|
|
GÉNEROS LITERARIOS DE LA BIBLIA.
1. El tema de los géneros literarios en la historia de la
exégesis bíblica.
-
La
existencia de diversos géneros en los libros que componen la B. es un dato
obvio, siempre advertido:
-
la misma distinción de los libros del A. T.
en históricos, proféticos y sapienciales habla ya de ello; y, en el N. T.,
es claro que los Evangelios y las Epístolas representan géneros
diferentes. La exégesis rabínica primero y después los SS. Padres y los
escolásticos señalaron además diversos tipos de expresión en los libros
bíblicos (narraciones históricas, metáforas, parábolas, alegorías, etc.);
y todos ellos señalaron la utilidad de conocer el hebreo y el griego y sus
peculiaridades lingüísticas, como auxiliar para el trabajo hermenéutico.
Con el Renacimiento y el Humanismo los estudios lingüísticos sufren un
incremento.
-
Sin
embargo, en ninguno de esos momentos, aunque se hable de g. literarios y
se tenga presente la existencia de una diversidad de los mismos en la B.,
se intenta hacer una catalogación y clasificación de los mismos. En el s. XIX y XX, con el desarrollo de los estudios sobre los pueblos del antiguo
oriente, que lleva a un mejor conocimiento de sus peculiaridades
literarias, es cuando ese objetivo se intenta por primera vez.
-
Fue H. Gunkel el primero en querer aprovechar los estudios sobre las
literaturas limítrofes a Israel para sus comentarios al Génesis y a los
Salmos. En esa línea se realizan diversas aportaciones de interés,
pero,
por desgracia, gran parte de las investigaciones están teñidas de
racionalismo, por lo que la afirmación de la peculiaridad de los
modos de narrar propios de la literatura oriental desemboca en ellos en la
pretensión de negar valor histórico a las narraciones de la S. E.,
sosteniendo que los llamados libros históricos eran en realidad
narraciones sólo en apariencia históricas o géneros infrahistóricos o
medios históricos con un valor histórico pequeño o incluso nulo. Ello hizo
que el tema de los g. literarios bíblicos se centrara durante bastantes
años en el estudio de los g. propios de los libros históricos, y que las
investigaciones tuvieran un tono polémico o apologético según los casos.
-
En el
campo de la exégesis católica merece especial mención
M. J. Lagrange,
que esbozó una teoría de los g. literarios en «Revue Biblique» 5 (1896)
505-518; teoría que desarrolló, aplicándola a la historia bíblica, en sus
conferencias de noviembre de 1902 en el Instituto Católico de Toulouse
sobre La méthode historique, surtout dans l'exégése de l' A. T.
-
Surgió una
aguda discusión entre los exegetas católicos del mundo entero. Se
mostraron favorables K. Holzhey y N. Peters en Alemania, Hackspill y F.
Prat en Francia, H. A. Poels en Holanda; y en contra, L. Fonek en Austria,
J. Brucker en Francia y P. Murillo en España. F. von Hummelauer, S. I., en
su obra Exegetisches zur Inspirationsfrage (Friburgo 1904), hizo una
exposición sistemática de los g. literarios aplicados a la historia
bíblica, enumerando y estudiando nueve principales (alegoría, parábola,
historia épica, historia religiosa, historia antigua, tradiciones
populares, narraciones libres, midrás haggádico y género
profético-apocalíptico); fuera de los dos primeros, cuyo valor histórico
suele ser nulo, y dejando aparte el último, que afecta principalmente a la
literatura profética, los otros son claramente históricos, aunque
presentan diferencias entre sí y con otros géneros históricos propios de
la historiografía moderna (p. ej., la biografía, las memorias
autobiográficas, las monografías o trabajos de investigación, etc.).
Algunos sostienen que el género histórico hebreo es menos crítico y
exigente que el moderno, e intentan de esa forma resolver el problema que
plantea la concordancia entre los relatos bíblicos y otras fuentes
antiguas, tarea no siempre fácil.
-
El
Magisterio de la Iglesia haciéndose eco de toda la tradición anterior
reconoció desde el principio la legitimidad de una investigación
encaminada a determinar los g. literarios presentes en la B., a la vez que
exigía que se procediera con seriedad científica y se evitara toda
actuación ligera y superficial de la que derivara la negación de la
historicidad bíblica.
-
(1905) Así una respuesta de la
Pontificia Comisión Bíblica
de 23 jun. 1905 exigía «sólidos argumentos» para sostener que en algún
caso «el hagiógrafo no intentó referir una historia verdadera y
propiamente dicha, sino, bajo la apariencia de historia, proponer alguna
parábola o alegoría o algún sentido ajeno a la significación propiamente
literal o histórica de las palabras» (S. Muñoz Iglesias, Documentos
Bíblicos, Madrid 1955, n° 168).
-
(1920) Benedicto XV en su
enc. Spiritus
Paraclitus (1920), lamenta que algunos «con demasiada facilidad...
pretendan que en
las Sagradas Letras se encuentren determinados géneros literarios con los
cuales no puede compaginarse la íntegra y perfecta verdad de la Palabra
Divina» (Doc. Bib., n° 510).
-
(1943) Pío XII, en su
enc. Divino Afflante Spiritu,
de 1943, dedica un amplio párrafo a la cuestión; después de haber
recordado que la exégesis bíblica presupone el reconocimiento de la
naturaleza religiosa de los libros sagrados, así como el sentido de la
analogía de la fe y el conocimiento de la tradición, junto al conocimiento
de las particularidades lingüísticas de las lenguas bíblicas, afirma que
es necesario que «el intérprete se traslade mentalmente a aquellos remotos
siglos del Oriente, para que, ayudado convenientemente con los recursos de
la historia, arqueología, etnología y de otras disciplinas, discierna y
vea con distinción qué géneros literarios, como dicen, quisieron emplear y
de hecho emplearon los escritores de aquella edad vetusta... Cuáles fueron
éstos, no lo puede el exegeta como establecer de antemano, sino con la
escrupulosa indagación de la antigua literatura del Oriente. Ahora bien,
esta investigación, llevada a cabo en estos últimos decenios con mayor, cuidado y diligencia que antes, ha manifestado con
más claridad qué
formas de decir se usaron en aquellos antiguos tiempos, ora en la
descripción poética de las cosas, ora en el establecimiento de las normas
y leyes de vida, ora, por fin, en la narración de los hechos y
acontecimientos... Por esta razón, el exegeta católico, a fin de
satisfacer a las necesidades actuales de la ciencia bíblica, al exponer la
Sagrada Escritura y mostrarla y probarla inmune de todo error, válgase
también prudentemente de este medio, indagando qué es lo que la forma de
decir o el género literario empleado por el hagiógrafo contribuye para la
verdadera y genuina interpretación, y se persuada que esta parte de su
oficio no puede descuidarse sin gran detrimento de la exégesis católica» (Doc.
Bib., n° 643645).
-
En la enseñanza de Pío XII sobre los g. literarios en la
B. el principio exegético aparece purgado de los tres principales defectos
que se habían echado en cara a sus primeros defensores: 1) el atender sólo a
los g. relacionados con la historia para establecer diversos grados de
historicidad; 2) el método puramente interno (intrabíblico) que emplearon
para discernirlos, 3) y cierta ligereza en descubrirlos. En la Divino Afflante Spiritu
1) el principio es más amplio (se extiende a toda la B., (no
sólo a las partes históricas); 2) no procede a priori, ni fundado solamente
en criterios internos, sino en el conocimiento de la antigua literatura
oriental; 3) vale, sí, para defender la historicidad e inerrancia de la B.,
pero además y sobre todo para mejor comprender la mente del autor sagrado.
-
(1964) En términos parecidos se expresa la Const. Dei Verbum, del Conc. Vaticano
II (n° 12).
2.
Resultados de la investigación.
-
Los exegetas e historiadores han estudiado
las literaturas antiguas orientales extrabíblicas y parabíblicas, y se han
descubierto o pretendido descubrir numerosos g. cuya aplicación a la B.
está ofreciendo perspectivas nuevas a la exégesis.
-
Lo
primero que se observa es cierta imprecisión en la terminología.
-
Se da el
nombre de g. a formas muy concretas y hasta nimias que muchas veces no
sobrepasan la categoría de lo que las preceptivas clásicas llaman
figuras. Y conviene precisar. Podemos dejar al margen la clásica
distinción tripartita en g. didáctico, parenético y poético, que,
por corresponder a las tres categorías trascendentales del ser, puede
considerarse exhaustiva, pero es demasiado general. En efecto, todo el
que habla o escribe intenta una de estas tres cosas, o dos de ellas o las
tres: enseñar una verdad, inculcar un bien
o presentar algo bello. Por lo demás, de ordinario, esos g.
no se dan puros sino entremezclados. Así
ocurre en la B., en la que la finalidad eminentemente religiosa de los
autores bíblicos hace que prime con frecuencia la intención parenética.
-
Descendiendo un poco más, cabría distinguir entre géneros y
procedimientos.
-
Por
último, hay procedimientos literarios que, como la
pseudo-epigrafía o las
agrupaciones numéricas son comunes por razones y con
características propias a varios géneros.
Textos originales, comentarios y concordancias son imprescindibles para la
investigación, siendo a su vez resultado de la misma. Útiles en extremo
son también las versiones de la Biblia, sobre todo las más
antiguas.
VERSIONES
DE LA BIBLIA.
1. INTRODUCCIÓN.
-
La B. es, sin comparación con ningún otro, el libro que ha sido traducido
más veces y a más lenguas. Por los datos conocidos, la B. ha Sido
traducida, total o parcialmente, a cerca de dos mil lenguas, a lo largo de
veintitrés siglos. La primera versión existente fue hecha del texto hebreo
original del A. T. a la lengua griega, en Alejandría de Egipto, en los
siglos III y II a. C., por rabinos judíos expertos en ambos idiomas. Las
versiones de la Biblia han proporcionado a la Humanidad varios relevantes
servicios, de incalculable valor religioso y cultural.
-
De un
lado, las versiones antiguas (así podemos llamar convenientemente a las
realizadas desde el s. III a. C. hasta la caída del Imperio Romano) nos
ofrecen datos muy importantes para la reconstrucción crítica del texto
primitivo de los libros de la S. E., ya que algunos manuscritos, todavía
existentes, de algunas de estas versiones son más antiguos, o mejor
conservados, que otros que nos han transmitido el texto en lengua
original. De otra parte, como valor religioso, esas versiones
contribuyeron en gran medida a la vida de buena parte de las comunidades
judías y cristianas primitivas, bien en sus manifestaciones religiosas
colectivas (liturgia, etc.) bien en la piedad personal.
-
En
cuanto a las versiones de la B. a lenguas más modernas, aunque ciertamente
ayudan poco o casi nada a la historia del texto original de la B., fueron
uno de los vehículos principales de la difusión del cristianismo en la
mayor parte de los pueblos de la humanidad. Es más, desde el aspecto
cultural, buen número de estas versiones, a partir de la Edad Media hasta
nuestros días, constituyen el primer monumento literario de muchos de esos
idiomas, que en mayor o menor medida han sido configuradas literariamente
por la traducción bíblica. Ha sido, precisamente, a partir de una
traducción total o parcial de la B., como muchas de las lenguas, vivas aún
la mayoría, o muertas ya en algunos casos, nacieron a la vida literaria
escrita: esto pasó en Europa en la Edad Media, y está pasando todavía, en
nuestros días, con multitud de lenguas aborígenes americanas, asiáticas y
africanas. Estos hechos implican que muchos pueblos de la humanidad, se
han abierto a la cultura universal mediante las versiones de la B.: de un
lado, los conceptos religiosos y culturales les han penetrado a través de
esas versiones; de otro, las propias lenguas han sido noblemente
capacitadas para expresar, con su propio lenguaje y vocabulario, otros
conceptos, anteriormente inexistentes en esas culturas.
VERSIONES MÁS IMPORTANTES
-
Estamos, pues, ante uno de los fenómenos de comunicación cultural y
religiosa más importantes en la Historia de la humanidad. Debido a su
especial importancia, se estudiarán por separado las principales versiones
de la B. a lenguas antiguas:
EDICIONES
DEL TEXTO ORIGINAL, COMENTARIOS Y CONCORDANCIAS.
-
Los estudios sobre la
Biblia responden a tres intereses: científico, cultural y religioso.
Así se comprenden los esfuerzos seculares por reconstruir el texto
original, afectado por su
transmisión manuscrita a través de muchos siglos hasta la invención
de la imprenta (a. 1445). Con ésta ven la luz las
ediciones impresas de textos originales del
A. T. y N. T. en una verdadera floración. Su bondad interna varía conforme
al tino con que se ha sabido incorporar a cada una los resultados de la
crítica del momento en orden a ofrecer el texto más fiel. Asimismo se
comprende la labor ininterrumpida de inteligencia del contenido del texto
sagrado que se refleja en un sinnúmero de Comentarios al mismo. Y también
el trabajo como de disección del texto mismo, con el fin de poder explotar
mejor sus posibilidades en la investigación, que representan las
Concordancias.
Ediciones del texto original.
-
Se entiende
ediciones impresas de los textos
originales, del hebreo del A. T. y del griego del N. T.
Texto "original"
equivale a la reconstrucción del mismo hecha con ayuda de los
manuscritos
anteriores a la imprenta, copias del texto o de versiones. Para una
consideración general de las características de este trabajo de
reconstrucción textual ver también:
crítica textual.
-
Ediciones del texto original Del
Antiguo Testamento.
-
En el s. XV la actividad tipográfica del A. T.
pertenece casi exclusivamente a los judíos. Existe un número de incunables
(0,5%) impresos en Italia, España y Portugal. Las primeras ediciones del
A. T., parciales, eran más bien comentarios con el texto original inserto.
El primer libro impreso fue el Salterio (Bolonia 1477) con el comentario
de David Kimhi (m. 1235). Luego la Tórah (v. PENTATEUCO) (BOlonla 1482)
con el Targum de Onqelos (v. vi, 4) y comentarios de Rási y Esra.
Siguieron los Profetas (2 vol., Soncino, Milán, 148586) y Hagiógrafos (ib.
1490). Entre las hispanoportuguesas destacó la Tórah de Eliezer Toledano
(Lisboa 1491). La primera edición completa del A. T. vio la luz en Soncino
el 23 feb. 1488; se la llamó Biblia Soncinense. Antes de terminar el siglo
salieron dos más (Nápoles 149192 y Brescia 1494).
-
Siglos XVI-XVII: Desde principios del s. XVI se inicia una importante
actividad tipográfica del A. T. por parte de los cristianos, en especial
con una serie de Salterios en distintas lenguas. Durante estos dos siglos
se imprimen las monumentales Biblias Políglotas (v. VI, 8) con los textos
originales tanto del A. T. como del N. T. Características de esa época son
las llamadas Biblias rabínicas. La primera apareció en Venecia (1516-17),
dirigida por Félix Pratense, doctor rabino judío convertido al
cristianismo. Segunda fue la de Jacob ben Hayyim (Venecia 15252-6), la
cual por su aparato crítico y seriedad científica se convirtió en textus
receptus; se la llamó bombergiana de su editor Daniel Bomberg; su texto
hebreo masorético, unas veces el de ben Al"er y otras el de ben Neftalí
(v. ANTIGUO TESTAMENTO II, 3A), sigue siendo prácticamente el de las
actuales Biblias hebreas para uso escolar. Entre las reediciones
posteriores destacan las de J. Athias y J. Leusden (Amsterdam 1661 y 1667)
y la de E. van der Hooght (ib. 1705).
-
Siglos
XVIII-XX: Prosigue con mayor ahínco la labor crítica para la
reconstrucción del texto. Contribuyen con material crítico nuevo las
ediciones de B. Kennicott (Oxford 1776-80) y de J. B. de Rossi (Parma
178488). A través de los editores, en especial de Hooght, el texto de ben
Hayyim es aceptado por la generalidad. A su vez se multiplican las
ediciones. Entre ellas cabe notar como de mayor interés crítico la de S.
Baer y F. Delitzsch (Londres 186992), la de Ch. D. Ginsburg (ib. 1894), la
de P. Haupt (ib. 18961904) y, por último, la de R. Kittel. Las dos
primeras ediciones de Kittel (1905 y 1912) reproducen sustancialmente el
texto de ben Hayyim; a partir de la 3a edición, preparada por P. Khale,
reproduce fielmente el de ben Ag'er, más antiguo, mientras un equipo de
estudiosos contribuye a la elaboración del aparato crítico (Biblia
Haebraica, Stuttgart 192937).
-
Ediciones del texto original Del Nuevo Testamento.
-
A partir de
la imprenta se multiplican rápidamente las ediciones del texto griego del
N. T., con un valor crítico desigual y con diferencias debidas a la
elaboración y acceso a distintos códices.
-
Siglos XVI-XVII: La primera edición impresa del N. T. griego corresponde
al vol. 5° de la B. Políglota Complutense (1514) (v. vi, 8A); pero la
aprobación pontificia retrasó su aparición hasta 1522. Aprovechó la
dilación el editor J. Froben para publicar la preparada por Erasmo de Rotterdam (Basilea 1516), con cuatro reediciones hasta 1535; su texto fue
base de todas las siguientes ediciones hasta el s. xix, a pesar de su
escaso valor crítico. Otro editor famoso fue Roberto Estienne (m. 1559),
más conocido como Stephanus, de París; sobre la 5a ed. de Erasmo imprimió
cuatro más entre 1546 y 1551; célebre fue la 3a llamada regia, que pasó a
textus receptus; en la última edición introdujo como obra suya la división
en versículos. Sobre la regia publicó T. Beza en 1565 su primera, a
la que seguirían cinco más sobre el texto de la 2a revisado. Ya en el s. XVII los hermanos Elzevier, de Leyden, sacaron varias ediciones sobre el
texto de Beza y de Stephanus.
-
Siglos
XVIII-XX: A partir del primer cuarto del s. XVIII se siente la
necesidad de liberarse del textus receptus y de establecer un texto
crítico a través de la valoración y estudio comparativo de los distintos
manuscritos, versiones y citas de autores antiguos. La gran cantidad de
manuscritos descubiertos exige un trabajo de examen y clasificación: se
agrupan por familias, se distinguen recensiones y se elaboran principios
de interpretación (v. NUEVO TESTAMENTO). Así se acompaña el texto con un
amplio aparato crítico. Se cuentan como importantes las ediciones de J. J.
Wettstein (Amsterdam 175152), J. A. Bengel (Tubinga 1734), y J. J.
Griesbach (Halle 1774, con material crítico nuevo y propio). K. Lachmann
deja el textus receptus e intenta restituir el del tiempo de S. jerónimo
(Berlín 1831); C. Tischendorf (nueve ediciones de 1841 a 1872) descubre y
publica nuevos e importantes manuscritos. Siguen B. F. Westcott y F. J. A.
Hort (Londres 1881: 30 años de preparación), y, finalmente, H. von Soden
que supera a sus predecesores (Die Schriften des N. T. in ihrer ültesten
erreichbaren Textgestalt, 4 vol., BerlínGotinga 1902-13). El material
disponible es ya enorme y se siente que su estudio supera las fuerzas de
un hombre solo.
-
Junto
a las grandes ediciones han ido apareciendo otras «manuales», todas con
varias reediciones. Entre las más recientes destacan,
-
de autores
católicos: H. J. Vogels (Düsseldorf 1920), A. Merck (Roma 1933) y J. M.
Bover (Novi Testamenti Biblia graeca et latina, Madrid 1943, 5a ed. 1968);
-
y de autores protestantes: A. Souter (Oxford 1910), y en particular E.
Nestle (Stuttgart 1898, 23 ed. 1957).
Comentarios.
-
A partir del s. III d. C. los comentarios o explicaciones del
texto de la S. E. han proliferado por todo el mundo cristiano. Valgan como
ejemplo los nombres de Hipólito, Orígenes, Eusebio de Cesarea, S. jerónimo y S. Agustín para la época patrística; en el
Medioevo, S. Alberto Magno y S. Tomás de Aquino y, más tarde,
Juan Maldonado. A fines del pasado siglo se publicó el famoso Cursus
Scripturae Sacrae de R. Cornely, I. Knabenbauer y Fr. von Hummelauer. El
estudio de toda esta producción constituiría el material de una gran
historia de la exégesis.
-
Durante el s. XX, junto a las numerosas ediciones de la Biblia con notas
explicativas en casi todas las lenguas, han ido. apareciendo comentarios,
algunos todavía incompletos, sobre todo en las principales lenguas
europeas. Nos limitamos aquí a indicar los más importantes en lenguas
románicas:
-
En
francés: A partir de 1903 aparece la colección «Études Bibliques»
(incompleta) iniciada por M. J. Lagrange. Desde 1924 los PP. Jesuitas
publican la col. «Verbum Salutis» (N. T.). En París, entre 1935 y 1957, L.
Pirot y A. Clamer editan La Sainte Bible (A. T. y N. T. comentados). En
1946 se inicia la col. «Lectio Divina» de los PP. Dominicos (Éd. du Cerf).
La Escuela Bíblica de Jerusalén a partir de 1948, dirige la edición
de la llamada Bible de Jérusalem. En italiano, bajo la dirección de S.
Garofalo empieza en 1947 la publicación de La Sacra Biblaia (incompleta).
En catalán, los benedictinos de Montserrat publican desde 1928 bajo la
dirección del P. B. Ubach la llamada Biblia de Montserrat
(incompleta).
-
En
castellano: En 1936 empieza la col. «Colectánea Bíblica», y en 1956 la
col. «Christus Hodie». De 1960 a 1965 aparecen los siete volúmenes de la
Biblia Comentada por Profesores de Salamanca, dominicos. Los jesuitas
publican de 1961 a 1970 los nueve volúmenes de La Sagrada Escritura (texto
y comentario).
Concordancias.
-
Han nacido de la necesidad de un máximo aprovechamiento del
texto sagrado para la investigación. En ellas las referencias bíblicas se
distribuyen en base bien a la ocurrencia de un mismo tema (Concordancias
reales) o de una misma palabra (Concordancias verbales). Éstas son las
conocidas habitualmente bajo el nombre de Concordancias. Las reales se
llaman también léxicos, vocabularios o diccionarios, a los que hemos hecho
referencia antes (v. bibl. del art. I). El orden en ambas es alfabético.
-
Como
texto base de las Concordancias verbales se ha utilizado el latino de la
Vulgata (A. T. y N. T.) (v. vi, 3), la versión griega de los Setenta (A.
T.) (v. VI, 2), o los' correspondientes originales hebreo (A. T.) y griego
(N. T.).
-
Concordancias de la Vulgata: Las primeras datan del 1250 en París; son
numerosas hasta fines del s. xlx; muy difundido ha sido el Concordantiarum
SS. Scripturae Manuale, de los jesuitas E. de Raze, E. de Lachaud, J. B.
Flandrin, Lyon 1851, con. ediciones y reimpresiones hasta nuestros días
(última, Barcelona 1964). Concordancias hebreas (A.T.): Las primeras
aparecieron entre 1437 y 1445 (Isaak Nathan). Las de Salomón Mandelkern de
1896 superaron todas las anteriores; han sido reeditadas varias veces, la
última en JerusalénTel Aviv (1956). Junto con las de G. Lisowsky
(19561957) son las de uso más general en la actualidad. Concordancias de
los LXX: Las más elaboradas son las de E. Hatch y H. Redpath (18921906,
reed. 1955). Concordancias griegas (N. T.): las primeras en 1546 (Sixto
Bertuleyo). Las dos más importantes han sido las de C. H. Bruder (1842 y
1913) y las de F. W. Moulton y A. S. Gelen (1897, última ed. 1950). Las
concordancias manuales de A. Schmoller representan un compendio de Bruder.
Hay que hacer una referencia también a las concordancias en lenguas
modernas aparecidas sobre todo en el s. XX. V. t.: ANTIGUO TESTAMENTO;
NUEVO TESTAMENTO.
|