque estas son criaturas que se mueven.

Cuarto día; quinta obra (14-19)

Se trata del complemento de la primera obra, con respecto a la cual es paralela: en los espacios de luz y tinieblas se colocan respectivamente los objetos luminosos del sía y de la noche.

Valgan de señales para solemnidades, días y años, y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra: la función principal se sitúa al final. El lucero grande se refiere al sol, pero no se le designa con su nombre propio, ya que es el nombre de la divinidad Shamash, por eso para evitar equívocos se habla de un fanal (maor) no de una divinidad. Igualmente ocurre con el lucero pequeño, es decir, la luna, cuyo nombre se evita por la misma razón: existía el dios luna: Yerah. Y para dominar en el día y en la noche: es una evidente metáfora que indica la posición preeminente de estos astros en el tiempo que se les asigna.

 
 

Quinto día; sexta obra (20-23)

Se trata ahora de proporcionar habitantes al reino de las aguas: los pájaros para las aguas superiores y los peces para las aguas inferiores; es una obra paralela a la segunda. Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste. Comprende no solo los peces sino toda la variada fauna marina: Y creo Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, de los que bullen las aguas por sus especies, y todas las aves aladas por sus especies: la alusión a las especies significa que todas las especies en su variedad son obra de Dios y no necesariamente que Dios haya hecho existir ya distintas desde el principio todas esas especies. Todas las aves aladas, se trata no solo de los pájaros, sino también de todos los vertebrados e insectos provistos de alas.

Se emplea aquí por segunda vez la palabra bara esto es crear: es como si se destacase así que la introducción de la vida en el mundo es algo nuevo y maravillosos. Además al decirse que Dios les bendijo diciendo: “sed fecundos y multiplicaos...” se presenta la multiplicación de los seres vivos como una prolongación de la creación: la bendición de Dios es la que sigue actuando en el interior del misterio de la generación. Esta fórmula de bendición está en el lugar de imposición del nombre y jalona con su novedad el progreso de la obra creadora.

 

Adad

 

LA CREACIÓN DEL HOMBRE

 

 

Sexto día; séptima obra (24-25)

Ahora se proporcionan habitantes a la tierra (tercera obra), a estos animales terrestres no se les repite la bendición, ya que en este momento los vivientes no son ya una novedad. Con la frase produzca la tierra animales vivientes parece como si se dijese que la tierra sea el elemento material de la que fueron sacados los animales[13]. Los animales terrestres se distinguen en tres categorías: bestias, es decir, los animales domésticos[14];  sierpes, es decir, todos los que se arrastran o también caminan a ras de tierra, como los insectos y los pequeños mamíferos; y alimañas terrestres, es decir, los animales salvajes y feroces Se trata de una clasificación no científica sino en base a la utilidad y comportamiento de estos. Al igual que en la tercera obra aquí falta la formula de conclusión, porque, antes de que termine el día, tendrá lugar la última y más espléndida creación.

Octava obra: el hombre (26-31)

A diferencia de todo lo anterior vemos ahora a Dios que consulta consigo mismo sobre la creación del hombre y de algún modo se invita así mismo a realizar esta obra. En una narración tan esquemática cualquier variación es importante y aquí hay muchas variaciones.

Hagamos al hombre: la fórmula del verbo en boca de Dios está en plural[15]. El término hombre (adam) es aquí como colectivo que significa el género humano. El hombre debe ser creado a nuestra imagen, es decir el ser que resulte de esta nueva creación será una imagen, una estatua viviente de la Divinidad. Como semejanza nuestra, que a diferencia de la imagen, que es el objeto concreto, apto para representar a otro, la semejanza es la relación abstracta, que debe existir entre la imagen y el modelo, para que la imagen sea verdaderamente tal[16].

Veamos ahora que la descripción se aparta de la forma acostumbrada y adopta un aire solemne en tres miembros, en cada uno de los cuales se repite por tercera vez bara: creó, pues, Dios, al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Viene ahora la bendición del género humano: Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla: mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra. Se trata de la bendición nupcial dada a todo el género humano, de esa fuerza divina que conserva el género humano mediante la generación[17].

Al hombre se le asigna el alimento: obsérvese que se trata de un régimen vegetariano. Tanto esta como la siguiente alusión al alimento establecen un paralelismo entre la tercera obra y el destino que se le da. Se trata de una época dorada[18] en la que los animales y los hombres viven en paz, alimentándose de plantas. Sería como el signo de esta primera alianza entre Dios y los hombres[19].

La narración termina con la forma acostumbrada: Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien, esta última variante, muy bien, es muy significativa y quiere destacar la creación del hombre.

 

Conclusión: el séptimo día (2,1-3)

Concluyéronse, pues,  los cielo y la tierra y todo su aparato: esta última palabra indica ciertamente la ornamentación de los espacios celestes y terrestres, pero quiere poner en evidencia que se trata de algo que se mueve dentro de ellos, que se desliza, vuela, se arrastra o camina.

Y dio por concluida Dios en el séptimo[20] día la labor que había hecho... ceso el día séptimo... bendijo Dios el día séptimo... Por tres veces se repite el día séptimo dándole así más énfasis. Y lo santificó (el día séptimo), es decir, lo distinguió de los demás días, dándole un destino sagrado. No se propone aquí explícitamente la ley del descanso festivo[21], pero se indica el fundamento de la misma.

Nota redaccional (2,4a)

Estos fueron los orígenes de los cielos y la tierra, cuando fueron creados. Con el empleo de esta frase se desmitifica la creación, que es el comienzo de la historia y no, como en Sumer y Egipto, una serie de generaciones divinas. El Génesis está dividido en 10 toledot[22], la primera de las cuales es esta.

 
 

Para una correcta interpretación

Para una correcta interpretación debemos tener claro cual es el contenido doctrinal y cuales son los elementos artísticos.

El género literario religioso de este relato

  1. El relato de la creación es una narración religiosa que indaga acerca del sentido del universo y de la historia. Pero ¿qué tipo de lenguaje religioso se utiliza? Se trata de una plegaria que pretende hacernos descubrir la presencia de Dios en los entresijos del mundo y una vez descubierto el plan utilicemos este proyecto de Dios para transformar la sociedad a su imagen y semejanza.

  2. La primera letra del abecedario hebreo es la aleph y la segunda letra es beth. Cuando Dios habla a su pueblo comienza con aleph y cuando el hombre habla con Dios comienza con beth. El lector hebreo al ver que la primera palabra bereshit (al principio) comenzaba con beth entendía que se trataba de una plegaria. El orante al convertir el relato de la oración en una plegaria percibía la huella de Dios en el mundo y a la vez pedía fuerza para hacer las cosas según el proyecto de Dios a imagen y semejanza del creador (Cf. Adad)

  3. Además ocurre que al aparecer la palabra Dios 35 veces le lleva a pensar que es 7x5 = el 5 es el Pentateuco, el núcleo sagrado de la Biblia y el 7 es la plenitud: la palabra Dios aparece 35 porque Dios palpita en el hondón de cada cosa y de cada persona, de toda la creación para llevarla a la plenitud.

  4. Así convertían esta primera página de la Biblia en la contemplación de la presencia de Dios en el corazón del mundo y también adquirían el compromiso de construir la sociedad según el proyecto divino. Un proyecto que exige dos grandes criterios:

    1. el cumplimiento de los Mandamientos: El relato alude a los Diez mandamientos por medio de las diez órdenes que Dios da.

    2. la decisión personal de cumplir el proyecto conjuntamente: Hagamos (Yo y vosotros) a los hombres a nuestra imagen y semejanza (construyamos un lugar de plenitud de vida: hagamos el reino de Dios)

 

Elemento doctrinal:

1)      Dios existe antes del mundo e independientemente de él.

2)      El mundo ha sido creado íntegramente por Dios. No es una parte de Dios, ni nada creado es divino en sí.

3)      Monoteísmo.

4)      Omnipotencia creadora de Dios: basta una orden y sin esfuerzo.

5)      Omnisciencia o Sabiduría divina, manifestada en el orden de la creación.

6)      Bondad de la creación, todas las criaturas son buenas en cuanto que obedecen al plan original de Dios.

7)      El hombre es la más sublime de las criaturas visibles, en el reside una semejanza con Dios que le hace ser imagen viviente de la divinidad.

8)      Por eso el hombre es el soberano de la tierra y de lo que contiene.

9)      La distinción de los sexos es obra de Dios y la generación es el cumplimiento de un designio establecido por Dios para la multiplicación de los seres humanos

10)  Todas las criaturas están creadas al llegar el hombre, parece como si los mimos astros estuvieran al servicio del hombre.

11)   La acción creadora de Dios y su descanso, en cuanto que ha tenido en el tiempo un efecto de cierta duración, deben ser el modelo sublime del trabajo del hombre así como del descanso humano.

12)   La creación es el comienzo de la historia de la salvación: Cf. Gen 3,14-15.

Elementos artísticos:

1)      La concepción ideal del mundo físico.

2)      La disposición esquemática de las ocho obras.

3)      La mención de los seis días más el séptimo. Tiene la finalidad de enseñar el fundamento de la semana, los seis días laborales y el día festivo[23].

4)      Los antropomorfismos que aparecen: dijo Dios.. vio... llamó... bendijo...

 

tehom


[1] El artificio consiste:

1)       En que tras una introducción (1,1s) y seguido de una conclusión (2,1-4b), es presentado en ocho cuadros, al modo de estrofas o estancias, que cada uno describe una obra de la creación en términos similares a los otros cuadros. La narración de cada obra consta de una parte fija y una variable que narra la obra peculiar de cada cuadro. Pero aun esta parte variable se subdivide dentro de cada cuadro en dos tiempos: orden y realización de la misma, de modo que la realización repite casi los mismos términos que la orden. El efecto final parece que es resaltar en gran manera la última obra, que se hace más perceptible por la diferencia de lenguaje a que el oído se había ido acostumbrando tras la lectura de las siete obras precedentes.

2)       Además esta la disposición de 4 obras de creación de espacios y cuatro de creación de adornos que son adscritos a los espacios precedentes. Las obras se reclaman en el siguiente orden: I-V; II-VI; III-VII, IV-VIII; la última correspondencia no es perfecta por tratarse del hombre algo totalmente nuevo y extraordinario.

3)       Finalmente está la distribución de las ocho obras en seis días, una por cada día, pero dos en el tercer día y paralelamente, otras dos en el sexto. El séptimo se encuentra en la conclusión

[2] Veamos un ejemplo tomado de Isaías. El profeta recuerda la cautividad en Babilonia y habla al pueblo en nombre de Dios: Así dice el Señor, vuestro libertador, el Santo de Israel: Por amor a vosotros envié una expedición a Babilonia y arranqué los cerrojos de las puertas (...) Yo soy el Señor, vuestro Santo, el Creador de Israel, vuestro Rey (Is 43,14-15). Cuando el Señor dice que Él es el creador de Israel lo dice en paralelo con vuestro libertador. El Señor crea a Israel cuando le libera de las garras de babilonia (por mediación de rey Ciro (Is 41,1-5)). La palabra crear debe entenderse aquí como liberar. El Señor otorga un sentido nuevo a la vida de su pueblo: la nación deportada se convierte en un pueblo libre. 

[3] La lengua hebrea no tenía otra posibilidad para expresar la idea del universo y, por otra parte, el binomio cielo-tierra se encuentra ad modum unius en los documentos sumerios y babilónico. Así se puede comprender, sin contradicción alguna, cómo en este cielo-tierra se distinguirá en el v.8 una parte que será llamada cielo y en el v. 10 otra parte que se llamará tierra.

[4] La expresión tohu wabohu es una endíadis que, evidentemente, busca la asonancia y expresa la idea fundamental del vacío, por lo que la Vg traduce inanis et vacua. Recuérdese que la VL, siguiendo a los LXX, tradujo invisibilis et incomposita, lo cual  creó grandes dificultades a la exégesis de San Agustín.

[5] La segunda sólo en Jer 4,23 (con tohú) y en Is 34,11. Como en algunos casos el sentido de tohu se aproxima al de nada (Is 41,29; 44,9; 49,4), algunos opinan que aquí no se habla de un estado provisional (que nosotros llamamos con la palabra griega caos) que viene inmediatamente después de la primera creación, sino del punto de partida de la creación misma, en el que los elementos que luego existirán son descritos de suerte que se signifique su no existencia.

[6] Cf. Gen 7,11; 8,2; 49,25; Dt 8,7; 33,13.

[7] Las palabras Caos (Tohu), confusión o vacío (bohu) y Abismo (Tehom), pocas veces usadas juntas en el AT también tienen un sentido de alejamiento de Dios e idolatría por parte de Israel. Por ejemplo la palabra Caos (tohu) es asociada en 1 Sm 12,21 directamente a la idolatría: no os apartéis del Señor, para seguir a los ídolos (tohu), que de nada sirven, porque son dioses vacíos (tohu); Isaías utiliza tohu para fustigar a los ídolos y a sus adoradores: viento y vacío son sus estatuas (tohu) (Is 41,29); los que fabrican ídolos son inútiles (tohu) (Is 44,9). El vocablo vacío o confusión (bohu) aparece solo 3 veces en el AT y siempre asociado a caos (tohu) (Gn 1,2; Is 34,11 y Jr 4,23). ¿Qué significado tiene esta asociación de palabras? Quizás sea en Jeremías donde aparezca más claro: Jeremías exige la conversión (Jr 4,1.8.14) de un pueblo que es descrito como incapaz de hacer el bien (Jr 4,22) en un mundo caótico y vacío (4,23), sin luz (4,23), sin hombres (4,25), sin aves del cielo (4,25). Estas imágenes manifiestan la situación de Israel alejada de Dios (vemos la semejanza con la descripción del universo antes de la creación. Por último el término abismo (tehom) representa el gran depósito de agua situado bajo la tierra (Pr 8,24). Pero a la vez, expresa el poder del mal tal como se describe en el diluvio: era el año seiscientos de la vida de Noe... cuando reventaron las fuentes del abismo (tehom) ... y fueron aniquilados todos los seres que había sobre la faz de la tierra (Gn 7,11-24). El diluvio fue la consecuencia del pecado de la humanidad (Gn 6,12-13); pero la aniquilación no fue completa un grupo fue protegido y salvado por Dios (Gn 7,1).

Podemos concluir que con estas tres palabras se puede estar refiriendo el texto también al alejamiento de Israel respecto de Dios. El autor sagrado puede estar contemplando a Jerusalén como una ciudad marginal del imperio persa y sus habitantes abandonado la fe para medrar entregándose a los falsos dioses, pero Dios es más fuerte que el poder de la muerte: el espíritu de dios aleteaba sobre las aguas (Gn 1,2): Dios no abandonará a Jerusalén. La palabra aletear aparece tres veces en el AT (Gn 1,2; Dt 32,11 y Jr 23,9) y es sinónimo de proteger y cuidar; Moisés describe como Dios protegió a su pueblo con la imagen del águila que aletea sobre sus polluelos: el Señor abrazó y cuidó a su pueblo, lo guardó como a la niña de sus ojos: cómo el águila que incita a su nidada y aletea sobre sus polluelos (Dt 32,10-11). El mundo a pesar de su pecado cuenta con el auxilio de Dios, pero la decisión de abandonarnos en las buenas manos de Dios y dejarnos llevar por Él depende de nosotros: Dios es bueno y nos acompaña pero no suple nuestra libertad.

[8] La luz de suyo no está vinculada al sol. Así Job 38,12s, 19s, describe la luz como reunida en almacenes celestiales, de donde es emitida al principio del día. Por tanto esta luz puede ser considerada como distinta de los cuerpos mismos cuya creación se narra en los vv.1,14-19.

[9] Se trata de un antropomorfismo que debe en clave del antiguo Oriente: el nombre representa la esencia de la cosa; por eso imponer un nombre significa ejercer una soberanía o dominio (cf. 2 Re 24,17) y al mismo tiempo, tratándose del primer nombre que recibe una cosa creada es determinar su esencia. Este

[10] Cf. Ex 12,18; Lev 23,32; Num 13,19.

[11] En hebreo raquía significa algo así como una lámina. Es concebido pues como una lámina que tiene por encima las aguas superiores, las que se precipitan a veces sobre la tierra en forma de lluvia (cg. Gen 7,11s). Parece, como si en la masa de aguas se formase primero una lámina, la cual luego levantándose elevó consigo las aguas que estaban sobre ella.

[12] Igual ocurre en el v.1,20 cuando se habla de que las aguas producen el bullir de seres vivientes de los que se dice explícitamente que han sido creados por Dios.

[13] Al respecto leemos en Gen 2,19: Y Yahvéh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo.

[14] Así lo indica claramente el término hebreo behema empleado.

[15] Hagamos ... a nuestra... sólo aparece aquí y en Gen 3,22, 11,7 e Is 6,8, en todos estos casos se trata de un plural deliberativo, que trata de expresar el hecho psicológico de una persona que en el momento de tomar una decisión se desdobla en dos, una aconsejando y otra que recibe el consejo o exhortación. Otra explicación es el plural mayestático que antiguamente empleaban las personas importantes. Muchos padres de la Iglesia han interpretado que tras este término hagamos se percibe la presencia de la Santísima Trinidad. Pero también puede ser que por medio del autor inspirado Dios quiera dirigirse al lector (nosotros) y hacernos su propuesta: "Hagamos a los hombres", es como si dijera Hagamos (entre Yo y vosotros) un hombre pleno, una sociedad plenamente humanizada. Nos ofrece su ayuda para construir con Él (danos hoy nuestro pan..., hágase tu voluntad) el Reino de Dios. El hombre es pero no esta hecho: es una posibilidad de proyecto. Este poder hacerse del hombre es prueba de su libertad: significa que el hombre TIENE LA VIDA EN SUS MANOS.

[16] Cf. Gen 9,6. ¿En que consiste aquí la relación de semejanza? La explicación más sencilla es la de ver en ella la naturaleza espiritual del hombre, para definir la cual no tenían los antiguos un término filosófico elaborado. La semejanza con Dios es algo que hay en el hombre, por lo que este es superior a los animales, tiene derecho a dominarlos y a diferencia de ellos, tiene derecho a la inviolabilidad de su propia vida. Así continúa: para que domine sobre los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Dominar significa propiamente cuidar, procurar que la creación continúe siendo muy buena. Así mismo el termino empleado en la bendición: someter la tierra implica más bien la idea de velar, es decir se indica la idea de estar por encima de la tierra, de poder liberarse del dominio de las cosas, El hombre es señor de las cosas.

[17] Conviene dejar claro que el género literario del texto descarta que se trate de un mandato positivo que afecte a todos los hombres individualmente.

[18] La ausencia del mal moral queda así formulada con la ausencia de mal físico, como en la simbólica descripción de Is 11,6s: El lobo habitará con el cordero... y el león comerá heno como el buey.

[19] Veremos en Gen 9,3 como la alianza con Noé tiene otro signo alimenticio: ya si se comerá carne.

[20] Quiere decirse que el mundo había sido terminado ya el día sexto, pero no estaba agotada la potencia cradora de Dios, y fue el día séptimo cuando decidió Dios no crear ya más

[21] Cf. Ex 20,10.

[22] Estos fueron los orígenes o estas son las generaciones: elleh toledot. Estas 10 divisiones constituyen la columna vertebral del Génesis. Estas divisiones tienen carácter restrictivo y son:

1)       1,1-2,4: eliminada la creación se sigue con la historia de Adán y Eva y sus hijos

2)       2,4-4: eliminado Caín con su descendencia (c.4)

3)        se sigue con Set (5,1)

4)        Al quedar sólo Noé con tres hijos, se concluye con una toledot (generación) relativa a Jafet y Cam (10,1)

5)       10,1-11,10: se continúa con la descendencia de Sem hasta Abraham.

6)       11,10-19,38: eliminada la parentela de Lot (19,30-38),

7)       de  Nahor (22,20-24)

8)       y luego Ismael (25,12-18; cf. 25,1-6),

9)       queda Isaac (25,19). Entran así en escena Jacob y Esaú, hasta que también este último con toda su descendencia (c.36) sale del horizonte de la narración

10)    la cual se restringe ya exclusivamente a los hijos de Jacob (37,2).

[23] Además está atestiguada, tanto en Babilonia como en Ugarit, como un procedimiento literario apto para poner de relieve la prolongación de una situación y también la repetición de una acción, hasta que, el séptimo día, la situación cambia o la acción cesa. Un sistema similar encontramos en la serie de los sietes sellos, etc., en Ap 6-16; el séptimo objeto de cada serie sirve para introducir una nueva situación.

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LOS PRIMEROS PADRES EN EL JARDÍN (Gen 2,4b-25)

Se trata de la prueba de la libertad. Si la sección anterior podríamos clasificarla como una verdadera "cosmogonía" ahora se trataría de una "antropogonía" por hablar esencialmente de la creación del hombre y de la mujer.

 

   

2,4b El día en que hizo Yahvé Dios la tierra y el cielo, 5 no había aún en la tierra arbusto alguno del campo, y ninguna hierba del campo había germinado todavía, pues Yahvé Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que labrara el suelo. 6 Pero un manantial brotaba de la tierra y regaba toda la superficie del suelo. 7 Entonces Yahvé Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente.

8 Luego plantó Yahvé Dios un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había formado. 9 Yahvé Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.10 De Edén salía un río que regaba el jardín, y desde allí se repartía en cuatro brazos. 11 Uno se llama Pisón: es el que rodea todo el país de Javilá, donde hay oro. 12 El oro de aquel país es fino. Allí se encuentra el bedelio y el ónice. 13 El segundo río se llama Guijón: es el que rodea el país de Cus. 14 El tercer río se llama Tigris: es el que corre al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Éufrates.

 15 Tomó, pues, Yahvé Dios al hombre y lo dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. 16 Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»

18 Dijo luego Yahvé Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.» 19 Y Yahvé Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. 20 El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada.

 21 Entonces Yahvé Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, que se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. 22 De la costilla que Yahvé Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre.23 Entonces éste exclamó:

«Esta vez sí que es hueso de mis huesos

y carne de mi carne.

Ésta será llamada mujer,

porque del varón ha sido tomada.»

24 Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne.

25 Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.

 

 

Tierra y cielo (2,4b-6)

La narración empieza por el origen de todas las cosas para pasar luego a lo que más le interesa: el día en que hizo Yahvé Dios la tierra y el cielo; no se usa el verbo bará (crear) sino hacer y se pone en primer lugar la tierra, lo que pone de relieve que el interés de la narración es limitado (pasa por alto todo lo que se refiere al cielo). Dios es llamado en todo el relato Yahvé Dios (Elohín) lo cual no es muy habitual.

 

 

Creación del hombre (7)

La existencia del hombre se debe a una doble acción de Dios: yasar (verbo propio de la acción del alfarero: yoser) y nafah (soplar; Dios sopla en las narices del hombre el hálito de vida).

La primera acción se describe a Dios como alfarero: wayyiîser, formó al hombre (ha adam, nombre común, frecuentemente colectivo, pero aquí es individual), con un elemento tomado del suelo: con polvo (afar) del suelo (min ha adamâ). El término polvo, la parte más fina del suelo, se repite después en 3,19: porque polvo eres... (Cf. Job 10,9: Recuerda que me has hecho de barro (omer) y que al polvo (afar) me has de devolver).

La segunda acción Yahvé sopla en las narices del hombre el aliento de vida (nismat hayyiîm), es decir comunica al hombre aquello por lo que respira. Efecto de esta insuflación es que el hombre resulta un ser viviente (literalmente: un alma viva = nefes hayya; donde la palabra alma significa no solo la parte espiritual sino la totalidad del ser humano individual). Es de destacar que esta acción de Dios con el hombre no tiene paralelo en los animales (Gn 2,19)

El autor no dispone de término filosóficos que distingan la parte espiritual del hombre por eso sólo se refiere a que Dios ha puesto en el hombre aquello por lo que vive (la vida humana). Se percibe la distinción respecto de los demás animales que según el v. 19 son también formados del suelo pero sin esta segunda intervención directa de Dios. Además aunque en castellano traducimos con la misma palabra formó al hombre y formó del suelo todos los animales en hebreo se escribe wayyiîser para referirse al hombre y wayiîser para los animales. La diferencia en "y" es importante pues esta letra en la simbología hebrea indica la voluntad. Los animales tendrían pues solo una voluntad de instinto y el hombre tendría además la voluntad de obrar el bien y el mal, tiene dos voluntades, y con esta doble voluntad se quiere reflejar la libertad humana.

 

 

El Paraíso (8-9)

Edén aparece aquí como el nombre propio de una región que no podemos determinar; tal vez tuviera el mismo origen que el sumerio edin = llanura cultivable. Se nos dice que en esta región Dios mismo (Dios jardinero) plantó árboles o hizo que brotaran estos para la finalidad de alimentar y embellecer el lugar. La palabra jardín, en hebreo gan, palabra antiquísima, de origen sumerio, fue traducida por los LXX como paradeisoV, palabra de origen persa que significa parque cercado.

Los reyes antiguos poseían jardines que cultivaban por afición. estos grandes jardines eran atributo de emperadores y reyes. Una persona del pueblo no podía tener una propiedad de tal magnitud. Con el hecho de que dios otorgue al hombre un jardín para que lo cuide indirectamente se está diciendo que Dios confiere al hombre la categoría de rey: el hombre es el rey de la creación.

En medio de este jardín estaban el árbol de la vida, es decir que habría hecho vivir para siempre al que comiera de él y el árbol de la ciencia del bien y del mal, en el sentido de adquirir un conocimiento universal propio de Dios, lo cual es imposible, y por tanto se trata de un símbolo sobre esa ciencia divina inaccesible al hombre y que el hombre habría pretendido usurpar, robar, esa ciencia. Más adelante volveremos al tema.

La función simbólica del árbol es profunda. Este árbol aparece como un elemento que vertebra y hace posible las relaciones de los cuatro elementos del texto: Dios, mundo, hombre (naturaleza) y mujer (matriz cultural; el hombre también como hijo de su tiempo). Es una especie de columna que sostiene la realidad creacional.

Digresión geográfica (10-14)

Ahora comienza toda una descripción geográfica del jardín... No se trata de ubicar el lugar exactamente sino de un revestimiento literario con el que se describe la felicidad preternatural de nuestros primeros padres. Se han hecho muchísimas teorías para intentar identificar estos nombres con lugares reales.

 

El Mandamiento (15-17)

Tras la digresión sobre el lugar del jardín, la narración vuelve a hablar del hombre, que es presentado como formado fuera del jardín  e introducido en él por Dios mismo. El hombre no debería de permanecer ocioso sino que debería de trabajar el jardín y cuidarlo, es decir, conservarlo para sí y para sus descendientes. El Señor coloca al hombre en el Edén para que lo cuide y lo guarde: la misión del hombre es llevar adelante y mantener el mundo creado e iniciado por Dios por medio del trabajo.

Dios le dio permiso para comer de cualquier árbol: de cualquier árbol del jardín puedes comer excepto del prohibido: por tanto está implícitamente permitido el árbol de la vida. Dios puso así la inmortalidad al alcance de la mano del hombre.

Morirás sin remedio, mot tamût = significa el carácter ineludible, la certeza de la muerte y es análoga a la forma de las leyes penales = mot jûmat, debe ser inapelablemente condenado a muerte (Ex 21,12.15, etc.). En aquel día el hombre quedaría sometido a la ineludible necesidad de morir.

Toda la realidad gira en torno al respeto de un árbol que hay que respetar para que la vida del hombre permanezca. ¿Qué es ese árbol? Probablemente es la relación de amistad, respeto y obediencia debida a Dios. Todas las demás relaciones tienen a ésta por base.

 

LA CREACIÓN DE LA MUJER

 

Creación de los animales (18-20)

La creación de los animales se introduce como realización de un plan divino que en realidad se refiere a la creación de la mujer: No es bueno que el hombre esté sólo, voy a hacerle una ayuda semejante (ezer kenegdô = conforme a su enfrente) se indica así la igualdad de naturaleza y la complementariedad entre ambos... Pero antes de llevar a cabo su propósito parece como si Dios quisiera que el hombre se convenciera de lo que debe ser para él la mujer; la desilusión tras el examen y nombramiento de cada animal agudiza en el hombre el deseo de la criatura que Dios va a darle.

De nuevo se manifiesta la superioridad del hombre sobre todo lo creado con el hecho de poner nombre a los animales. Poner nombre a alguna cosa significa otorgarle identidad. Al poner nombre a los animales les da una identidad y de ese modo ordena (clasifica) la realidad existente. En este sentido también participa de algún modo en una misión propia de Dios.

Creación de la mujer (21-24)

El profundo sueño durante el que tiene lugar la formación de la mujer no es para evitarle el dolor de la intervención del costado, sino para impedirle ser testigo de la misteriosa acción de Dios. Este sueño peculiar tardemâ (cómo en Gen 15,12) fue traducido por los LXX como ekstasiV con lo que parece querer dar a ese sueño un carácter profético dado el comentario iluminado que hace en el v. 23 para comprender la relación entre el hombre y la mujer. La costilla o selá es el material del que parte Dios para hacer el cuerpo de la mujer.

Los guerreros consideraban el abdomen como uno de los puntos más débiles. Para proteger el abdomen, los soldados se colocaban una coraza. Pero entre ellos surgía esta pregunta: si el hombre está hecho para lucha ¿por qué el abdomen no ha sido protegido por ningún hueso? La mitología babilónica daba una curiosa respuesta: los primeros hombres tenían el abdomen protegido por una gran costilla. Cuando la espada enemiga les hería, la costilla evitaba que los intestinos saliesen del cuerpo; pero cuando se creo la la mujer se quitó al hombre la costilla que le protegía el abdomen y por eso es la mujer la causa de que el hombre se haya vuelto vulnerable (lo cual creaba un sentimiento de menosprecio hacia la mujer en los soldados).

Luego es Dios mismo una vez más el que la llevó ante el hombre, como un padre que lleva la esposa al esposo y sanciona su unión. Hueso de mis huesos y carne de mi carne, aquí se refiere a que la mujer ha sido formada con una parte de huesos y de carne tomada del hombre. Será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada: la palabra issâ, mujer, señora, es semejante al sonido îs, hombre, marido, con la relación de estas dos palabras se quiere expresar la relación de origen del hombre y la mujer. El v. 24 proclama solemnemente la ley del matrimonio: por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne. Esta reflexión no es de Adán sino del autor sagrado; Jesús la cita atribuyéndola Dios mismo (Mt 19,5) en cuanto que está inspirada por Dios y formula una doctrina revelada.

La expresión: por eso parece poner en conexión el modo de formación del cuerpo de la mujer: dado que ha sido sacado del cuerpo del hombre, hay en el hombre como una íntima exigencia a reunirse con ella; la reunión tiene lugar en el matrimonio (y en la fecundidad del hijo), por el cual el hombre y la mujer vuelven a ser una sola carne (al igual que el hijo es una sola carne de los dos). Es tan fuerte este vínculo que hace que pasen a segundo plano los vínculos indestructibles que unen al hombre con sus padres (causa: relación esponsal; y efecto: relación paterno-filial). De esta manera se enseña la indisolubilidad del matrimonio, que Jesús pondrá en claro añadiendo a las palabras del Génesis este comentario: De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

También la monogamia está incluida en este pasaje, en cuanto que se presentan un solo hombre y una sola mujer como resultado de la primera creación, y como contrayentes del primer matrimonio, mientras que a propósito de todo matrimonio futuro se dice: los dos vienen a ser o se hacen una sola carne.

 

 

La carencia de vergüenza (25)

El autor sagrado da muestras de una gran penetración psicológica también en la última frase de esta maravillosa historia: estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban  uno del otro. Esta observación aporta un dato valioso sobre la condición de los primeros padres antes del pecado. Quizá proyectando la experiencia de la infancia subraya en ellos la carencia de vergüenza, no como un defecto, sino como una virtud; en efecto, señalará (3,7) la aparición del pudor instintivo como consecuencia del pecado, en un contexto de desilusión y miedo. Generalmente se confunde el pudor con el peligro de excitación sexual y se concluye que los primeros padres al no advertir tal peligro, manifestaban tener perfectamente equilibrado y sometido a la razón los movimientos instintivos sexuales. Aunque la conclusión es buena el punto de partida no es exacto con el del autor sagrado. En efecto, el pudor es un instinto vital parecido al miedo pero no es propiamente la percepción de un peligro de excitación y de pecado, sino más bien se trata de un profundo malestar que proviene del hecho de no poder ocultar la propia intimidad ante alguien que es considerado como profundamente extraño y acaso aún hostil y curioso. No es cosa que se refiera a la situación de los demás sino a la propia. En la Biblia la desnudez es señal de miseria, de luto, de esclavitud y cautividad, de castigo para la adultera o para la nación soberbia; por el contrario como medio de exhibición y seducción se mencionan los vestidos suntuosos y las joyas.

Al no existir esta emoción instintiva del pudor en los primeros padres se supone más bien un estado de completa confianza mutua, a la vez que se expresa como la realidad sexual es una manifestación de dicha íntima comunicación espiritual, en la que no existe ningún peligro de sentirse objeto de concupiscencia o de curiosidad al modo de un extraño. Esto equivale ciertamente a la carencia de concupiscencia, pero añade algo muy positivo, relativo a la íntima comunión espiritual con el prójimo y con Dios.

 

Interpretación:

Interpretación histórico- realista:

Esta interpretación parte del presupuesto de que las frases bíblicas se han de interpretar del modo más obvio posible. Pero aquí resulta difícil ya que se ha de descartar todo aquello que resulte indigno de Dios. Así por ejemplo, hay que descartar:

  1. que Dios amasara y modelara la arcilla a la manera de un alfarero
  2. que se formara el cuerpo humano en dos tiempos (primero como estatua de arcilla y luego como cuerpo humano). No se entiende por qué Dios iba a hacer un cadáver;
  3. la sucesión en dos fases de la formación del hombre
  4. que Dios soplara (pues Dios no sopla, ni el alma es un soplo).

De toda esta escena plástica solo quedaría: Dios en un determinado momento quiso que de la materia preexistente se formara un cuerpo humano al que al mismo tiempo vivificó mediante la infusión del alma racional. Según esta interpretación se pasaría directamente de la materia inorgánica al cuerpo del primer hombre, esto hace que sea incompatible con el evolucionismo.

En cuanto a la formación de la mujer la interpretación es análoga. Se eliminan todos los antropomorfismos y queda el hecho de que Dios se sirvió de una costilla.

Interpretación histórico- idealista:

Esta interpretación se basa en el presupuesto de que el autor sagrado se sirve no sólo de antropomorfismos sino también de toda una escenografía familiar a su ambiente o imaginada por él, adaptada a la finalidad de enseñar las verdades fundamentales sobre la naturaleza del hombre. Esta presentación concreta no es el objeto sino el medio de la enseñanza.

En cuanto al primer hombre lo que enseña es:

  1. su dependencia con respecto a Dios como criatura con su creador

  2. que su ser está compuesto no solo de un elemento material como el cuerpo de los animales sino además de un elemento que proviene directamente de Dios y que lo hace superior a los animales

Según estos la acción de Dios como alfarero es toda ella una imagen y no habría que considerar como revelado el hecho de usar directamente la materia inorgánica, como si se tratara de un elemento objetivo. Según esto sería compatible la interpretación de una evolución moderada con lo que dice la Biblia.

En cuanto a la formación de la mujer da una enseñanza bastante rica:

  1. la mujer es de la misma naturaleza del hombre

  2. pero el hombre es el primero y por tanto a él le toca mandar

  3. la mujer es el complemento del hombre

  4. la unión conyugal pertenece al plan divino, y es monógama e indisoluble

  5. la procedencia del cuerpo de la mujer del cuerpo del hombre podría expresar una realidad que hoy por hoy no se sabe cual es; parece como si el cuerpo de la mujer fuese hecho a partir de materia orgánica preexistente o algo así. Quizá solo quiera manifestarse la atracción de los sexos

Algunos mantienen que toda la representación plástica de esta doctrina es meramente ideal y que también el origen de la mujer a partir del hombre es un medio para expresar la doctrina. Esto es incompatible con el Decreto de la Comisión Bíblica de 1909, el cual enumera entre los hechos que han de entenderse en sentido literal histórico la formación de la mujer a partir del hombre, pero este aspecto ha sido superado por la enc. Humani generis, la cual aunque no menciona la cuestión expresamente y dice que no está solucionada, viene a decir implícitamente que no es seguro el origen del cuerpo de la primera mujer.

Esta segunda línea exegética parece, en su conjunto, más probable que la primera. Podríamos añadir que si según el Exámeron hombre y mujer son creados simultáneamente y según lo que acabamos decir son en dos etapas, se entraría en contradicción a no ser que se trate más bien de dos formas distintas de decir la misma realidad o enseñanza

Evolución y actitud de la Biblia:

Según esta teoría todas las especies derivan de una o de varias especies iniciales. También el hombre sería el resultado de una de estas líneas ascendentes evolutivas. Según los principios filosóficos que la sustenten nos encontramos con dos formas de evolucionismo: el materialista y el espiritualista o teista.

  • Evolucionismo materialista:

    • la materia es eterna y los seres vivos provienen de la materia inorgánica por generación espontánea;

    • los seres más complejos se han formado por una serie de casualidades físico químicas hasta el resultado actual;

    • el cuerpo humano es animal y su alma también material es resultado de un perfeccionamiento material del alma de los animales.

  • Evolucionismo espiritualista o moderado:

    • la materia fue creada por Dios y los primeros seres vivos derivan de la materia, pero en virtud de un acto creador de Dios que introdujo la vida en el mundo como algo nuevo o en virtud de una fuerza que recibió de Dios la materia desde el principio de crear seres vivos;

    • los seres superiores derivan de los inferiores en base a una tendencia finalista, que revela la orientación de una Inteligencia superior;

    • el cuerpo humano deriva de los animales como culmen supremo de este finalismo (principio antrópico)

    • el alma humana es creada directamente por Dios

Recientemente ha sido admitida como una interpretación correcta por la Santa Sede el evolucionismo moderado.

 

 

Concepciones babilónicas

  1. Desde el punto de vista literario, el prólogo de la creación del hombre (2,4b-6) ofrece notable coincidencia con el comienzo de las cosmogonías babilónicas y de ciertas composiciones sumerias. Cfr. el comienzo del poema Enûma Elis.

  2. Además, en el cap. 2 encontramos nombres sumerios, rarísimos en otros lugares de la Biblia: gan (jardín); eden (llanura fértil); ed (canal), así como la mención del Tigris y del Eufrates, que también aparecen en algunos textos cosmogónicos de babilonia.
  3. Todo esto hace pensar en cierta dependencia aunque sea indirecta, de las composiciones babilónicas, calcadas sobre prototipos sumerios. El autor sagrado quiere dar a Israel una cosmogonía revelada y verdadera pero se atiene a ciertos lugares comunes literarios y estilísticos ya consagrados por el uso de la época. estos elementos comunes podemos resumirlos así:

    1. la idea del hombre formado de la tierra está difundida entre los primitivos de regiones alejadísimas entre sí;

    2. entre los babilonios encontramos tres concepciones con respecto a la materia de la que fue formado el cuerpo humano:

      1. la sangre de un dios asesinado;

      2. esa sangre mezclada con arcilla (tal vez se diga así que en el hombre hay un elemento divino)

      3. la arcilla sola. Hay un texto interesante en Gilgames sobre la creación de Enkidu que no es el primer hombre:"La diosa Aruru cuando hubo entendido esto // formó en su corazón una imagen del dios Anu; // Aruru lavó sus manos, // lo sacó del fango, lo puso sobre la llanura; // sobre la llanura creó a Enkidu, el héroe, el retoño... // vasallo del dios Ninurta". Se ve en este texto que ya entre los babilonios había la idea de que el hombre corresponde a la imagen de la divinidad, como en Gen 1,26s.

    3. Ya vimos que se da una consulta previa en el acto de la creación del género humano en Gen 1,26 y por lo que respecta a la mujer en Gen 2,18. Pues bien, esta consulta es un lugar común en las cosmogonías babilónicas. Esto nos puede poner en la pista de que el autor sagrado se inspiró en una concepción preexistente, de modo que por ser familiar a sus oyentes, cuando presentó el dato revelado de la creación del hombre fuera mejor entendido.

    4. Por el contrario en lo que se refiere al origen de la mujer como proveniente del hombre no se ha encontrado ningún paralelo por ahora en los textos babilónicos, ni en los egipcios y ugaríticos.

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EL PECADO ORIGINAL ( Gen 3,1-24)

Este párrafo es continuación del precedente, que encierra las premisas indispensables para comprender la nueva narración, en particular la mención de los dos árboles del jardín (2,9) y la prohibición de comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal (2,17). El relato sigue una peculiaridad literaria: el orden de la presentación de los personajes (3,1-7: serpiente, mujer y hombre) se invierte en el interrogatorio que Dios les hace (3,8-13: hombre, mujer y serpiente); viene seguidamente otra terna: la sentencia del castigo en la que se vuelve a invertir el orden (3,14-19: serpiente, mujer y hombre). Todo lo que sigue (3,20-24) es una sucesión de actos de ejecución de la sentencia: expulsión del paraíso. Sin embargo en 3,21 se destaca algo muy importante: a pesar del pecado Dios sigue interesándose por el ser humano: Dios sigue creyendo posible su proyecto sobre el hombre; el Señor no los abandona sino que sigue cuidándolos, como simbólicamente revela el gesto de las túnicas con les viste.

 

 

La caída.

3,1 La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahvé Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?» 2 Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. 3 Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.» 4 Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis.5 Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» 6 Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió. 7 Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y, cosiendo hojas de higuera, se hicieron unos ceñidores.

8 Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahvé Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahvé Dios por entre los árboles del jardín.9 Yahvé Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» 10 Éste contestó: «Te he oído andar por el jardín y he tenido miedo, porque estoy desnudo; por eso me he escondido.» 11 Él replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?» 12 Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.» 13 Dijo, pues, Yahvé Dios a la mujer: «¿Por qué lo has hecho?» Contestó la mujer: «La serpiente me sedujo, y comí.»

14 Entonces Yahvé Dios dijo a la serpiente:

«Por haber hecho esto,

maldita seas entre todas las bestias

y entre todos los animales del campo.

Sobre tu vientre caminarás,

y polvo comerás

todos los días de tu vida.

15 Enemistad pondré entre ti y la mujer,

entre tu linaje y su linaje:

él te pisará la cabeza

mientras acechas tú su calcañar.»

16 A la mujer le dijo:

«Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos:

con dolor parirás los hijos.

Hacia tu marido irá tu apetencia,

y él te dominará.»